martes 12 de junio de 2007
La confianza tiene su letra pequeña
VALENTÍ PUIG
ZAPATERO y Rajoy escenificaron ayer un capítulo de confianza en el tresillo de La Moncloa, el mismo día que se cumplía un cuarto de siglo de la aparición de E.T. en las pantallas. La Moncloa, en puridad, es la casa de ambos, un hogar transitorio, de domesticidad engañosa, favorable al recelo por su carácter tan pasajero. La confianza, en esencia, es un material político de naturaleza fungible. De hecho la política, por definición, está hecha de sueños pero a la vez de desconfianza. Pagamos al líder de la oposición para que no se fíe del poder, lo controle y le ponga coto. Pagamos al presidente del gobierno para que sea muy parco al administrar la confianza en su política internacional, por ejemplo. Desconfía y acertarás, decía un clásico.
Tal vez no es que gobierno y oposición llevasen demasiado tiempo desconfiando uno del otro, sino que lo hacían notar demasiado. Eso ya era un elemento estático del decorado. La intelectualidad zapaterista insiste desde hace meses en que el PP practica el «glissement à droite» al desconfiar de forma tan estridente -manifestaciones, ardor mediático- de la política de aproximación a ETA que Zapatero mantuvo incluso después del atentado de la Terminal-4. Seguramente eso sea en parte cierto. Lo que no admiten los intelectuales de izquierdas es la posibilidad de que el partido de Rajoy, además de velar por sus intereses electorales y su implantación territorial, hubiese decidido defender aquello que en no poca medida es su razón de ser, como también lo era del PSOE en otro tiempo. Como la viga y la paja, la «intelligentsia» socialista puede ver un simple error de mesura en la táctica de Zapatero pero no acepta que en la hipotética desmesura del PP haya también una cierta conciencia de lo que tiene que ser.
Si la escena de ayer en La Moncloa y las respectivas ruedas de prensa posteriores han incrementado la confianza de la ciudadanía más allá de la dramaturgia fugaz y del zapeo nos lo confirmará o negará la letra pequeña de los próximos días, en caso de que existan en verdad sobre-entendidos y cláusulas a pie de página acordadas por Zapatero y Rajoy para remachar el umbral de la confianza.
Muy fácilmente se atribuye el origen de todas las desconfianzas presentes al talante del gobierno con mayoría absoluta del PP, como si no fuesen también contabilizables el pacto del Tinell, las alianzas parlamentarias de Zapatero, la peregrinación de Carod-Rovira a Perpiñán, la estrategia de aislar al partido de Rajoy o el desmantelamiento del pacto antiterrorista. También es cierto que, por parte del PP, la respuesta fue huracanada. No vale perder de vista la magnitud de lo que estaba y está en cuestión: la ruptura de consensos de la Transición, la propia noción del bipartidismo imperfecto o la tesis de que sacar ventaja en una negociación con ETA es posible.
Al fin y al cabo, el éxito de Spielberg con E.T. se debe a que por primera vez un extraterrestre aparecía como un ser vulnerable y capaz de afectos. Al tiempo que simpática, la confianza también es extremadamente vulnerable. En coincidencia con el aniversario de E.T. y el encuentro de La Moncloa ha fallecido el filósofo Richard Rorty. Inspiró a la izquierda post-moderna introduciendo la personalidad «ironista»: frente a la metafísica, el ironista no cree que las palabras respondan a una realidad exterior ni que nada tenga esencia alguna. Esa es una filosofía de decorado, aplicable a la voluta y el quiebro taumatúrgico, pero de poco sirve para acosar a ETA, llevarla a la cárcel y sentenciarla debidamente.
Si ayer Rodríguez Zapatero le puso una emboscada a Rajoy o si fue Rajoy quien amarró a Zapatero al mástil de la nave va más allá del anecdotario político: incidiría en socavar la legislatura hasta nuevos extremos de desconfianza, tanto entre gobierno y oposición como entre ciudadanía y vida político-institucional. A lo mejor ni Zapatero ni Rajoy saben por ahora si el encuentro de ayer fue algo real o la fantasía de un ironista practicando el funambulismo sobre los valles mito-poéticos de Sabino Arana. De enterarse, los cientos de miles -millones- de españoles que se toman las cosas en serio no lo entenderían.
vpuig@abc.es
martes, junio 12, 2007
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