jueves, junio 21, 2007

Primo Gonzalez, Los mayores, una poblacion en ascenso

jueves 21 de junio de 2007
Los mayores, una población en ascenso Primo González

El Ministerio de Trabajo viene realizando desde hace unos años un meritorio esfuerzo por clarificar el que ya es uno de los problemas principales de la sociedad española (y del mundo desarrollado), el del envejecimiento de la población. Hay pocas cosas mejores que conocer los problemas y tener los datos reales en la mano antes de afrontar su solución. Y el de la vejez es un serio problema al que se enfrentan las sociedades occidentales, problema que tiene precisamente su origen en un éxito, el de los avances de la sanidad y la generalización de los avances de la Medicina en la lucha contra el padecimiento de los seres humanos.
El problema del envejecimiento de la población nos ha pillado casi de sopetón, es una auténtica novedad porque, si bien siempre han existido personas mayores en las familias, nunca han sido ni tan numerosas en proporción ni a la sociedad nos ha pillado en condiciones tan complejas para abordar su tratamiento. Antes, la coexistencia en una misma mesa familiar de cuatro generaciones era un caso poco frecuente. Cuando coexistían cinco generaciones, el asunto ya era de reportaje de periódico. Pero ahora estas situaciones empiezan a ser algo más habituales y no sólo en los pueblos, en donde las virtudes de la vida rural y pastoril suelen ser más proclives a la duración de los individuos.
El envejecimiento de la población ha coincidido además con un acortamiento de la vida laboral de las personas, de modo que aquellos 65 años, que eran la esperada frontera de la anhelada jubilación, se han ido acordando a la baja por razones varias, algunas de ellas relacionadas con el progreso económico y otras con el empuje de las nuevas generaciones, la más rápida rotación de las habilidades profesionales, la aceleración en la implantación de las tecnologías y otras. Ahora no hay mucha gente trabajando con más de 65 años de edad.
Las estadísticas oficiales dicen que solamente un 2% de la población activa sigue en el tajo después de haber cumplido los 65 años de edad. Unos 140.000 españoles en cifras absolutas. Es decir, que prácticamente no hay españoles en activo que puedan hablar con propiedad de lo que era la España de la Guerra Civil ni mucho menos de la de antes. La frontera de la experiencia, para los más veteranos, empieza ya prácticamente en los años 70, en los del inicio del desarrollismo, cuando España hizo el tránsito rapidísimo desde la vida rural a la urbana.
La memoria colectiva prácticamente ha borrado aquellas imágenes de la España emigrante (aunque no lo parezca ahora, en realidad España ha sido históricamente un país de emigrantes), cuando cientos de miles de ciudadanos no tenían mejor horizonte que hacerse un atillo con casi lo único que tenían y emigrar hacia las emergentes y casi ya prósperas ciudades alemanas y francesas de entonces. Toda esa gente volvió y forma parte ahora del colectivo de jubilados a los que con mejor o peor acierto esta sociedad trata de encontrarles un cierto hueco de sereno reposo. Pero no por ello dejan de ser un problema. Y un problema que va en aumento.
En la actualidad, los mayores de 80 años (es decir, los nacidos durante el reinado de Alfonso XIII) son casi 2 millones de personas. Los octogenarios han aumentado en un 66% en los últimos tres lustros en contraste con el 13% de aumento de la población española en general. Las proyecciones estadísticas apuntan hacia 6 millones de personas con más de 80 años de edad de aquí a no muchos años. Atender a esta población constituye un desafío notable, que en lo económico será de gran envergadura. Una de sus exigencias será indudablemente la existencia de suficiente población joven y en edad de trabajar capaz de generar las rentas que sean capaces de financiar el enorme coste que implica el mantenimiento de una población tan elevada de ancianos, que requerirán atención de diverso tipo, no sólo médica, parte de la cual deberá prestarse en los lugares de residencia a causa de la escasa movilidad de los afectados.
El desafío es de proporciones desconocidas hasta ahora para el país. Posiblemente sin un replanteamiento de la cultura familiar en la que nos hemos desenvuelto durante los últimos lustros no será posible afrontar este reto con posibilidades de éxito. Un 20% de las personas mayores vive en la actualidad en la más absoluta soledad y el 90% de los mayotes tiene piso propio. Habrá que hilvanar ideas, incluso desde el ángulo financiero, para darle algunas respuestas a tantas necesidades a las que hoy por hoy les vemos difícil salida.

No hay comentarios.: