martes 3 de abril de 2007
IBEROAMÉRICA
Tropezar mil veces con la misma piedra
Por Carlos Alberto Montaner
América Latina retorna al pasado. Vuelve al Estado-empresario, que tanta felicidad causa a los políticos demagogos y tanto despilfarro y atraso trae a los pueblos. Quien inauguró esta tendencia retro fue el argentino Néstor Kirchner, pero luego lo siguieron con entusiasmo el boliviano Evo Morales y el venezolano Hugo Chávez. No sé qué hará Daniel Ortega: ha asumido el poder en Nicaragua con un grado tal de debilidad, que tal vez tenga las manos atadas, al menos durante cierto tiempo.
La idea central que subyace al Estado-empresario es muy simple y está al alcance de cualquier formación política, sea o no socialista: supuestamente, existen algunas actividades "estratégicas" de primer orden que son demasiado importantes para dejarlas en las manos de empresarios codiciosos, incapaces de velar por el bien común. Es el caso de la electricidad, las comunicaciones, el suministro de agua, la extracción y comercialización de combustibles como el petróleo y el gas, el transporte (terrestre, aéreo y marítimo) de personas y mercancías... En algunos países, como la muy democrática Costa Rica, se pensó durante mucho tiempo que la banca y los seguros también debían quedar en el ámbito del sector público. Posteriormente se corrigió ese innecesario disparate.
La primera alarma racional que despierta esta nueva ola estatizadora tiene que ver con el concepto de "actividad estratégica". Si por ello se entiende todo lo que es vital para la supervivencia de las personas, ¿por qué no estatizar cuanto tiene que ver con la producción y venta de alimentos, medicinas y ropas, elementos imprescindibles para mantener vivo al ser humano? ¿Qué puede haber más "estratégico" que las viviendas, en las que nos protegemos de las inclemencias del tiempo? En ese caso, ¿por qué no dejar también en manos del Estado la fabricación y el mantenimiento de nuestras casas?
Menudo error. Durante muchas décadas los latinoamericanos comprobaron hasta la desesperación el desastre de los Estados-empresario. En la Argentina estatista de Perón y sus sucesores, hasta finales de los años 80 resultaba más fácil adquirir un gato con dos cabezas que una línea telefónica: a veces tardaban diez años en concederla.
Las empresas estatales, en todas partes, eran sumamente corruptas, operaban con gran torpeza, se atrasaban en el terreno tecnológico, estaban repletas de trabajadores innecesarios empleados por razones políticas, sin atender a méritos personales, y arrojaban pérdidas que debían ser afrontadas mediante asignaciones especiales del presupuesto general de la nación. Eran, simplemente, negocios ruinosos y absurdos que enfurecían a clientes y usuarios mientras empobrecían progresivamente al conjunto de la población.
¿Por qué fracasaban las empresas estatales? Primero, porque se dirigían con criterios políticos clientelistas, no por métodos gerenciales racionales. Segundo, porque los precios se fijaban por razones electorales y no en función de los costos. Tercero, porque el Estado suprimía la competencia, y con ella cualquier estímulo dirigido a mejorar la calidad de los bienes y servicios ofertados. Es verdad que los empresarios defienden sus intereses a capa y espada, pero en un mercado abierto y competitivo eso quiere decir que deben empeñarse incesantemente en producir mejores cosas y proponerlas a precios decrecientes, como se comprueba, por ejemplo, en el mundo de la comunicación: donde la competencia es libre, los costos de los teléfonos y de las tarifas son cada día más baratos.
Europa (donde surgió y se afianzó la tendencia estatista del siglo XX, acaudillada por Inglaterra, y otra más antigua, francesa, del siglo XVII, impuesta por Jean-Baptiste Colbert, el padre del mercantilismo) aprendió su lección hace años, y hoy uno de los requisitos para formar parte de la UE, o para mantenerse en ella, es privatizar las empresas públicas y alentar la competencia y el mercado, porque ya nadie tiene la menor duda de que el Estado-empresario es el camino más directo para empobrecer a los pueblos, retrasar su desarrollo tecnológico, corromper aún más al estamento político y envilecer las relaciones entre los electores y los partidos.
¿Por qué América Latina no es capaz de aprender de sus errores? La respuesta es muy descorazonadora. La vieja definición del idiota nos describe a alguien que repite veinte veces el mismo experimento con la esperanza de que alguna vez los resultados sean diferentes. Dentro de poco, junto a Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa, trataré de explicarlo en un libro titulado El regreso del idiota. ¿Servirá para algo? Ojalá.
lunes, abril 02, 2007
Charles Krauthammer, Los democratas y las guerras buenas y malas
martes 3 de abril de 2007
ESTADOS UNIDOS
Los demócratas y las guerras buenas y malas
Por Charles Krauthammer
La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, declaró el pasado 8 de marzo: "Nuestro proyecto de ley aboga por sacar a las tropas norteamericanas de Irak para que, así, podamos prestar más atención a la verdadera guerra contra el terror, la que se libra en Afganistán". Tanto el Senado como la Cámara han aprobado proyectos legislativos destinados a poner fin a la guerra de Irak, o cuando menos a dar carpetazo a la implicación de EEUU en ella.
Ambas resoluciones, que han salido adelante con mayorías muy reducidas, pivotan sobre la misma cuestión: estamos librando una guerra equivocada en un lugar equivocado, lo cual nos está llevando a descuidar la verdadera guerra, que se está librando en otro sitio. ¿Dónde? En Afganistán.
Los demócratas se han aferrado a Afganistán, que ha pasado a ser un alimento de primera necesidad para los tres favoritos a hacerse con la candidatura del partido para las presidenciales de 2008: Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards. También hablan sin parar de Afganistán el rival de Bush en las elecciones de 2004, John Kerry, y el presidente del Partido Demócrata, Howard Dean. "No tenemos tropas suficientes en Afganistán. Ahí es donde verdaderamente se está librando la guerra contra el terror", ha declarado este último.
De todos los argumentos esgrimidos para salir de Irak, el menos serio es, precisamente, ése que sostiene que Afganistán es más importante. Y no sólo porque asume que la única superpotencia del mundo, cuyo gasto anual en defensa es superior al gasto combinado de los demás países del planeta, es incapaz de combatir a un tiempo en Irak y en Afganistán, sino porque da por sentado que Afganistán es más relevante, estratégicamente hablando, que Irak.
Bien, hagamos un pequeño experimento. Trate de dar con un observador completamente neutral –un marciano, pongamos por caso– y cuéntele que EEUU está combatiendo contra el radicalismo islámico en un par de guerras. Una de ellas se libra en Afganistán, un lugar dejado de la mano de Dios, sin recursos naturales ni infraestructura industrial o tecnológica; la otra tiene lugar en Irak, uno de los tres grandes Estados árabes, riquísimo en petróleo, con una población bien formada y una avanzada infraestructura tecnológica y militar que, a pesar de la decadencia que experimentó en los últimos años de la tiranía sadamita, podría volver a rendir a gran altura en caso de que cayese en las manos adecuadas (o sea, en las menos recomendables). Dígale también que los gobernantes iraquíes, por la situación estratégica de su país, podrían ejercer una influencia extraordinaria en toda la región del Golfo Pérsico, es decir, en lugares como Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos.
Y ahora hágale la pregunta del millón al marciano de marras: ¿cuál es la guerra más importante?
Al Qaeda ha respondido unas cuantas veces. Osama ben Laden, cuya presencia en Afganistán (o en alguna cueva de la frontera afgano-paquistaní) es lo que presumiblemente hace de este país el frente principal de la guerra contra el terror, ha sido bastante explícito al respecto: "La más importante cuestión para el mundo entero es esta Tercera Guerra Mundial que se está desarrollando en Irak". Por su parte, el número dos de Al Qaeda, Aymán al Zauahiri, ha afirmado que la de Irak es "la mayor de las batallas libradas por el islam en esta época".
Al Qaeda dice que Irak es la madre del cordero... y actúa en consecuencia. ¿Adónde envía a los yihadistas que está reclutando en el mundo entero? ¿Adónde acuden todos los descerebrados que quieren morir matando para mayor gloria de Alá? La respuesta, en ambos casos, es Irak, no Afganistán.
La insistencia demócrata en conceder la primacía a Afganistán carece de sentido estratégico. Asimismo, nos dice algo de la sensibilidad del partido de Pelosi y compañía. Prefieren apoyar la guerra en Afganistán porque el casus belli está más claro y su textura moral es más confortable. "Si ha habido una guerra completamente justa desde la Segunda Mundial, ésa es la guerra de Afganistán", ha declarado el senador Joe Biden, que también aspira a competir por la Casa Blanca en 2008.
Si hubiera que elegir un frente, el marciano se decantaría por Irak. Y eso que él, a diferencia de la mayoría de los senadores demócratas, no votó hace cuatro años a favor de la guerra en Irak. Muchos de ellos tienen tal sentimiento de culpa por ello que ahora parecen estar procurándose un alivio retroactivo abrazando la causa de la retirada... para librar la guerra "completamente justa".
El caso es que uno no puede decidir dónde luchar en función de la historia; uno decide tal cosa en función de las realidades estratégicas que se le presentan. Uno puede criticar el papel de Estados Unidos en la creación de este nuevo frente y preguntarse si mereció la pena correr tantos riesgos con tal de derrocar a Sadam Husein, pero no puede sostener, con un mínimo de sensatez, que a día de hoy Irak no es el más crítico de los frentes estratégicos de la guerra contra el terror.
La nostalgia por la "guerra buena" de Afganistán quizá sea útil para animar a los demócratas a que respalden un incremento de los fondos destinados a ese frente, incremento realmente necesario. Pero no es un argumento para abandonar Irak.
© The Washington Post Writers Group
ESTADOS UNIDOS
Los demócratas y las guerras buenas y malas
Por Charles Krauthammer
La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, declaró el pasado 8 de marzo: "Nuestro proyecto de ley aboga por sacar a las tropas norteamericanas de Irak para que, así, podamos prestar más atención a la verdadera guerra contra el terror, la que se libra en Afganistán". Tanto el Senado como la Cámara han aprobado proyectos legislativos destinados a poner fin a la guerra de Irak, o cuando menos a dar carpetazo a la implicación de EEUU en ella.
Ambas resoluciones, que han salido adelante con mayorías muy reducidas, pivotan sobre la misma cuestión: estamos librando una guerra equivocada en un lugar equivocado, lo cual nos está llevando a descuidar la verdadera guerra, que se está librando en otro sitio. ¿Dónde? En Afganistán.
Los demócratas se han aferrado a Afganistán, que ha pasado a ser un alimento de primera necesidad para los tres favoritos a hacerse con la candidatura del partido para las presidenciales de 2008: Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards. También hablan sin parar de Afganistán el rival de Bush en las elecciones de 2004, John Kerry, y el presidente del Partido Demócrata, Howard Dean. "No tenemos tropas suficientes en Afganistán. Ahí es donde verdaderamente se está librando la guerra contra el terror", ha declarado este último.
De todos los argumentos esgrimidos para salir de Irak, el menos serio es, precisamente, ése que sostiene que Afganistán es más importante. Y no sólo porque asume que la única superpotencia del mundo, cuyo gasto anual en defensa es superior al gasto combinado de los demás países del planeta, es incapaz de combatir a un tiempo en Irak y en Afganistán, sino porque da por sentado que Afganistán es más relevante, estratégicamente hablando, que Irak.
Bien, hagamos un pequeño experimento. Trate de dar con un observador completamente neutral –un marciano, pongamos por caso– y cuéntele que EEUU está combatiendo contra el radicalismo islámico en un par de guerras. Una de ellas se libra en Afganistán, un lugar dejado de la mano de Dios, sin recursos naturales ni infraestructura industrial o tecnológica; la otra tiene lugar en Irak, uno de los tres grandes Estados árabes, riquísimo en petróleo, con una población bien formada y una avanzada infraestructura tecnológica y militar que, a pesar de la decadencia que experimentó en los últimos años de la tiranía sadamita, podría volver a rendir a gran altura en caso de que cayese en las manos adecuadas (o sea, en las menos recomendables). Dígale también que los gobernantes iraquíes, por la situación estratégica de su país, podrían ejercer una influencia extraordinaria en toda la región del Golfo Pérsico, es decir, en lugares como Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos.
Y ahora hágale la pregunta del millón al marciano de marras: ¿cuál es la guerra más importante?
Al Qaeda ha respondido unas cuantas veces. Osama ben Laden, cuya presencia en Afganistán (o en alguna cueva de la frontera afgano-paquistaní) es lo que presumiblemente hace de este país el frente principal de la guerra contra el terror, ha sido bastante explícito al respecto: "La más importante cuestión para el mundo entero es esta Tercera Guerra Mundial que se está desarrollando en Irak". Por su parte, el número dos de Al Qaeda, Aymán al Zauahiri, ha afirmado que la de Irak es "la mayor de las batallas libradas por el islam en esta época".
Al Qaeda dice que Irak es la madre del cordero... y actúa en consecuencia. ¿Adónde envía a los yihadistas que está reclutando en el mundo entero? ¿Adónde acuden todos los descerebrados que quieren morir matando para mayor gloria de Alá? La respuesta, en ambos casos, es Irak, no Afganistán.
La insistencia demócrata en conceder la primacía a Afganistán carece de sentido estratégico. Asimismo, nos dice algo de la sensibilidad del partido de Pelosi y compañía. Prefieren apoyar la guerra en Afganistán porque el casus belli está más claro y su textura moral es más confortable. "Si ha habido una guerra completamente justa desde la Segunda Mundial, ésa es la guerra de Afganistán", ha declarado el senador Joe Biden, que también aspira a competir por la Casa Blanca en 2008.
Si hubiera que elegir un frente, el marciano se decantaría por Irak. Y eso que él, a diferencia de la mayoría de los senadores demócratas, no votó hace cuatro años a favor de la guerra en Irak. Muchos de ellos tienen tal sentimiento de culpa por ello que ahora parecen estar procurándose un alivio retroactivo abrazando la causa de la retirada... para librar la guerra "completamente justa".
El caso es que uno no puede decidir dónde luchar en función de la historia; uno decide tal cosa en función de las realidades estratégicas que se le presentan. Uno puede criticar el papel de Estados Unidos en la creación de este nuevo frente y preguntarse si mereció la pena correr tantos riesgos con tal de derrocar a Sadam Husein, pero no puede sostener, con un mínimo de sensatez, que a día de hoy Irak no es el más crítico de los frentes estratégicos de la guerra contra el terror.
La nostalgia por la "guerra buena" de Afganistán quizá sea útil para animar a los demócratas a que respalden un incremento de los fondos destinados a ese frente, incremento realmente necesario. Pero no es un argumento para abandonar Irak.
© The Washington Post Writers Group
El sueño de Olga
martes 3 de abril de 2007
VÍA LIBRE
El sueño de Olga
- “¿Ditinotoqué?”, exclamó con gesto de asco, tan inclinada hacia delante que sus ojos apenas podían mirar al Juez.Don Javier suspiró. Sin elevar la voz repitió casi deletreando: “Dinitrotolueno y nitroglicerina, nitroglicol y nitrato amónico. No era Goma 2 ECO. Usted debería intentar averiguar qué explotó, de dónde salió, quién lo puso. ¿No cree?”Nunca antes le había llamado a su despacho. Parecía sombrío y serio. “Señor, la mochila de Vallecas tenía…”- “Señora, no la vieron tras cuatro registros, no sé cómo llegó a esa Comisaría, ni por qué tenía una bomba que no podía explotar y una tarjeta innecesaria que parecía la tarjeta de visita de Zougam. Ni entiendo por qué el moro ese no salió corriendo cuando oyó las noticias. Pero aunque lo entendiese, lo que había en la mochila no era lo que explotó en los trenes, sino Goma 2 ECO. ¡Sin nitroglicerina ni dinitrotolueno!”- “Sin… nini… trini… Pero eso no estaba… en los análisis, y… Manzano dijo …”- “¡No hicieron análisis en tres años!”- “Pero… en la Kangoo…Sánchez Manzano dijo…”, balbuceó la Fiscal.- “No sé qué había en la Kangoo. Los policías no se aclaran entre ellos. ¡Ni con el perro! Pero en la furgoneta apareció Goma 2 ECO. ¡Sin nitroglicerina ni dinitrotolueno! ¿Entiende? ¡Analizaron todo menos lo que explotó en los trenes!Olga abrió la boca y miró al Juez por encima de las gafas: con su miopía, era como no mirarle. “Tenían Goma 2… en las mochilas, y luego la pusieron… en el AVE… y en Leganés …”“Señora Fiscal, el atentado del AVE se parece al de Atocha como un huevo a una castaña. Y lo de Leganés… Ya hablaremos. ¡Pero al menos póngase de acuerdo consigo misma! ¿Llegaron por un rastreo a las cuatro o un tiroteo a las cinco? Y después lo discute con Sánchez Manzano, que a las 12 ya sabía que tenía función en Leganés. Hablaremos de eso…Pero ahora dígame: ¿qué explotó allí?Dio un respingo sonriendo como una niña que acierta una adivinanza, y casi saltó al gritar “¡Goma 2 ECO, Señoría!”- “¡Muy bien! Y la Goma 2 ECO, ¿Tiene dinitrotolueno y nitroglicerina?- Ni…ninito…¿Cómo… dice, Señor?- ¡Necesito pruebas! El arma del crimen, una imagen, un testimonio fiable, una huella en el lugar del crimen… ¡Algo! Lleva seis meses explicando que desde unos teléfonos se llamaba mucho a otros, que los policías no se enteraban ni de lo que oían, que algunos iban a la mezquita y hablaban de Yihad. ¡Quiero saber quién preparó las bombas, con qué explosivo, quién las puso y por qué desde ese día unos cuantos agentes hacen cosas muy raras! ¡Su trabajo no es defender policías, Señora, sino buscar pruebas! ¿No ponía eso en el temario de la oposición? ¿No quiere saber quién mató a tanta gente? ¿Y por qué hay policías que lo intentan ocultar?La mirada de Olga estaba perdida, su boca abierta e inmóvil, salvo por un imperceptible temblor en el grueso labio inferior. De las últimas palabras, solo escuchó lo de “mató a tanta gente”. Imaginó portadas de periódicos con grandes letras, y recordó aquella tarde ante el Tribunal de Oposición, la sonrisa de los jueces, amigos todos de su familia… Pero entre ellos vio el rostro severo del Fiscal Jefe, que tanto le gritaba últimamente, y empezó a temblar…“¿Me oye? ¿Me escucha usted? ¡Roberto! ¡Roberto!”El auxiliar entró sin llamar, como siempre que la voz del Juez reflejaba premura.- “Llévese a esta mujer, que le ha dado un patatús. Llame a un médico si quiere, pero no quiero verla”. Al cogerla del brazo, pareció responder mecánicamente, y salió del despacho como una ciega guiada.Don Javier apretó una tecla del ordenador, y sonaron de inmediato las notas del más sobrio cuarteto de cuerda del genio de Bonn. Volvió en seguida el ayudante. “¿Algo más?”. “Sí, Roberto. El Tribunal ha preparado esta lista de citaciones. Las de Rubio, Manzano, Rancaño… la de Ruiz y… esta dos... no las curse aún. Debo prepararlo. Eso es todo” Roberto miró la lista. “La que se va a liar, Señor...” “Se lió hace mucho, Roberto. Ahora, a desliarlo”. Ambos sonrieron.Olga se miró en el espejo de la salida. Le colgaba la toga como a un fantasma. Las gafas, enormes, parecían crecer. En la pared, un calendario anticuado marcaba unos números: “2 04 07”. “Dos más cuatro, seis, más siete, trece. ¡Mala suerte! ¡Lo que tengo hoy solo es mala suerte!”. Se volvió a mirar: “toga… nunca llevo toga fuera de… y este espejo...“.Despertó de golpe. Casi eran las siete. En el enorme calendario sobre su mesilla se leía “02 04 2007”. ”Dos más cuatro, seis, más dos ocho, más siete quince”. ¡No tendré mala suerte! ¡Ha sido un sueño! ¡No tengo que preocuparme! Y se acurrucó en la cama esperando el sueño entre cálculos…
VÍA LIBRE
El sueño de Olga
- “¿Ditinotoqué?”, exclamó con gesto de asco, tan inclinada hacia delante que sus ojos apenas podían mirar al Juez.Don Javier suspiró. Sin elevar la voz repitió casi deletreando: “Dinitrotolueno y nitroglicerina, nitroglicol y nitrato amónico. No era Goma 2 ECO. Usted debería intentar averiguar qué explotó, de dónde salió, quién lo puso. ¿No cree?”Nunca antes le había llamado a su despacho. Parecía sombrío y serio. “Señor, la mochila de Vallecas tenía…”- “Señora, no la vieron tras cuatro registros, no sé cómo llegó a esa Comisaría, ni por qué tenía una bomba que no podía explotar y una tarjeta innecesaria que parecía la tarjeta de visita de Zougam. Ni entiendo por qué el moro ese no salió corriendo cuando oyó las noticias. Pero aunque lo entendiese, lo que había en la mochila no era lo que explotó en los trenes, sino Goma 2 ECO. ¡Sin nitroglicerina ni dinitrotolueno!”- “Sin… nini… trini… Pero eso no estaba… en los análisis, y… Manzano dijo …”- “¡No hicieron análisis en tres años!”- “Pero… en la Kangoo…Sánchez Manzano dijo…”, balbuceó la Fiscal.- “No sé qué había en la Kangoo. Los policías no se aclaran entre ellos. ¡Ni con el perro! Pero en la furgoneta apareció Goma 2 ECO. ¡Sin nitroglicerina ni dinitrotolueno! ¿Entiende? ¡Analizaron todo menos lo que explotó en los trenes!Olga abrió la boca y miró al Juez por encima de las gafas: con su miopía, era como no mirarle. “Tenían Goma 2… en las mochilas, y luego la pusieron… en el AVE… y en Leganés …”“Señora Fiscal, el atentado del AVE se parece al de Atocha como un huevo a una castaña. Y lo de Leganés… Ya hablaremos. ¡Pero al menos póngase de acuerdo consigo misma! ¿Llegaron por un rastreo a las cuatro o un tiroteo a las cinco? Y después lo discute con Sánchez Manzano, que a las 12 ya sabía que tenía función en Leganés. Hablaremos de eso…Pero ahora dígame: ¿qué explotó allí?Dio un respingo sonriendo como una niña que acierta una adivinanza, y casi saltó al gritar “¡Goma 2 ECO, Señoría!”- “¡Muy bien! Y la Goma 2 ECO, ¿Tiene dinitrotolueno y nitroglicerina?- Ni…ninito…¿Cómo… dice, Señor?- ¡Necesito pruebas! El arma del crimen, una imagen, un testimonio fiable, una huella en el lugar del crimen… ¡Algo! Lleva seis meses explicando que desde unos teléfonos se llamaba mucho a otros, que los policías no se enteraban ni de lo que oían, que algunos iban a la mezquita y hablaban de Yihad. ¡Quiero saber quién preparó las bombas, con qué explosivo, quién las puso y por qué desde ese día unos cuantos agentes hacen cosas muy raras! ¡Su trabajo no es defender policías, Señora, sino buscar pruebas! ¿No ponía eso en el temario de la oposición? ¿No quiere saber quién mató a tanta gente? ¿Y por qué hay policías que lo intentan ocultar?La mirada de Olga estaba perdida, su boca abierta e inmóvil, salvo por un imperceptible temblor en el grueso labio inferior. De las últimas palabras, solo escuchó lo de “mató a tanta gente”. Imaginó portadas de periódicos con grandes letras, y recordó aquella tarde ante el Tribunal de Oposición, la sonrisa de los jueces, amigos todos de su familia… Pero entre ellos vio el rostro severo del Fiscal Jefe, que tanto le gritaba últimamente, y empezó a temblar…“¿Me oye? ¿Me escucha usted? ¡Roberto! ¡Roberto!”El auxiliar entró sin llamar, como siempre que la voz del Juez reflejaba premura.- “Llévese a esta mujer, que le ha dado un patatús. Llame a un médico si quiere, pero no quiero verla”. Al cogerla del brazo, pareció responder mecánicamente, y salió del despacho como una ciega guiada.Don Javier apretó una tecla del ordenador, y sonaron de inmediato las notas del más sobrio cuarteto de cuerda del genio de Bonn. Volvió en seguida el ayudante. “¿Algo más?”. “Sí, Roberto. El Tribunal ha preparado esta lista de citaciones. Las de Rubio, Manzano, Rancaño… la de Ruiz y… esta dos... no las curse aún. Debo prepararlo. Eso es todo” Roberto miró la lista. “La que se va a liar, Señor...” “Se lió hace mucho, Roberto. Ahora, a desliarlo”. Ambos sonrieron.Olga se miró en el espejo de la salida. Le colgaba la toga como a un fantasma. Las gafas, enormes, parecían crecer. En la pared, un calendario anticuado marcaba unos números: “2 04 07”. “Dos más cuatro, seis, más siete, trece. ¡Mala suerte! ¡Lo que tengo hoy solo es mala suerte!”. Se volvió a mirar: “toga… nunca llevo toga fuera de… y este espejo...“.Despertó de golpe. Casi eran las siete. En el enorme calendario sobre su mesilla se leía “02 04 2007”. ”Dos más cuatro, seis, más dos ocho, más siete quince”. ¡No tendré mala suerte! ¡Ha sido un sueño! ¡No tengo que preocuparme! Y se acurrucó en la cama esperando el sueño entre cálculos…
Moratinos emocionado
3-IV-2007
Moratinos emocionado
EDITORIAL
La carcundia progre, en lo referente a Cuba, se niega a asumir los costes humanos de sus manías.
Del sainete en que se han convertido las relaciones exteriores de España tras la llegada al poder de Zapatero, la humillación más dolorosa es la que se está sometiendo a los que luchan contra la dictadura castrista. El viaje de Moratinos a la isla es la constatación de este extremo y del modo en que el Gobierno se entiende con un régimen infame que esclaviza a los cubanos desde hace casi medio siglo. Con la "emoción" y las apelaciones al diálogo del ministro no sólo se entierra definitivamente la política de acercamiento a los demócratas cubanos, sino que se parte en dos la postura común que la Unión Europea en su conjunto tomó hace años contra la dictadura de los hermanos Castro.
La rendición de Zapatero ante Castro era previsible, pero no por eso deja de ser igualmente infame. Moratinos no ha tenido una sola palabra para los que luchan por la recuperación de la democracia, no se ha acordado de los prisioneros políticos que atestan las cárceles cubanas y, por descontado, no ha hecho intención alguna de reunirse con los representantes de la disidencia interna. En estos detalles es donde un ministro europeo de visita en Cuba se la juega. Moratinos está haciendo lo que cabe esperar en él, es decir, bajar la cabeza ante los verdugos y mirar hacia otro lado cuando las víctimas del régimen reclaman su auxilio.
La carcundia progre, en lo referente a Cuba, se niega a asumir los costes humanos de sus manías. Y si bien es cierto que un ministro se debe al Estado y ha de rebajarse a hablar con quien no se lo merece, también lo es que se debe a los principios que inspiran a ese Estado. En nuestro caso esos son la libertad y la democracia, ninguna de las cuales es ajena a nuestros representantes, que deben velar por ellas dentro y promoverlas fuera.
Moratinos emocionado
EDITORIAL
La carcundia progre, en lo referente a Cuba, se niega a asumir los costes humanos de sus manías.
Del sainete en que se han convertido las relaciones exteriores de España tras la llegada al poder de Zapatero, la humillación más dolorosa es la que se está sometiendo a los que luchan contra la dictadura castrista. El viaje de Moratinos a la isla es la constatación de este extremo y del modo en que el Gobierno se entiende con un régimen infame que esclaviza a los cubanos desde hace casi medio siglo. Con la "emoción" y las apelaciones al diálogo del ministro no sólo se entierra definitivamente la política de acercamiento a los demócratas cubanos, sino que se parte en dos la postura común que la Unión Europea en su conjunto tomó hace años contra la dictadura de los hermanos Castro.
La rendición de Zapatero ante Castro era previsible, pero no por eso deja de ser igualmente infame. Moratinos no ha tenido una sola palabra para los que luchan por la recuperación de la democracia, no se ha acordado de los prisioneros políticos que atestan las cárceles cubanas y, por descontado, no ha hecho intención alguna de reunirse con los representantes de la disidencia interna. En estos detalles es donde un ministro europeo de visita en Cuba se la juega. Moratinos está haciendo lo que cabe esperar en él, es decir, bajar la cabeza ante los verdugos y mirar hacia otro lado cuando las víctimas del régimen reclaman su auxilio.
La carcundia progre, en lo referente a Cuba, se niega a asumir los costes humanos de sus manías. Y si bien es cierto que un ministro se debe al Estado y ha de rebajarse a hablar con quien no se lo merece, también lo es que se debe a los principios que inspiran a ese Estado. En nuestro caso esos son la libertad y la democracia, ninguna de las cuales es ajena a nuestros representantes, que deben velar por ellas dentro y promoverlas fuera.
Emilio J. Gonzalez, Un triste y sospechoso final
martes 3 de abril de 2007
OPA a Endesa
Un triste y sospechoso final
Emilio J. González
Es un triste final para una empresa como la eléctrica y una conclusión más que preocupante para un caso en que se han violentando todas las normas y seguridades jurídicas habidas y por haber con tal de que el Gobierno se saliera con la suya.
La retirada de E.On de la pugna por Endesa, venticuatro horas antes de que concluyera el plazo de aceptación de la OPA que había presentado por la eléctrica que preside Manuel Pizarro, marca el colofón del enorme cúmulo de irregularidades y juego sucio que ha caracterizado al caso Endesa desde que se inició en aquel lejano 5 de septiembre de 2005, cuando Gas Natural trató de hacerse con la empresa a través de la intervención del Gobierno.
Lo primero que llama la atención en el anuncio de E.On es que éste se produzca el mismo día en que el presidente de la CNMV, Manuel Conthe, ha presentado su dimisión. Conthe, que en los comienzos de todo este lío tuvo actuaciones más que criticables, después tuvo el valor de enfrentarse a los designios de Moncloa respecto al futuro de Endesa, tratando de impedir a Enel y Acciona que siguieran torpedeando la OPA de los alemanes mediante el juego sucio que ambos empezaron a desplegar desde que entraron en escena los italianos. La gota que ha colmado el vaso de la paciencia de Conthe ha sido la oposición de los zapateristas en el consejo del organismo regulador de los mercados financieros a sancionar a la eléctrica italiana y a la constructora de los Entrecanales por sus prácticas. Conthe, entonces, ha tenido un gesto que le honra, el de presentar su dimisión en estas circunstancias. Pero, para E.On, lo que ha sucedido a comienzos de esta Semana Santa en la CNMV ha sido el elemento definitivo que le dejaba fuera de juego. Sin sanción a Enel y Acciona, sin Conthe en el organismo, los alemanes estaban vendidos y han optado por la retirada, ante tantos embates políticos y ante tanto juego sucio en contra suya.
E.On, además, no tenía ya mucho que conseguir en la OPA. Entre Enel y Acciona controlaban directamente el 46% del capital de Endesa. La Sepi, controlada por el Gobierno, se negó a vender a los alemanes su 2,9%. Por último, las operaciones anormales que ha llevado a cabo la agencia de valores Interdin con las acciones de Endesa durante las últimas semanas han dejado sin apenas posibilidades a los alemanes. Para la empresa que preside Wulf Bernotat, el abandono del campo de batalla mediante un acuerdo mínimamente honroso era la única salida posible. Gracias a él, E.On conseguirá activos eléctricos en nuestro país que le permitirán convertirse en el cuarto operador en el mercado patrio, más los activos de Endesa en Italia, Francia, Polonia y Turquía. Un triste resultado para quién aspiró legítimamente a controlar el cien por cien de Endesa pero, al menos, E.On ha conseguido algo.
La trayectoria de los alemanes en el caso Endesa ha sido una lucha constante contra todo tipo de obstáculos levantados por un Gobierno que se ha llenado la boca de decir que el asunto lo tendría que resolver el mercado mientras intervenía una y otra vez en su contra. El Ejecutivo de Zapatero ha sido un enemigo demasiado fuerte para E.On, que ahora tiene que admitir su derrota y rendirse de forma honrosa, si bien los términos de la capitulación, y las consecuencias que puede tener la misma, no son, precisamente, las mejores para el futuro de Endesa.
De entrada, las condiciones de la rendición ya inician un proceso de partición de Endesa, que perderá parte de sus activos en nuestro país, así como los que tiene en Europa. Una de nuestras primeras multinacionales, una de las que estaba consiguiendo poco a poco penetrar en el difícil mercado europeo, ya no va a tener influencia alguna en el Viejo Continente. Y, por desgracia, este puede ser el comienzo de una operación más amplia de desguace de la antigua empresa pública.
Enel y Acciona dirán al respecto que tienen un acuerdo por el cual se comprometen a gestionar conjuntamente Endesa, pero ese pacto vence en 2009. A partir de entonces se abre todo un mar de dudas, puesto que ambas empresas pueden decidir el reparto entre ellas de los activos de Endesa: el negocio de energías renovables y algunas centrales hidráulicas para Acciona, que es lo que pretendía desde un principio, y el resto para los italianos. Además, todavía queda por ver si a Gas Natural le va a caer algo. El acuerdo del Gobierno con Enel y Acciona incluía que le dieran a Gas Natural activos eléctricos y ahora la pregunta es si dicha cláusula se va a ejecutar, cuándo y cómo. Asimismo, hay sospechas de que las operaciones que ha llevado a cabo Interdin con las acciones de Endesa están relacionadas, de alguna forma, con La Caixa y su gasista, sospechas alimentadas por las relaciones entre Interdin y la principal entidad crediticia catalana. Y conviene recordar que lo dispuesto en el Pacto del Tinell acerca de que haya una eléctrica catalana sigue vigente.
Gas Natural, por tanto, es muy probable que aparezca en cualquier momento en el festín que van a darse Enel y Acciona con Endesa, ahora que los alemanes se han levantado de la mesa. Es un triste final para una empresa como la eléctrica y una conclusión más que preocupante para un caso en que se han violentando todas las normas y seguridades jurídicas habidas y por haber con tal de que el Gobierno se saliera con la suya. Las causas de la dimisión de Conthe constituyen un buen y último ejemplo al respecto.
OPA a Endesa
Un triste y sospechoso final
Emilio J. González
Es un triste final para una empresa como la eléctrica y una conclusión más que preocupante para un caso en que se han violentando todas las normas y seguridades jurídicas habidas y por haber con tal de que el Gobierno se saliera con la suya.
La retirada de E.On de la pugna por Endesa, venticuatro horas antes de que concluyera el plazo de aceptación de la OPA que había presentado por la eléctrica que preside Manuel Pizarro, marca el colofón del enorme cúmulo de irregularidades y juego sucio que ha caracterizado al caso Endesa desde que se inició en aquel lejano 5 de septiembre de 2005, cuando Gas Natural trató de hacerse con la empresa a través de la intervención del Gobierno.
Lo primero que llama la atención en el anuncio de E.On es que éste se produzca el mismo día en que el presidente de la CNMV, Manuel Conthe, ha presentado su dimisión. Conthe, que en los comienzos de todo este lío tuvo actuaciones más que criticables, después tuvo el valor de enfrentarse a los designios de Moncloa respecto al futuro de Endesa, tratando de impedir a Enel y Acciona que siguieran torpedeando la OPA de los alemanes mediante el juego sucio que ambos empezaron a desplegar desde que entraron en escena los italianos. La gota que ha colmado el vaso de la paciencia de Conthe ha sido la oposición de los zapateristas en el consejo del organismo regulador de los mercados financieros a sancionar a la eléctrica italiana y a la constructora de los Entrecanales por sus prácticas. Conthe, entonces, ha tenido un gesto que le honra, el de presentar su dimisión en estas circunstancias. Pero, para E.On, lo que ha sucedido a comienzos de esta Semana Santa en la CNMV ha sido el elemento definitivo que le dejaba fuera de juego. Sin sanción a Enel y Acciona, sin Conthe en el organismo, los alemanes estaban vendidos y han optado por la retirada, ante tantos embates políticos y ante tanto juego sucio en contra suya.
E.On, además, no tenía ya mucho que conseguir en la OPA. Entre Enel y Acciona controlaban directamente el 46% del capital de Endesa. La Sepi, controlada por el Gobierno, se negó a vender a los alemanes su 2,9%. Por último, las operaciones anormales que ha llevado a cabo la agencia de valores Interdin con las acciones de Endesa durante las últimas semanas han dejado sin apenas posibilidades a los alemanes. Para la empresa que preside Wulf Bernotat, el abandono del campo de batalla mediante un acuerdo mínimamente honroso era la única salida posible. Gracias a él, E.On conseguirá activos eléctricos en nuestro país que le permitirán convertirse en el cuarto operador en el mercado patrio, más los activos de Endesa en Italia, Francia, Polonia y Turquía. Un triste resultado para quién aspiró legítimamente a controlar el cien por cien de Endesa pero, al menos, E.On ha conseguido algo.
La trayectoria de los alemanes en el caso Endesa ha sido una lucha constante contra todo tipo de obstáculos levantados por un Gobierno que se ha llenado la boca de decir que el asunto lo tendría que resolver el mercado mientras intervenía una y otra vez en su contra. El Ejecutivo de Zapatero ha sido un enemigo demasiado fuerte para E.On, que ahora tiene que admitir su derrota y rendirse de forma honrosa, si bien los términos de la capitulación, y las consecuencias que puede tener la misma, no son, precisamente, las mejores para el futuro de Endesa.
De entrada, las condiciones de la rendición ya inician un proceso de partición de Endesa, que perderá parte de sus activos en nuestro país, así como los que tiene en Europa. Una de nuestras primeras multinacionales, una de las que estaba consiguiendo poco a poco penetrar en el difícil mercado europeo, ya no va a tener influencia alguna en el Viejo Continente. Y, por desgracia, este puede ser el comienzo de una operación más amplia de desguace de la antigua empresa pública.
Enel y Acciona dirán al respecto que tienen un acuerdo por el cual se comprometen a gestionar conjuntamente Endesa, pero ese pacto vence en 2009. A partir de entonces se abre todo un mar de dudas, puesto que ambas empresas pueden decidir el reparto entre ellas de los activos de Endesa: el negocio de energías renovables y algunas centrales hidráulicas para Acciona, que es lo que pretendía desde un principio, y el resto para los italianos. Además, todavía queda por ver si a Gas Natural le va a caer algo. El acuerdo del Gobierno con Enel y Acciona incluía que le dieran a Gas Natural activos eléctricos y ahora la pregunta es si dicha cláusula se va a ejecutar, cuándo y cómo. Asimismo, hay sospechas de que las operaciones que ha llevado a cabo Interdin con las acciones de Endesa están relacionadas, de alguna forma, con La Caixa y su gasista, sospechas alimentadas por las relaciones entre Interdin y la principal entidad crediticia catalana. Y conviene recordar que lo dispuesto en el Pacto del Tinell acerca de que haya una eléctrica catalana sigue vigente.
Gas Natural, por tanto, es muy probable que aparezca en cualquier momento en el festín que van a darse Enel y Acciona con Endesa, ahora que los alemanes se han levantado de la mesa. Es un triste final para una empresa como la eléctrica y una conclusión más que preocupante para un caso en que se han violentando todas las normas y seguridades jurídicas habidas y por haber con tal de que el Gobierno se saliera con la suya. Las causas de la dimisión de Conthe constituyen un buen y último ejemplo al respecto.
Bananero, del principio al fin
3-IV-2007
Bananero, del principio al fin
EDITORIAL
A la vista está que esta intervencionista entrega de la primera eléctrica española a una empresa pública italiana como Enel es la forma que entiende este Gobierno bananero de Zapatero de impulsar a los "campeones nacionales".
El acuerdo alcanzado por E.On con Enel y Acciona, por el que la eléctrica alemana ha retirado su OPA sobre Endesa, supone el final lógico y, al tiempo, lamentable de este bochornoso asalto político a la mayor eléctrica española, que ya se ha convertido, junto con el expolio de Rumasa, en el mayor escándalo político-financiero de nuestra democracia.
E.On, que se quedará con los activos de la compañía española en Francia, Italia, Polonia y Turquía, así como con el control de Viesgo –la quinta eléctrica española, propiedad de Enel–, ha llegado a la conclusión de que este acuerdo es lo mejor que podría esperar después de la impresión bananera dada por nuestro Gobierno y su subordinada autoridad reguladora, desde el mismo momento en que la eléctrica alemana decidió competir y desbaratar en buena lid a la OPA política impulsada por el Ejecutivo a través de Gas Natural.
Desde entonces el Gobierno de Zapatero no ha hecho otra cosa que poner obstáculos al inversor alemán que, si bien fueron superados en parte gracias a nuevas ofertas y a la intervención de las autoridades europeas de Defensa de la Competencia, han resultado decisivos tras el descarado apoyo gubernamental a la irrupción de la italiana Enel, que se ha hecho con el 24,9 % del accionariado de Endesa, y la bochornosa decisión de la CNMV de no querer ver su concertación previa con la constructora española Acciona, poseedora del 21%, ni actuar en consecuencia.
Asegurando en un primer momento que no iban a lanzar una OPA, pero haciéndose bajo manga y bajo precio con el control de la compañía, Enel y Acciona han hecho de facto imposible el objetivo de la eléctrica alemana de hacerse con el control mayoritario de Endesa, tal y como ha denunciado el hastiado presidente de E.On, Wulf H. Bernotat.
Precisamente la decisión de E.On de pactar su retirada ha coincidido con el anuncio de Manuel Conthe de abandonar la presidencia de la CNMV, bien por ser forzado a ello por el Gobierno, bien por haberse quedado solo defendiendo que se debía sancionar a Enel y Acciona. Lo que parece claro es que Conthe no dará explicaciones de su decisión en el Congreso, vistos los deseos del gobierno de cubrir todo el escándalo con un manto de silencio.
Aunque no esté tampoco claro que las autoridades de la Unión Europea, que tendrán que posicionarse sobre este asunto por sus dimensiones europeas, acepten una OPA que se ha basado en gravísimas irregularidades, lo cierto es que hay motivos para que miles de accionistas se sientan ahora estafados, por no hablar de la lamentable imagen de nuestro país ante el sistema financiero internacional. A la vista está, sin embargo, que esta intervencionista entrega de la primera eléctrica española a una empresa pública italiana como Enel es la forma que entiende este Gobierno bananero de Zapatero de impulsar a los "campeones nacionales".
Bananero, del principio al fin
EDITORIAL
A la vista está que esta intervencionista entrega de la primera eléctrica española a una empresa pública italiana como Enel es la forma que entiende este Gobierno bananero de Zapatero de impulsar a los "campeones nacionales".
El acuerdo alcanzado por E.On con Enel y Acciona, por el que la eléctrica alemana ha retirado su OPA sobre Endesa, supone el final lógico y, al tiempo, lamentable de este bochornoso asalto político a la mayor eléctrica española, que ya se ha convertido, junto con el expolio de Rumasa, en el mayor escándalo político-financiero de nuestra democracia.
E.On, que se quedará con los activos de la compañía española en Francia, Italia, Polonia y Turquía, así como con el control de Viesgo –la quinta eléctrica española, propiedad de Enel–, ha llegado a la conclusión de que este acuerdo es lo mejor que podría esperar después de la impresión bananera dada por nuestro Gobierno y su subordinada autoridad reguladora, desde el mismo momento en que la eléctrica alemana decidió competir y desbaratar en buena lid a la OPA política impulsada por el Ejecutivo a través de Gas Natural.
Desde entonces el Gobierno de Zapatero no ha hecho otra cosa que poner obstáculos al inversor alemán que, si bien fueron superados en parte gracias a nuevas ofertas y a la intervención de las autoridades europeas de Defensa de la Competencia, han resultado decisivos tras el descarado apoyo gubernamental a la irrupción de la italiana Enel, que se ha hecho con el 24,9 % del accionariado de Endesa, y la bochornosa decisión de la CNMV de no querer ver su concertación previa con la constructora española Acciona, poseedora del 21%, ni actuar en consecuencia.
Asegurando en un primer momento que no iban a lanzar una OPA, pero haciéndose bajo manga y bajo precio con el control de la compañía, Enel y Acciona han hecho de facto imposible el objetivo de la eléctrica alemana de hacerse con el control mayoritario de Endesa, tal y como ha denunciado el hastiado presidente de E.On, Wulf H. Bernotat.
Precisamente la decisión de E.On de pactar su retirada ha coincidido con el anuncio de Manuel Conthe de abandonar la presidencia de la CNMV, bien por ser forzado a ello por el Gobierno, bien por haberse quedado solo defendiendo que se debía sancionar a Enel y Acciona. Lo que parece claro es que Conthe no dará explicaciones de su decisión en el Congreso, vistos los deseos del gobierno de cubrir todo el escándalo con un manto de silencio.
Aunque no esté tampoco claro que las autoridades de la Unión Europea, que tendrán que posicionarse sobre este asunto por sus dimensiones europeas, acepten una OPA que se ha basado en gravísimas irregularidades, lo cierto es que hay motivos para que miles de accionistas se sientan ahora estafados, por no hablar de la lamentable imagen de nuestro país ante el sistema financiero internacional. A la vista está, sin embargo, que esta intervencionista entrega de la primera eléctrica española a una empresa pública italiana como Enel es la forma que entiende este Gobierno bananero de Zapatero de impulsar a los "campeones nacionales".
domingo, abril 01, 2007
Olegario Gonzalez, A dos años de Juan Pablo II
lunes 2 de abril de 2007
A dos años de Juan Pablo II
Por Olegario González de Cardedal
DESDE el 22 de octubre de 1978 hasta el día 2 de abril de 2005 Juan Pablo II ocupó la sede de Pedro, llenando casi un cuarto de siglo de la vida de la Iglesia. Llegaba en joven y plena madurez, con una larga experiencia de pensamiento y de acción en lucha por la libertad del hombre, del creyente y de la iglesia, frente a un régimen dictatorial, que negaba nuestra dimensión trascendente y la fe en Dios.
Asumía la suprema responsabilidad de guiar, sostener y regir la Iglesia en un momento de especial tensión interior, cuando aún se debatían dos acentuaciones del Concilio Vaticano II: como un nuevo comienzo del cristianismo en ruptura con lo anterior o como una reforma en continuidad con la tradición y sus fuentes originarias. Su elección manifestó la voluntad de poner al frente de la Iglesia a un hombre con experiencia de la modernidad, a la vez que con experiencia de una fe vivida, en fidelidad teórica y decisión práctica. Formado en la cultura centroeuropea (Francia, Bélgica, Alemania...) traía también consigo la experiencia de los países del Este, con lo que el marxismo teórico, el socialismo real y un ateismo consecuente significan para el hombre y la sociedad
¿Cómo nos aparece su figura en la distancia objetiva que dan estos dos años? Una característica permanente de su pontificado vino y quedó dada por sus primeras palabras: «No tengáis miedo». El, procedente de una nación sucesivamente arrasada por el nazismo y el marxismo, transmitía como primer mensaje a la Iglesia y a la Humanidad la confianza en sí mismas, la capacidad para ser soberanas de su destino, la invitación a salir del sentimiento de impotencia o resignación fácil. Y en un segundo momento la esperanza: por la abertura a la capacidad iluminadora, transformadora y santificadora de la fe en Cristo. «Abríos a Jesucristo, otorgadle confianza, dejaos llevar de su mano, remad mar adentro».
Tras años de discusiones en torno a líneas conciliares, complejidad de teologías o legitimidad de ideologías, que habían agitado los últimos años de Pablo VI, él proponía a todos la posibilidad y sencillez, la belleza y la grandeza del ser cristiano. Las dificultades existen pero ellas como tales no crean una duda de fondo sobre la verdad de la fe, ni los problemas pueden llevarnos a una actitud de tristeza, miedo o perplejidad. Su figura apareció en los escenarios del mundo como la de un creyente y orante, sencillo y profundo, con una religiosidad clásica pero atrevida, modernísima en actitudes y relaciones. El hombre de teatro que había sido en su juventud se plantaba ahora en el tablado con el evangelio como libreto de su drama para proclamar ante el auditorio mundial la gloria de creer y la alegría de ser Iglesia. Esa sencillez suya no era ingenuidad ni su coraje el resto de una cultura que no hubiera conocido los problemas de la crítica de la religión en Occidente durante el último siglo. Eran fruto de una profunda potencia de oración, acrecida desde los años de su juventud en familia, en soledad, en entrega a la causa de la nación y de la Iglesia, en su decisión de ser sacerdote y en su batalla por la libertad.
Esa primera característica se redoblaba con la confianza en el hombre. En la encíclica programática «Redemptor hominis» formulaba su lema como Papa y marcaba el programa para todos: «El hombre es el camino de la Iglesia». Ésta debe avanzar por los montes y laderas por los que los hombres avanzan, luchan, viven y mueren. De ahí nació su pasión por entrar en contacto con todos: naciones, regímenes, religiones, minorías cercanas o lejanas. Este es el sentido de sus viajes: llegar a los recodos más extraños para ver el rostro de cada grupo humano diferenciado. Para todos es el Evangelio y el Evangelio tiene que aprender a su vez de todos, porque en cada humano se revela algo de Cristo. La frase que quizá más veces ha citado, en discursos y textos, está tomada del Concilio Vaticano II: «Cristo se ha unido en cierto modo con cada hombre» (GS 22).
¿Cómo aparece ahora su acción hacia adentro de la iglesia? ¿Cuál fue el equilibrio que él vivió entre esas tres funciones del ministerio episcopal: santificación por la celebración y acercamiento de las fuentes sacramentales ofrecidas por Cristo; magisterio o proposición del evangelio como forma de vida para conformarnos con aquel reviviendo sus comportamientos en el mundo; régimen o ejercicio de su autoridad suprema de gobierno en la Iglesia? Sus celebraciones eucarísticas se convirtieron en grandes expresiones públicas de la fe, unidad de la Iglesia, comunión de las iglesias particulares con la Iglesia universal a través de la unión con el Papa. Su magisterio fue tan abundante, que a algunos les ha parecido excesivo, con el peligro de traspasar los límites entre autoridad de obispo y pretensión de teólogo y también de dejar en la sombra las iniciativas e ideas del resto del episcopado ante esa incesante proliferación de textos suyos.
En las cuestiones de gobierno, ¿otorgó demasiada confianza a las instituciones establecidas, para que realizasen decisiones y nombramientos en la Curia y en las distintas naciones, reservándose las sedes episcopales especialmente decisivas? Su lugar de gozo estaba en la abertura al mundo, en el diálogo con las masas, en la proclamación directa de Dios, de la aportación de lo que son los ideales cristianos como el amor y la vida frente a la cultura de la muerte y del sexo, de la solidaridad y fraternidad frente a la discriminación y el odio, de la faz reconciliadora y conjuntiva que proyecta el Crucificado sobre todos los hombres. ¿Significó esto que dejara el gobierno de la Iglesia en otras manos, que no otorgaran tanta confianza a las grandes ordenes religiosas clásicas como a los nuevos movimientos y fuera más critico con aquellas que con éstos? ¿Están envejecidas aquellas y florecientes éstos, como piensa alguno? ¿Cómo valorar la crisis o crecimiento vocacional en unos y otros?
Desde el punto de vista doctrinal, dada su amistad, confianza y colaboración durante tantos años con quien le ha sucedido, se hace difícil una valoración. Parece que él no quiso zanjar demasiadas cuestiones y prefirió ejercitar una palabra que animara y confortara. Monseñor J. Clemens, secretario particular de Benedicto XVI durante 19 años, describe la diferencia entre esta extensión de la mirada a todos los problemas, propia de Juan Pablo II, y la concentración de su sucesor ya en sus 80 años: «El pontificado de Benedicto XVI se caracteriza por la concentración en las cuestiones esenciales del mensaje cristiano y una profundización en la fe».
¿Qué legado viviente nos queda de él? Su fe profunda, su humanidad cercana, su amor a todo lo que nace y crece fuere donde fuere, su identificación con el Cristo doliente. Frente a los maestros de la sospecha él fue un admirable maestro de la confianza, ejemplo de fidelidad y testigo de heroísmo hasta el final. La confianza nos hace críticos a la vez que amorosos, crea cercanía en lugar de lejanía o resentimiento. Por eso tuvo eco mundial su persona y sus funerales fueron la despedida de una humanidad entristecida por la pérdida de un hermano a la vez que de un padre. También se entiende el clamor de quienes proclamaban «el santo» y piden su rápida canonización. Su sucesorhizo con él la excepción (abrir el proceso sin esperar los cinco años) como él había hecho con la Madre Teresa. Por su honor y por el de todos es bueno que se sigan los mismos pasos con el tiempo y mesura que se reclaman para cualquier fiel cristiano canonizable.
OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL
de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
A dos años de Juan Pablo II
Por Olegario González de Cardedal
DESDE el 22 de octubre de 1978 hasta el día 2 de abril de 2005 Juan Pablo II ocupó la sede de Pedro, llenando casi un cuarto de siglo de la vida de la Iglesia. Llegaba en joven y plena madurez, con una larga experiencia de pensamiento y de acción en lucha por la libertad del hombre, del creyente y de la iglesia, frente a un régimen dictatorial, que negaba nuestra dimensión trascendente y la fe en Dios.
Asumía la suprema responsabilidad de guiar, sostener y regir la Iglesia en un momento de especial tensión interior, cuando aún se debatían dos acentuaciones del Concilio Vaticano II: como un nuevo comienzo del cristianismo en ruptura con lo anterior o como una reforma en continuidad con la tradición y sus fuentes originarias. Su elección manifestó la voluntad de poner al frente de la Iglesia a un hombre con experiencia de la modernidad, a la vez que con experiencia de una fe vivida, en fidelidad teórica y decisión práctica. Formado en la cultura centroeuropea (Francia, Bélgica, Alemania...) traía también consigo la experiencia de los países del Este, con lo que el marxismo teórico, el socialismo real y un ateismo consecuente significan para el hombre y la sociedad
¿Cómo nos aparece su figura en la distancia objetiva que dan estos dos años? Una característica permanente de su pontificado vino y quedó dada por sus primeras palabras: «No tengáis miedo». El, procedente de una nación sucesivamente arrasada por el nazismo y el marxismo, transmitía como primer mensaje a la Iglesia y a la Humanidad la confianza en sí mismas, la capacidad para ser soberanas de su destino, la invitación a salir del sentimiento de impotencia o resignación fácil. Y en un segundo momento la esperanza: por la abertura a la capacidad iluminadora, transformadora y santificadora de la fe en Cristo. «Abríos a Jesucristo, otorgadle confianza, dejaos llevar de su mano, remad mar adentro».
Tras años de discusiones en torno a líneas conciliares, complejidad de teologías o legitimidad de ideologías, que habían agitado los últimos años de Pablo VI, él proponía a todos la posibilidad y sencillez, la belleza y la grandeza del ser cristiano. Las dificultades existen pero ellas como tales no crean una duda de fondo sobre la verdad de la fe, ni los problemas pueden llevarnos a una actitud de tristeza, miedo o perplejidad. Su figura apareció en los escenarios del mundo como la de un creyente y orante, sencillo y profundo, con una religiosidad clásica pero atrevida, modernísima en actitudes y relaciones. El hombre de teatro que había sido en su juventud se plantaba ahora en el tablado con el evangelio como libreto de su drama para proclamar ante el auditorio mundial la gloria de creer y la alegría de ser Iglesia. Esa sencillez suya no era ingenuidad ni su coraje el resto de una cultura que no hubiera conocido los problemas de la crítica de la religión en Occidente durante el último siglo. Eran fruto de una profunda potencia de oración, acrecida desde los años de su juventud en familia, en soledad, en entrega a la causa de la nación y de la Iglesia, en su decisión de ser sacerdote y en su batalla por la libertad.
Esa primera característica se redoblaba con la confianza en el hombre. En la encíclica programática «Redemptor hominis» formulaba su lema como Papa y marcaba el programa para todos: «El hombre es el camino de la Iglesia». Ésta debe avanzar por los montes y laderas por los que los hombres avanzan, luchan, viven y mueren. De ahí nació su pasión por entrar en contacto con todos: naciones, regímenes, religiones, minorías cercanas o lejanas. Este es el sentido de sus viajes: llegar a los recodos más extraños para ver el rostro de cada grupo humano diferenciado. Para todos es el Evangelio y el Evangelio tiene que aprender a su vez de todos, porque en cada humano se revela algo de Cristo. La frase que quizá más veces ha citado, en discursos y textos, está tomada del Concilio Vaticano II: «Cristo se ha unido en cierto modo con cada hombre» (GS 22).
¿Cómo aparece ahora su acción hacia adentro de la iglesia? ¿Cuál fue el equilibrio que él vivió entre esas tres funciones del ministerio episcopal: santificación por la celebración y acercamiento de las fuentes sacramentales ofrecidas por Cristo; magisterio o proposición del evangelio como forma de vida para conformarnos con aquel reviviendo sus comportamientos en el mundo; régimen o ejercicio de su autoridad suprema de gobierno en la Iglesia? Sus celebraciones eucarísticas se convirtieron en grandes expresiones públicas de la fe, unidad de la Iglesia, comunión de las iglesias particulares con la Iglesia universal a través de la unión con el Papa. Su magisterio fue tan abundante, que a algunos les ha parecido excesivo, con el peligro de traspasar los límites entre autoridad de obispo y pretensión de teólogo y también de dejar en la sombra las iniciativas e ideas del resto del episcopado ante esa incesante proliferación de textos suyos.
En las cuestiones de gobierno, ¿otorgó demasiada confianza a las instituciones establecidas, para que realizasen decisiones y nombramientos en la Curia y en las distintas naciones, reservándose las sedes episcopales especialmente decisivas? Su lugar de gozo estaba en la abertura al mundo, en el diálogo con las masas, en la proclamación directa de Dios, de la aportación de lo que son los ideales cristianos como el amor y la vida frente a la cultura de la muerte y del sexo, de la solidaridad y fraternidad frente a la discriminación y el odio, de la faz reconciliadora y conjuntiva que proyecta el Crucificado sobre todos los hombres. ¿Significó esto que dejara el gobierno de la Iglesia en otras manos, que no otorgaran tanta confianza a las grandes ordenes religiosas clásicas como a los nuevos movimientos y fuera más critico con aquellas que con éstos? ¿Están envejecidas aquellas y florecientes éstos, como piensa alguno? ¿Cómo valorar la crisis o crecimiento vocacional en unos y otros?
Desde el punto de vista doctrinal, dada su amistad, confianza y colaboración durante tantos años con quien le ha sucedido, se hace difícil una valoración. Parece que él no quiso zanjar demasiadas cuestiones y prefirió ejercitar una palabra que animara y confortara. Monseñor J. Clemens, secretario particular de Benedicto XVI durante 19 años, describe la diferencia entre esta extensión de la mirada a todos los problemas, propia de Juan Pablo II, y la concentración de su sucesor ya en sus 80 años: «El pontificado de Benedicto XVI se caracteriza por la concentración en las cuestiones esenciales del mensaje cristiano y una profundización en la fe».
¿Qué legado viviente nos queda de él? Su fe profunda, su humanidad cercana, su amor a todo lo que nace y crece fuere donde fuere, su identificación con el Cristo doliente. Frente a los maestros de la sospecha él fue un admirable maestro de la confianza, ejemplo de fidelidad y testigo de heroísmo hasta el final. La confianza nos hace críticos a la vez que amorosos, crea cercanía en lugar de lejanía o resentimiento. Por eso tuvo eco mundial su persona y sus funerales fueron la despedida de una humanidad entristecida por la pérdida de un hermano a la vez que de un padre. También se entiende el clamor de quienes proclamaban «el santo» y piden su rápida canonización. Su sucesorhizo con él la excepción (abrir el proceso sin esperar los cinco años) como él había hecho con la Madre Teresa. Por su honor y por el de todos es bueno que se sigan los mismos pasos con el tiempo y mesura que se reclaman para cualquier fiel cristiano canonizable.
OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL
de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
Jose Vilas Nogueira, Politics show
lunes 2 de abril de 2007
JOSÉ VILAS NOGUEIRA
memoria dE Los días
Politics show
Aunque en el lenguaje de los especialistas sea difícil ofrecer una definición precisa, dadas las múltiples aplicaciones que ha recibido, entre nosotros solemos aplicar el anglicismo reality show a aquellos programas de televisión que, mediante su trivialización y deformación, nos ofrecen como realidad una caricatura de la misma. El principal instrumento de la suplantación es el recurso al protagonismo, al menos aparente, de lo que en tiempos se llamó el "hombre de la calle"; el individuo del común, podríamos decir hoy en mejor castellano. La simplificación de su complejo significado técnico nos viene facilitada porque la importación al español de la palabra show se ha reducido a su acepción de "espectáculo", preferentemente "espectáculo de variedades" (admitida ya por el Diccionario de la Real Academia).
Por tanto, con la expresión politics show sugiero el tratamiento de cuestiones o la entrevista a líderes políticos con el objetivo de suplantar la realidad por su caricatura, propios de los reality, mediante la utilización de individuos del común como sedicentes representantes del pueblo. Nada que ver, por tanto, con el programa de la BBC del mismo título que, en un tono más o menos desenfadado, es un programa de noticias y entrevistas políticas; no un show, en el sentido español.
Uno de los objetivos fundamentales de la demagogia contemporánea es la destrucción de la categoría de ciudadano. Ante la siempre creciente atribución de consecuencias jurídicas a las connotaciones del ciudadano (de región, de sexo, de raza, de religión, de edad, de estándar económico, de tipo de empleo, etc.), éste se seca y se extingue, cual esos árboles, otrora vigorosos, atacados por nubes de malignos parásitos. Y, paralelamente, el interés general sucumbe en un maremágnum de acuerdos particularizados de los partidos gobernantes con particulares corporaciones y asociaciones. La sedicente democracia progresista sirve como velo y legitimación de la colusión entre los teóricos representantes del interés general con los egoísmos particulares de minorías activistas. No es otra cosa que un corporativismo salvaje.
Muertos los ciudadanos, la benévola Televisión Española ha evocado sus espíritus para que, en un politics show pregunten al presidente del Gobierno. Al mismo presidente que no contesta en el Congreso; al mismo presidente que "hizo honor" a su promesa de declaración parlamentaria sobre una grave cuestión, callando en el hemiciclo pero convocando una rueda de prensa en una oscura salita del Palacio de San Jerónimo, "confundiendo" la institución con el edificio. Sí, la TVE invitó a cien ciudadanos a formular preguntas a este hombre.
Y, claro, así salió el show. Lo que ha sido más destacado es que Zapatero no sabe lo que cuesta un café. No es grave; lo malo es que tampoco sepa lo que vale un peine. Los ciudadanos estuvieron muy modositos, tratando de usted al presidente, y el presidente estuvo confianzudo, como buen déspota, tuteándolos cariñosamente. Los ciudadanos, supongo, pudieron preguntar lo que quisieron. El presidente contestó lo que le vino en gana, y claro, los ciudadanos no pudieron replicar. El profuso, confuso y difuso bla, bla, bla zapatético agotó el tiempo sin responder a más de la mitad de los convocados, que hubieron de regresar a sus casas con la miel en los labios. Pero no hubo crispación; sólo buen rollito. El opiáceo funcionó, aunque yo, puesto a ver realities, prefiero a los profesionales. Incluso a Isabel Gemio, que es más cursi que la antaño famosa niña de la estación, pero no tanto como Zapatero.
JOSÉ VILAS NOGUEIRA
memoria dE Los días
Politics show
Aunque en el lenguaje de los especialistas sea difícil ofrecer una definición precisa, dadas las múltiples aplicaciones que ha recibido, entre nosotros solemos aplicar el anglicismo reality show a aquellos programas de televisión que, mediante su trivialización y deformación, nos ofrecen como realidad una caricatura de la misma. El principal instrumento de la suplantación es el recurso al protagonismo, al menos aparente, de lo que en tiempos se llamó el "hombre de la calle"; el individuo del común, podríamos decir hoy en mejor castellano. La simplificación de su complejo significado técnico nos viene facilitada porque la importación al español de la palabra show se ha reducido a su acepción de "espectáculo", preferentemente "espectáculo de variedades" (admitida ya por el Diccionario de la Real Academia).
Por tanto, con la expresión politics show sugiero el tratamiento de cuestiones o la entrevista a líderes políticos con el objetivo de suplantar la realidad por su caricatura, propios de los reality, mediante la utilización de individuos del común como sedicentes representantes del pueblo. Nada que ver, por tanto, con el programa de la BBC del mismo título que, en un tono más o menos desenfadado, es un programa de noticias y entrevistas políticas; no un show, en el sentido español.
Uno de los objetivos fundamentales de la demagogia contemporánea es la destrucción de la categoría de ciudadano. Ante la siempre creciente atribución de consecuencias jurídicas a las connotaciones del ciudadano (de región, de sexo, de raza, de religión, de edad, de estándar económico, de tipo de empleo, etc.), éste se seca y se extingue, cual esos árboles, otrora vigorosos, atacados por nubes de malignos parásitos. Y, paralelamente, el interés general sucumbe en un maremágnum de acuerdos particularizados de los partidos gobernantes con particulares corporaciones y asociaciones. La sedicente democracia progresista sirve como velo y legitimación de la colusión entre los teóricos representantes del interés general con los egoísmos particulares de minorías activistas. No es otra cosa que un corporativismo salvaje.
Muertos los ciudadanos, la benévola Televisión Española ha evocado sus espíritus para que, en un politics show pregunten al presidente del Gobierno. Al mismo presidente que no contesta en el Congreso; al mismo presidente que "hizo honor" a su promesa de declaración parlamentaria sobre una grave cuestión, callando en el hemiciclo pero convocando una rueda de prensa en una oscura salita del Palacio de San Jerónimo, "confundiendo" la institución con el edificio. Sí, la TVE invitó a cien ciudadanos a formular preguntas a este hombre.
Y, claro, así salió el show. Lo que ha sido más destacado es que Zapatero no sabe lo que cuesta un café. No es grave; lo malo es que tampoco sepa lo que vale un peine. Los ciudadanos estuvieron muy modositos, tratando de usted al presidente, y el presidente estuvo confianzudo, como buen déspota, tuteándolos cariñosamente. Los ciudadanos, supongo, pudieron preguntar lo que quisieron. El presidente contestó lo que le vino en gana, y claro, los ciudadanos no pudieron replicar. El profuso, confuso y difuso bla, bla, bla zapatético agotó el tiempo sin responder a más de la mitad de los convocados, que hubieron de regresar a sus casas con la miel en los labios. Pero no hubo crispación; sólo buen rollito. El opiáceo funcionó, aunque yo, puesto a ver realities, prefiero a los profesionales. Incluso a Isabel Gemio, que es más cursi que la antaño famosa niña de la estación, pero no tanto como Zapatero.
Carlos Luis Rodriguez, Una judiada
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Una judiada
El diputado Francisco Rodríguez ha tenido una encomiable iniciativa al pedir la derogación de las acepciones peyorativas de gallego. En concreto, tonto y tartamudo lograron pasar el filtro de los académicos e instalarse comódamente en el diccionario. Los etimologistas sabrán cuál es el origen de esta asociación, pero tan interesante como su origen es su continuidad a través del tiempo, cuando ya los usuarios de estas versiones de lo galaico saben que se trata de un tópico sin relación con la realidad.
¿Por qué se perpetúan estos significados? Por comodidad, tal vez. A los usuarios les resulta más cómodo mantenerlos vigentes que cuestionarlos. Los estereotipos sobre personas, pueblos, razas y culturas tienen una fuerza extraordinaria. Lo demuestra el propio diccionario de la Real Academia Española, donde se pueden encontrar las expresiones irse a la francesa, engañar como a un chino, o hacer una judiada.
Una judiada precisamente es lo que le están haciendo a ese militante nacionalista de Vigo, acusado de secundar el imperialismo sionista por formar parte de una asociación que promueve la amistad entre el pueblo gallego y el israelí. En pura coherencia, el mismo parlamentario que se subleva contra los clichés vejatorios con los gallegos, debiera hacer lo propio con estos dogmas impropios de un partido laico. En este caso además, el tópico xenófobo no sólo afecta al diccionario sino a los principios políticos, hasta el punto de que el simpatizante imperialista tiene un pie en la calle.
Pocos pueblos debieran ser más admirables para un nacionalista como el judío. Después de una lucha inmemorial, consigue formar un Estado, integrado por gentes de diferentes procedencias que al principio sólo están unidas por su sentimiento nacional. ¿Qué decir del idioma? Rescatan el suyo de entre las piedras del desierto y los guetos europeos, convirtiéndolo en lengua oficial, un sueño para cualquier defensor actual de la normalización lingüística.
Si ese nacionalista es además de izquierdas, tiene en ese mismo Estado una de las pocas experiencias con éxito de colectivismo. No hay nada parecido al kibutz que implantan los colonos laboristas. Frente al marxismo teórico (obra de un famoso judío alemán), David Ben Gurión y los suyos protagonizan otro práctico, del cual aún quedan algunas reminiscencias.
Sin embargo, todos esos méritos no valen nada cuando se enfrentan a los atavismos. Para el sanedrín del BNG vigués, no sólo es mala la política actual del Gobierno israelí, cosa con la que es fácil estar plenamente de acuerdo, sino la historia entera del Estado hebreo. De acuerdo con los lugares comunes que rigen la actitud nacionalista sobre la materia, ser amigo del pueblo israelí no es compatible con serlo del palestino. Admirar la lucha de estos entra en contradicción con reconocer la larga marcha de aquellos en pos de su nación.
Por las informaciones que llegan, ni siquiera el incidente ha servido para estimular un debate. Al igual que los sudamericanos que equiparan gallego con tartamudo, hay nacionalistas que asocian Israel con Satanás, sin atreverse a argumentarlo. Sucedería lo mismo si Gómez-Valadés, el ladino del episodio, estuviera involucrado en una asociación anticastrista.
Castro es otro imperialista que intervino en conflictos extranjeros y apoyó guerrillas fuera de Cuba, pero su figura será intocable para estos dirigentes que, acaso sin saberlo, repiten argumentos usados tiempo ha por los Reyes Católicos.
a bordo
Una judiada
El diputado Francisco Rodríguez ha tenido una encomiable iniciativa al pedir la derogación de las acepciones peyorativas de gallego. En concreto, tonto y tartamudo lograron pasar el filtro de los académicos e instalarse comódamente en el diccionario. Los etimologistas sabrán cuál es el origen de esta asociación, pero tan interesante como su origen es su continuidad a través del tiempo, cuando ya los usuarios de estas versiones de lo galaico saben que se trata de un tópico sin relación con la realidad.
¿Por qué se perpetúan estos significados? Por comodidad, tal vez. A los usuarios les resulta más cómodo mantenerlos vigentes que cuestionarlos. Los estereotipos sobre personas, pueblos, razas y culturas tienen una fuerza extraordinaria. Lo demuestra el propio diccionario de la Real Academia Española, donde se pueden encontrar las expresiones irse a la francesa, engañar como a un chino, o hacer una judiada.
Una judiada precisamente es lo que le están haciendo a ese militante nacionalista de Vigo, acusado de secundar el imperialismo sionista por formar parte de una asociación que promueve la amistad entre el pueblo gallego y el israelí. En pura coherencia, el mismo parlamentario que se subleva contra los clichés vejatorios con los gallegos, debiera hacer lo propio con estos dogmas impropios de un partido laico. En este caso además, el tópico xenófobo no sólo afecta al diccionario sino a los principios políticos, hasta el punto de que el simpatizante imperialista tiene un pie en la calle.
Pocos pueblos debieran ser más admirables para un nacionalista como el judío. Después de una lucha inmemorial, consigue formar un Estado, integrado por gentes de diferentes procedencias que al principio sólo están unidas por su sentimiento nacional. ¿Qué decir del idioma? Rescatan el suyo de entre las piedras del desierto y los guetos europeos, convirtiéndolo en lengua oficial, un sueño para cualquier defensor actual de la normalización lingüística.
Si ese nacionalista es además de izquierdas, tiene en ese mismo Estado una de las pocas experiencias con éxito de colectivismo. No hay nada parecido al kibutz que implantan los colonos laboristas. Frente al marxismo teórico (obra de un famoso judío alemán), David Ben Gurión y los suyos protagonizan otro práctico, del cual aún quedan algunas reminiscencias.
Sin embargo, todos esos méritos no valen nada cuando se enfrentan a los atavismos. Para el sanedrín del BNG vigués, no sólo es mala la política actual del Gobierno israelí, cosa con la que es fácil estar plenamente de acuerdo, sino la historia entera del Estado hebreo. De acuerdo con los lugares comunes que rigen la actitud nacionalista sobre la materia, ser amigo del pueblo israelí no es compatible con serlo del palestino. Admirar la lucha de estos entra en contradicción con reconocer la larga marcha de aquellos en pos de su nación.
Por las informaciones que llegan, ni siquiera el incidente ha servido para estimular un debate. Al igual que los sudamericanos que equiparan gallego con tartamudo, hay nacionalistas que asocian Israel con Satanás, sin atreverse a argumentarlo. Sucedería lo mismo si Gómez-Valadés, el ladino del episodio, estuviera involucrado en una asociación anticastrista.
Castro es otro imperialista que intervino en conflictos extranjeros y apoyó guerrillas fuera de Cuba, pero su figura será intocable para estos dirigentes que, acaso sin saberlo, repiten argumentos usados tiempo ha por los Reyes Católicos.
M. Ruiz Soroa, ¿Quien es el bilingüe?
lunes 2 de abril de 2007
REFLEXIONES SOBRE LA POLÍTICA LINGÚÍSTICA (I)
¿Quién es el bilingüe?
. M. RUIZ SOROA
Escribía hace ya quince años Aurelio Arteta que el problema esencial que plantea la política lingüística es la del 'por qué', es decir, la cuestión de su legitimidad. Y lo triste es que seguimos igual hoy todavía. Porque lo que sólitamente escuchamos debatir a nuestros representantes políticos son simples matices, los del 'cómo', el 'cuánto' o el 'en qué grado' de la euskaldunización. Cuando de lo que hablan tantos y tantos ciudadanos en voz baja no es de modulaciones sino de razones. Lo otro, los matices, no son sino las patéticas escaramuzas de retaguardia que libra una izquierda en franca desbandada desde el momento mismo en que admitió sin oposición el principio de donde nació toda la política lingüística: el de que los ciudadanos vascos deben llegar a ser bilingües. Pues bien, es ante este mismo principio ante el que la razón crítica dice: ¿Por qué?Una política que pretenda cambiar la realidad requiere una justificación que la legitime. Si se cambia la distribución social de la renta es por razones de justicia; si se modifica la situación respectiva de los ciudadanos de uno y otro sexo es por igualdad. Por eso, cuando el poder público decide convertir coactivamente en hablantes del euskera a quienes no lo son, surge imperiosa la necesidad de una justificación; máxime cuando esa política afecta al ámbito privado y autónomo de la persona, es decir, es una política intervencionista Y no vale argüir que esa política se ha decidido democráticamente por el Parlamento, pues eso vale tanto como el «sic volo sic iubeo, stat pro rationae voluntas» de Juvenal (así lo mando porque así lo quiero, la voluntad vale como razón). Porque no se discute de la legalidad de la política intervencionista, sino de su legitimidad, la cual requiere mejores argumentos que los votos de la mayoría.No ignoro, claro está, que existe un pretendido discurso legitimador de la política lingüística asimilacionista. Habría que estar sordo para no escuchar la serie argumentativa que pretende justificar los objetivos perseguidos por ella. Lo que sucede, dicho crudamente, es que todos esos pretendidos argumentos no son sino una asombrosa montaña de falacias, paralogismos y metáforas inadecuadas, que ofenden a la razón humana con su solo enunciado. Bien conozco que al hacer esta afirmación tan tajante me arriesgo a recibir una pita universal como engreído presuntuoso, pero me comprometo a demostrarla en las líneas que siguen. Juzguen ustedes.Vayamos en primer lugar con los paralogismos que la lógica denomina 'falacias', y que no son sino razonamientos construidos con aparente corrección pero en los que se ha deslizado (deliberadamente o no) un fallo insubsanable. Las falacias se han clasificado desde la antigüedad en familias, de las cuales nos interesa ahora la de las 'falacias de composición y de división'. La falacia de composición consiste en atribuir al conjunto las características propias de los elementos individuales que lo componen: «Todos los hombres tienen una madre, la Humanidad tiene una madre», ejemplificaba Bertrand Russell. Esta falacia es básica en la teoría política del nacionalismo, puesto que permite pasar mágicamente del principio de autonomía individual al derecho de autodeterminación de las naciones: 'Todos los seres humanos tienen derecho a autorregularse, luego las naciones tienen ese derecho'. Pero no nos interesa ahora este paralogismo, sino su inverso, el de 'división', que consiste en atribuir las propiedades del conjunto a cada uno de los elementos que lo componen: 'Esta orquesta es excelsa, luego todos sus miembros son excelentes'. Un salto en el vacío tan obvio como el volatín que se realizaría al decir: 'La sociedad vasca es de centro-izquierda, todos los vascos son de centro-izquierda'.Pues bien, aunque resulte increíble, el principal argumento de la política lingüística gubernamental consiste en una parecida biribilketa lógica: 'La sociedad vasca es bilingüe, luego los vascos son (deben ser) bilingües'. En términos lógicos estamos ante un 'non sequitur': del enunciado no se deduce la conclusión que se pretende, sólo 'parece' que se deduce. Pero esta apariencia se derrumba no bien se reflexiona, o se compara el propuesto con paralogismos semejantes: 'La sociedad española es políticamente plural, luego los españoles son individualmente plurales'. 'El pueblo vasco posee un idioma propio, luego todos los vascos hablan ese idioma propio'. Puras falacias.La falacia organizada sobre el término 'bilingüismo' se completa ordinariamente con otro paralogismo, derivado éste de la idea de igualdad. Dice más o menos lo siguiente: 'En un país bilingüe las dos lenguas deben estar en igualdad de condiciones', lo que, dado que una de ellas es universalmente dominada (el castellano), obliga a que también lo sea la otra. Si así no fuera, no se cumpliría el principio de igualdad de las lenguas. Es bastante obvio, sin embargo, que el principio de igualdad a quien se aplica es a las personas, no a las lenguas, y su enunciado correcto dice: En un país bilingüe todos los ciudadanos tienen los mismos derechos lingüísticos; es decir, tienen derecho a ser atendidos por la Administración en la lengua de su elección sin discriminación entre ellos. Las lenguas son objetos o instrumentos, no sujetos, y no tienen ningún 'derecho a ser iguales'. Y, si no lo ven así, piensen por un momento en el siguiente razonamiento: 'Todos los ciudadanos pueden profesar libremente la religión que deseen; luego todas las religiones existentes en el país tendrán la misma difusión, número de fieles y ayudas estatales'. O en éste: 'Todos los ciudadanos tienen derecho a una vivienda, todas las viviendas son iguales'. Una cosa es la igualdad de los sujetos del derecho y otra muy distinta la igualdad de los distintos objetos de ese derecho. Nuestro discurso oficial cae una y otra vez en la confusión entre ciudadanos y lenguas para poder justificar lo injustificable.Al lado de los paralogismos se sitúan las metáforas deslizantes; es decir, las que inducen a pensar incorrectamente la realidad y llevan a conclusiones erróneas (las 'metáforas que nos piensan'); ejemplos señeros son las de la 'riqueza' y el 'patrimonio': 'El plurilingüismo es un patrimonio y una riqueza que debemos conservar, fomentar y proteger', nos dicen con extraña unanimidad desde arriba. Bien, es más que discutible que la metáfora sea acertada; estoy seguro de que muchos estarían más de acuerdo con la idea de que la pluralidad de lenguas y culturas es una maldición para la Humanidad, aunque no se atreverán a decirlo en alto, como hizo el poeta de la Biblia que inventó el relato de Babel. Pero bueno, aun admitiendo la metáfora del 'rico patrimonio a conservar', ¿qué se sigue de ella? Pues, si no me equivoco, como mucho se sigue que el Estado debe conservar y cuidar el patrimonio lingüístico en cuestión, pero no veo cómo podría seguirse que los ciudadanos debamos usarlo y practicarlo. Nunca he oído decir que el rico patrimonio artístico religioso español (y mira que es amplio y hermoso) autorice al Estado a exigirnos a los ciudadanos acudir a las iglesias y practicar sus ritos para mantenerlos vivos y operantes. Los ciudadanos no formamos parte del patrimonio, sino que lo poseemos. Lo cuidamos, lo desbaratamos, o lo ignoramos. Es nuestro patrimonio, no nuestro señor.No acaban aquí las metáforas, porque hay otra serie de ellas igualmente poderosas para justificar la conservación obligatoria de la 'riqueza cultural': son las analogías orgánicas. La biodiversidad en el mundo vegetal y animal es un bien indudable, luego la diversidad cultural humana es también un bien. Lo dice así hasta la Unesco, sin parar mientes en que el universo humano no es como el orgánico (en el que habitan especies destructivas, ofensivas y colonizadoras de otras), sino que es un universo habitado por seres morales. Por ello, hay diferencias buenas y las hay malas, pero en cualquier caso ello depende de criterios de valor exógenos a la diversidad misma, tales como la justicia, la igualdad o el amor. La diversidad cultural es en sí misma moralmente neutra.No es verdad que las lenguas 'vivan' o 'mueran'. Eso sólo les pasa a las personas. El euskera desaparecerá, como el castellano desaparecerá (¿acaso lo dudan?), pero seguirán viviendo personas que hablarán 'su' lengua. Su lengua de ellos, claro.
REFLEXIONES SOBRE LA POLÍTICA LINGÚÍSTICA (I)
¿Quién es el bilingüe?
. M. RUIZ SOROA
Escribía hace ya quince años Aurelio Arteta que el problema esencial que plantea la política lingüística es la del 'por qué', es decir, la cuestión de su legitimidad. Y lo triste es que seguimos igual hoy todavía. Porque lo que sólitamente escuchamos debatir a nuestros representantes políticos son simples matices, los del 'cómo', el 'cuánto' o el 'en qué grado' de la euskaldunización. Cuando de lo que hablan tantos y tantos ciudadanos en voz baja no es de modulaciones sino de razones. Lo otro, los matices, no son sino las patéticas escaramuzas de retaguardia que libra una izquierda en franca desbandada desde el momento mismo en que admitió sin oposición el principio de donde nació toda la política lingüística: el de que los ciudadanos vascos deben llegar a ser bilingües. Pues bien, es ante este mismo principio ante el que la razón crítica dice: ¿Por qué?Una política que pretenda cambiar la realidad requiere una justificación que la legitime. Si se cambia la distribución social de la renta es por razones de justicia; si se modifica la situación respectiva de los ciudadanos de uno y otro sexo es por igualdad. Por eso, cuando el poder público decide convertir coactivamente en hablantes del euskera a quienes no lo son, surge imperiosa la necesidad de una justificación; máxime cuando esa política afecta al ámbito privado y autónomo de la persona, es decir, es una política intervencionista Y no vale argüir que esa política se ha decidido democráticamente por el Parlamento, pues eso vale tanto como el «sic volo sic iubeo, stat pro rationae voluntas» de Juvenal (así lo mando porque así lo quiero, la voluntad vale como razón). Porque no se discute de la legalidad de la política intervencionista, sino de su legitimidad, la cual requiere mejores argumentos que los votos de la mayoría.No ignoro, claro está, que existe un pretendido discurso legitimador de la política lingüística asimilacionista. Habría que estar sordo para no escuchar la serie argumentativa que pretende justificar los objetivos perseguidos por ella. Lo que sucede, dicho crudamente, es que todos esos pretendidos argumentos no son sino una asombrosa montaña de falacias, paralogismos y metáforas inadecuadas, que ofenden a la razón humana con su solo enunciado. Bien conozco que al hacer esta afirmación tan tajante me arriesgo a recibir una pita universal como engreído presuntuoso, pero me comprometo a demostrarla en las líneas que siguen. Juzguen ustedes.Vayamos en primer lugar con los paralogismos que la lógica denomina 'falacias', y que no son sino razonamientos construidos con aparente corrección pero en los que se ha deslizado (deliberadamente o no) un fallo insubsanable. Las falacias se han clasificado desde la antigüedad en familias, de las cuales nos interesa ahora la de las 'falacias de composición y de división'. La falacia de composición consiste en atribuir al conjunto las características propias de los elementos individuales que lo componen: «Todos los hombres tienen una madre, la Humanidad tiene una madre», ejemplificaba Bertrand Russell. Esta falacia es básica en la teoría política del nacionalismo, puesto que permite pasar mágicamente del principio de autonomía individual al derecho de autodeterminación de las naciones: 'Todos los seres humanos tienen derecho a autorregularse, luego las naciones tienen ese derecho'. Pero no nos interesa ahora este paralogismo, sino su inverso, el de 'división', que consiste en atribuir las propiedades del conjunto a cada uno de los elementos que lo componen: 'Esta orquesta es excelsa, luego todos sus miembros son excelentes'. Un salto en el vacío tan obvio como el volatín que se realizaría al decir: 'La sociedad vasca es de centro-izquierda, todos los vascos son de centro-izquierda'.Pues bien, aunque resulte increíble, el principal argumento de la política lingüística gubernamental consiste en una parecida biribilketa lógica: 'La sociedad vasca es bilingüe, luego los vascos son (deben ser) bilingües'. En términos lógicos estamos ante un 'non sequitur': del enunciado no se deduce la conclusión que se pretende, sólo 'parece' que se deduce. Pero esta apariencia se derrumba no bien se reflexiona, o se compara el propuesto con paralogismos semejantes: 'La sociedad española es políticamente plural, luego los españoles son individualmente plurales'. 'El pueblo vasco posee un idioma propio, luego todos los vascos hablan ese idioma propio'. Puras falacias.La falacia organizada sobre el término 'bilingüismo' se completa ordinariamente con otro paralogismo, derivado éste de la idea de igualdad. Dice más o menos lo siguiente: 'En un país bilingüe las dos lenguas deben estar en igualdad de condiciones', lo que, dado que una de ellas es universalmente dominada (el castellano), obliga a que también lo sea la otra. Si así no fuera, no se cumpliría el principio de igualdad de las lenguas. Es bastante obvio, sin embargo, que el principio de igualdad a quien se aplica es a las personas, no a las lenguas, y su enunciado correcto dice: En un país bilingüe todos los ciudadanos tienen los mismos derechos lingüísticos; es decir, tienen derecho a ser atendidos por la Administración en la lengua de su elección sin discriminación entre ellos. Las lenguas son objetos o instrumentos, no sujetos, y no tienen ningún 'derecho a ser iguales'. Y, si no lo ven así, piensen por un momento en el siguiente razonamiento: 'Todos los ciudadanos pueden profesar libremente la religión que deseen; luego todas las religiones existentes en el país tendrán la misma difusión, número de fieles y ayudas estatales'. O en éste: 'Todos los ciudadanos tienen derecho a una vivienda, todas las viviendas son iguales'. Una cosa es la igualdad de los sujetos del derecho y otra muy distinta la igualdad de los distintos objetos de ese derecho. Nuestro discurso oficial cae una y otra vez en la confusión entre ciudadanos y lenguas para poder justificar lo injustificable.Al lado de los paralogismos se sitúan las metáforas deslizantes; es decir, las que inducen a pensar incorrectamente la realidad y llevan a conclusiones erróneas (las 'metáforas que nos piensan'); ejemplos señeros son las de la 'riqueza' y el 'patrimonio': 'El plurilingüismo es un patrimonio y una riqueza que debemos conservar, fomentar y proteger', nos dicen con extraña unanimidad desde arriba. Bien, es más que discutible que la metáfora sea acertada; estoy seguro de que muchos estarían más de acuerdo con la idea de que la pluralidad de lenguas y culturas es una maldición para la Humanidad, aunque no se atreverán a decirlo en alto, como hizo el poeta de la Biblia que inventó el relato de Babel. Pero bueno, aun admitiendo la metáfora del 'rico patrimonio a conservar', ¿qué se sigue de ella? Pues, si no me equivoco, como mucho se sigue que el Estado debe conservar y cuidar el patrimonio lingüístico en cuestión, pero no veo cómo podría seguirse que los ciudadanos debamos usarlo y practicarlo. Nunca he oído decir que el rico patrimonio artístico religioso español (y mira que es amplio y hermoso) autorice al Estado a exigirnos a los ciudadanos acudir a las iglesias y practicar sus ritos para mantenerlos vivos y operantes. Los ciudadanos no formamos parte del patrimonio, sino que lo poseemos. Lo cuidamos, lo desbaratamos, o lo ignoramos. Es nuestro patrimonio, no nuestro señor.No acaban aquí las metáforas, porque hay otra serie de ellas igualmente poderosas para justificar la conservación obligatoria de la 'riqueza cultural': son las analogías orgánicas. La biodiversidad en el mundo vegetal y animal es un bien indudable, luego la diversidad cultural humana es también un bien. Lo dice así hasta la Unesco, sin parar mientes en que el universo humano no es como el orgánico (en el que habitan especies destructivas, ofensivas y colonizadoras de otras), sino que es un universo habitado por seres morales. Por ello, hay diferencias buenas y las hay malas, pero en cualquier caso ello depende de criterios de valor exógenos a la diversidad misma, tales como la justicia, la igualdad o el amor. La diversidad cultural es en sí misma moralmente neutra.No es verdad que las lenguas 'vivan' o 'mueran'. Eso sólo les pasa a las personas. El euskera desaparecerá, como el castellano desaparecerá (¿acaso lo dudan?), pero seguirán viviendo personas que hablarán 'su' lengua. Su lengua de ellos, claro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)