viernes 15 de junio de 2007
Cambios profundos, pero no tanto Fernando González Urbaneja
Decidieron que las elecciones fueran en miércoles, había inquietud por una participación baja que no legitimara el sistema, a que si fuera festivo el personal no concurriera a las urnas. Así que día laboral, pero con unas horas libres y pagadas por las empresas. Algunos se quejaron, ¡el precio de la democracia!, ¡horas de trabajo perdidas! Pero aquello funcionó, fueron a votar 18,6 millones de personas, el 79% del censo, que bendecían definitivamente el salto a la democracia, tras el previo referéndum sobre la reforma política celebrado unos meses antes.
Treinta años después, los 36 millones de población de derecho con nacionalidad española (los que pueden votar en legislativas) son ahora algo más de 40 millones, y los 23,5 millones del censo de votantes potenciales se acercan a los 34 millones. Más crecimiento de votantes que de nacionales por efecto de una menor natalidad y un mayor envejecimiento. Algo más de un tercio de los votantes de 1977 han muerto, de manera que del censo electoral actual sólo la mitad pudieron votar en 1977.
Fue un miércoles luminoso, hubo colas en los colegios electorales y bastante emoción en los votantes. Se ensayaba casi todo: partidos políticos, campañas electorales, mítines, carteles, recuentos, asignación de escaños... Todo funcionó aunque con eficacia relativa. El recuento fue agónico; el viaje de las actas de las mesas hasta las oficinas de correos, accidentado; la captación y agregación de los votos, lenta; la asignación de escaños con el sistema proporcional corregido previsto en la ley electoral, problemática.
Peridis ilustró a Martín Villa, el ministro del Interior encargado del proceso electoral, con la perola en la cabeza, cocinando las elecciones. Algunos imaginaron (la pasión por la conspiración es eterna) que lo de la perola significaba apaño, trampas (como las de la restauración) en las urnas. Nadie lo ha acreditado, pero sostengo que aquél y los demás fueron procesos limpios y solventes.
Hasta mediodía del jueves no hubo datos aproximados solventes, y hasta pasados varios días no quedó establecido el reparto de los escaños, la UICN ganó uno y el PCE lo perdió. Quedaron frustrados los herederos del régimen, los “siete magníficos” de AP, que cosecharon 16 escaños, cuarta fuerza política, de hecho fuerza inútil, aunque colocaron un diputado, Fraga, en la ponencia constitucional. Frustrados también los comunistas de Carrillo, que aspiraban a ser la fuerza de la izquierda, la legítima oposición por méritos acumulados. Los 19 escaños obtenidos (1,7 millones de votos) les condenaban a cierta irrelevancia. También colocaron un “padre constitucional”, el profesor Solé Tura, y desempeñaron un papel determinante para que la izquierda asumiera los “Pactos de la Moncloa”, prólogo de la Constitución. Y frustrados los democristianos con siglas propias: 215.000 votos, poco más del 1% y ningún escaño.
¿Qué ha cambiado en el mapa electoral desde entonces? Pues poco, sólo queda un tercio de aquellos votantes, pero el reparto de votos ha mutado poco. La derecha que hoy es el PP y que entonces se expresaba por UCD y AP ha perdido algún punto. Entonces sumó el 44%, que sólo alcanzó Aznar en el año 2000. Los socialistas, rama PSOE y familia Tierno, obtuvieron entonces el 36%, que ha sido su suelo permanente. Los comunistas, mudados a ecocomunistas, han ido menguando del 10% a la mitad. Y los nacionalistas catalanes y vascos siguen, más o menos, donde estaban.
De manera que este país se parece poco al de hace treinta años, que se ha transformado y modernizado en profundidad, pero las preferencias ideológicas y políticas se han modificado mucho menos. Más aun, las diferencias efectivas entre unos y otros gobiernos posibles están en el margen, no son sustanciales.
Una observación final, estamos al borde de la décima legislatura desde entonces, el reparto entre derecha e izquierda ha sido semejante, dos legislaturas para una UCD sin mayoría absoluta que llenaron 64 intensos meses. Cuatro para los socialistas, 162 meses, y ninguna de ellas llegó término a pesar de las tres mayorías absolutas. Dos legislaturas completas para el PP de Aznar, una de ellas con mayoría absoluta y la otra con 156 escaños con los que pudo gobernar y bien.
Entre 1977 y el 2004, 27 años, izquierda y derecha se repartieron legislaturas cuatro para cada uno y tiempos, 160 meses para cada formación. La legislatura actual, la novena, con mayoría relativa, es la del desempate, la que otorga un sesgo socialista a esta larga y fértil historia democrática.
FGUrbaneja@wanadoo.es
jueves, junio 14, 2007
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1 comentario:
El hijo del Sr. Urbaneja, Director de los Servicios Informativos de la Cadena de Televisión Cuatro
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