miércoles, junio 20, 2007

Senadores y diputados no pueden permitirse despistes ni frivolidades

Senadores y diputados no pueden permitirse despistes ni frivolidades
Elsemanaldigital.com

21 de junio de 2007. El pasado martes veintidós senadores del Grupo Popular en la Cámara Alta faltaron a la votación sobre el techo de gasto de los Presupuestos Generales del Estado para el trienio 2008-2011 propuesto por el ministro de Economía, Pedro Solbes. Como es sabido, el PP tiene mayoría en el Senado y el Gobierno pudo vencer inesperadamente una votación que tenía muy difícil. Quince de los senadores populares tenían razones para ausentarse y permiso para hacerlo (fundamentalmente para asistir a la constitución de diversos legislativos autonómicos). El líder de su Grupo en el Senado, Pío García-Escudero, sancionará económicamente a los otros siete. El caso, no obstante, debe tener consecuencias políticas. El Senado tiene una utilidad discutible y discutida en nuestra actual Constitución; pero mientras ésta no se modifique está claro que los senadores son representantes elegidos de la soberanía nacional, con su nombre y apellidos, con su sueldo y sus privilegios. Si el PP tiene 124 senadores es porque ostenta una representación territorial más fuerte que la del PSOE, y porque los ciudadanos quisieron que su voz se escuchase así con fuerza en el palacio de la plaza de la Marina Española en Madrid. Mantener la Cámara es demasiado costoso como para que los senadores se lo puedan tomar a broma, sobre todo cuando el PP ha hecho bandera de lo que allí se votaba, la contención del gasto público y la austeridad de la Administración, frente al despilfarro y frente a las concesiones a los nacionalistas. En el siglo XIX, en tiempos del parlamentarismo clásico, una situación como la del martes podría dar lugar a obligadas dimisiones; al fin y al cabo -habrían dicho en aquel tiempo por igual moderados y progresistas, unionistas y puritanos-, un senador que representa al conjunto de los ciudadanos no puede defraudar la confianza de éstos, y si lo hace debe reconocer su error y apartarse de la vida pública para que otro cumpla más fiel y eficazmente las obligaciones del cargo. En el siglo XXI tanto rigor parece fuera de lugar, pero las conclusiones deben ser similares en esencia: estas cosas no pueden suceder si se quiere garantizar el funcionamiento del sistema y la fuerza del Estado. Un patinazo así es tanto más grave para el PP en este momento. Si el PP se propone a sí mismo como alternativa viable al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, al que se reprocha falta de cohesión, improvisación y escasa seriedad entre otras cosas, los parlamentarios populares deben dar una imagen claramente distinta. Y más aún porque Pío García-Escudero, que ya ha dirigido la campaña electoral de las municipales y autonómicas, parece llamado a ser jefe de la próxima campaña de Mariano Rajoy. Sea, pero sin deslices.

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