miercoles 20 de junio de 2007
Veinte años del horror
El 19 de junio de 1987, hizo ayer 20 años, ETA cometió su atentado más sangriento al reventar en el Hipercor de Barcelona un coche bomba que segó la vida de 21 personas, dejó malheridas a otras 45 y truncó la existencia cotidiana y anónima de todos sus familiares. La matanza evidenció la determinación de la organización terrorista de proseguir con su espiral de violencia con una indiferencia atroz hacia la magnitud del daño causado y también su convicción, reiterada después, de que era posible combinar el estruendo de las armas con los intentos de negociación, plasmados entonces en las conversaciones de Argel. Aunque la brutalidad del atentado despojó a la banda etarra de parte del arropamiento o la condescendencia política y social con que aún contaba, ese despertar ante los devastadores efectos del terrorismo no hizo más que intensificar la crueldad de tantos años de indiferencia ante el sufrimiento acumulado. El atentado de Hipercor sigue suscitando una indignación colectiva difícilmente comparable, pero la imprescindible memoria de aquellas víctimas obliga a rememorar a todas las que ETA produjo antes y las que provocaría en las dos décadas siguientes. Las últimas, hace menos de seis meses en Barajas.La relevancia pública que ha adquirido el homenaje que, por primera vez, convocó oficialmente la Generalitat, o la importancia de las excusas que trasladó hace ahora un año el lehendakari demuestran la cicatería con que las instituciones se han conducido hacia los damnificados por la violencia etarra. Dolorosa prueba de ello es que la mayoría de las víctimas de Hipercor no fueron compensadas hasta la aprobación de la Ley de Solidaridad en 1999, y que buena parte de ellas no han sido resarcidas por el Estado en aplicación de las sentencias judiciales que lo consideraron responsable civil subsidario. Pero si la conmemoración de aquel crimen interpela a alguien es a todos los militantes de la izquierda abertzale que han mantenido hasta la ruptura de la última tregua su silencio cómplice hacia la barbarie de ETA. Hace 20 años, la banda demostró que podía perpetrar el atentado que la sociedad democrática se resistía tan siquiera a imaginar. Los desmarques que se registraron entonces en su entorno sociológico sólo sirvieron para que el resto de las bases radicales pudieran digerir tamaña atrocidad, y se avinieran a acatar en adelante el mandato totalitario de los terroristas.
martes, junio 19, 2007
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