martes, junio 19, 2007

Rafale Rojas, Francia como ejemplo

Francia como ejemplo
Rafael González Rojas

19 de junio de 2007. Los franceses han ratificado en la segunda vuelta de las elecciones legislativas el cambio que tan clamorosamente habían pedido cuando eligieron presidente a Nicolas Sarkozy. Tantas elecciones en sólo tres meses –cuatro, una tras otra- no les han cansado. Al contrario, en esta última se han permitido practicar algunos retoques. Así, aunque han reiterado la mayoría absoluta de la UMP de Sarkozy, le han rebajado la dosis de apoyo parlamentario. De los 359 escaños que tenía baja a 314, mientras que los socialistas, lejos de debilitarse, suben: de 149 a 185 diputados. La abstención ha sido del 40%. En una Asamblea, de 577 escaños, los 314 diputados de la UMP, más 32 de sus aliados, gozan de una apacible mayoría. Sarkozy tiene por delante un lustro como presidente ejecutivísimo de la República, gracias a la Asamblea Nacional que los ciudadanos -no las alianzas y trapacerías de los partidos, sino la eficacia depuradora de la segunda vuelta- le han otorgado para que su gestión no sufra zancadillas ni trastornos. A pesar de lo cual, no lo va a tener fácil. Son muchos los problemas con que ha de enfrentarse; pero ha de servirle de estímulo comprobar que la sociedad francesa ha captado su voluntad de resolverlos con energía, y consciente del estado depresivo en que la había colocado Jacques Chirac, le ha dado los medios legislativos necesarios para revitalizar al país. Esta actitud del electorado francés, cuya madurez política no le permite cruzar ninguna raya roja que le despeñe en aventuras irresponsables, es sin duda lo más relevante del último proceso electoral francés. Es la mejor baza con que cuenta Sarkozy para llevar adelante sus ambiciosos proyectos. Después de eso puede hablarse de que el nuevo Ejecutivo ha prometido rebajar impuestos y adoptar otras medidas fiscales que incrementen el poder adquisitivo y estimulen la economía y la creación de empleo. La Seguridad Social adolece de una salud muy delicada y está necesitada de que la atiendan en Urgencias. La delincuencia juvenil será reprimida con dureza, en especial las reincidencias. La tradicional política de acogida francesa va a ser escrupulosamente revisada debido a las modernas circunstancias. Un nuevo Ministerio va a encargarse de la inmigración e integración y de los problemas derivados, que tanto han incidido en la sociedad francesa en los últimos decenios. Esto es sólo un apunte de lo más sobresaliente. Una amplia mayoría de los franceses ha captado que el mensaje de Sarkozy promete afrontar sin paños calientes el declive que venía sufriendo el país. Y le ha dado su confianza. Ahora sólo falta comprobar si es posible abordar tantos problemas de fondo de una vez. O a las primeras de cambio, es decir, cuando empiece a funcionar una oposición socialista más fuerte de lo previsto, cuando la presión de las organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes se haga notar, o cuando los sindicatos, las asociaciones de funcionarios, de jueces, etc. comiencen a protestar porque crean conculcados sus intereses, no se volverá a caer en el escepticismo del "quien mucho abarca poco aprieta", y otra vez se retorne al desaliento nacional. Pero no lo creo.

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