jueves 21 de junio de 2007
Europa marea la perdiz
POR VALENTÍ PUIG
UN buen número de gobernantes europeos abren la jornada en pantalón corto y camiseta, haciendo «jogging» por algún parque, custodiados por guardaespaldas. Sudan, pierden el aliento, invierten adrenalina. Quieren parecer más jóvenes de lo que son, más dinámicos. Luego irán a la cumbre europea a partir de hoy y se dedicarán a marear la perdiz y presenciar el espectáculo de una Angela Merkel que intenta encajonar al primer ministro polaco Kaczynski o a su hermano presidente. Al igual que los ojeadores en la caza de la perdiz, se trata de que la presa -de vuelo corto- se fatigue lo más rápido posible y quede a merced del cazador. Para eso, las cumbres europeas son un vedado ideal. De hecho, ya ha comenzado el «crescendo» de declaraciones maximalistas, de advertencias drásticas y de tumultos mediáticos que es costumbre practicar para que, cuando se llega a la reunión, haya un apresuramiento de consensos y de distancias que muchas veces quedan limitadas a las tareas de redacción de un comunicado final que luego cada país miembro interpreta «pro domo sua» en rueda de prensa. En realidad, gran parte del proceso está en manos de los veintisiete «sherpas» que van y vienen, negocian y pactan entre bastidores.
Por ejemplo: Londres amenaza con bloquear la idea de un ministro de Exteriores de la UE y también una revisión del Tratado Constitucional; Varsovia se opone frontalmente al sistema de votación; José Manuel Barroso, en nombre de la Comisión Europea, advierte de que no acepta «líneas rojas» ni vetos; Madrid y París proponen más poderes para la UE; Praga quiere una clara división de competencias entre los Estados y Bruselas; Berlín buscar sacar adelante una reformulación del Tratado Constitucional; Portugal no quiere grandes cambios. Hay fluctuaciones constantes, y mucho más a última hora. ¿Todos contra Polonia? Ese es el decorado inicial para la cumbre de dos días, pero ya se barruntan matices en la negociación y aromas transaccionales. La reina madre del encuentro es Angela Merkel, aunque es previsible que Nicolas Sarkozy quiera darse a conocer más y que Tony Blair prepare una despedida sustanciosa.
En términos reales, se trataría de tirar adelante con un Tratado reformado, sin necesidad de consultas populares. No pocos temen que reabrir el armario que dejó cerrado el «no» francés y holandés pueda obligar a abrir otros armarios, pero tampoco hay entusiasmo por una Europa a la carta. De hecho, no hay entusiasmo en ningún sentido. Casi todo tiene un aire de irrealidad. Por eso hay tantos que se dedican a marear la perdiz. Al final, casi todo es negociable. Todos quieren llevarse una perdiz a casa.
Mientras tanto, el último eurobarómetro detecta una opinión generalmente a favor de una Constitución europea, aunque reacia -en el caso de Suecia, Dinamarca o Reino Unido- a que la UE sea un supra-Estado. Los europeos pasan por una fase de bonanza respecto a la UE. Un 59 por ciento ve beneficioso pertenecer a la UE, el porcentaje más alto desde 1991. Holandeses, irlandeses y luxemburgueses son los más euro-optimistas; los menos son la República Checa y Lituania. Otros sondeos indican una apreciación positiva del liderato europeo de Angela Merkel, aunque no en Polonia ni en el Reino Unido.
El vía crucis resultaría liviano si el resultado fuese un nuevo tratado que no sea realmente una Constitución, pero se tiene que contar con que no fueron pocos los países -España, por ejemplo, aunque Zapatero parezca olvidarse- que dieron el sí al Tratado Constitucional inventado por Giscard d´Estaing. El documento resultante pudiera ahora ser una compilación práctica de normas. A partir de ahí vendrían las grandes iniciativas en el orden económico y las reformas del mercado laboral. Europa necesita ser más competitiva, hacer algo con su demografía renqueante, tomarse más en serio su propia seguridad, concertar políticas de inmigración, pensar en Rusia. Hace dos años que el descalabro del Tratado Constitucional mantiene al pairo el proceso institucional europeo. Menos mal que las sociedades -en especial, los empresarios- confían más en el presente que los sumos sacerdotes de Bruselas. Tal vez Angela Merkel consiga reactualizar la dinamo europea. Es de los pocos líderes políticos que parece con ganas de no marear más la perdiz.
vpuig@abc.es
jueves, junio 21, 2007
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