jueves, junio 14, 2007

Primo Gonzalez, La inflacion que nos acecha

viernes 15 de junio de 2007
La inflación que nos acecha Primo González

El temor a las subidas de los tipos de interés ha sido el argumento principal que han manejado las Bolsas en las dos últimas semanas para sumergirse en una oleada de ventas y de precauciones varias. Los riesgos de subidas de tipos de interés, convertidos en realidad en el caso del Banco Central Europeo (BCE) hace unos días cuando situó el tipo básico de la Eurozona en el 4%, vienen determinados por los temores a un desbordamiento de la inflación. Pero la mayor parte de las señales que estamos viendo en los últimos días, incluso desde hace semanas, ponen de relieve la más que razonable moderación de los precios de consumo en la zona euro. Es probable que esta sucesión de datos de inflación positivos haya logrado persuadir a los inversores de que no tienen sentido sus temores a un endurecimiento monetario que, hoy por hoy, cuenta con insuficientes apoyos argumentales.
Este mismo jueves, Eurostat (la oficina estadística de Bruselas) ha dado a conocer los datos de inflación del pasado mes de mayo tanto en la zona euro como en el conjunto de la Europa comunitaria, ahora integrada por 27 miembros. En el primer caso, el núcleo de países más estables, sometidos a la disciplina de una política monetaria única, la tasa de inflación se ha situado en el 1,9%. En el caso de los 27, la tasa de inflación está un poco más arriba, en el 2,1%. El objetivo que ha establecido el Banco Central Europeo para este año, igual que para los anteriores, es del 2%, objetivo que tiene valor indicativo también para los países comunitarios que no forman parte de la Unión Monetaria.
Se puede decir, por lo tanto, que Europa es una balsa de estabilidad y de equilibrio, en la que los aumentos de precios son meritoriamente bajos. Y que en todo caso no dan argumento suficiente, al menos a la fecha actual, para justificar un endurecimiento de la política monetaria. Es decir, siguiendo estos argumentos, las previsiones que apuntan a subidas de tipos de interés de hasta el 4,50% en el horizonte de seis a nueve meses estarían realmente poco justificadas.
El último informe de análisis de la economía europea que ha facilitado el Banco Central Europeo indica que los riesgos sobre la inflación en Europa son reales, aunque sean sólo riesgos. Y que están centrados en el propio funcionamiento interno de la economía. Es decir, no hay riesgos externos inmediatos sobre la tasa de inflación, a pesar de que el precio del petróleo está relativamente tenso, pero las economías europeas han logrado en el pasado reciente sortear con cierta habilidad las tensiones de inflación importada. Entre otras cosas, porque el euro es una divisa fuerte y se ha constituido en una especie de barrera protectora frente a los aumentos de precios que nos pueden llegar del exterior y que, una vez convertidos a euros, quedan reducidos a su expresión más modesta.
La verdadera amenaza para la aceleración de la subida de los precios está en la propia dinámica que genera el crecimiento económico en la zona euro, acelerado en los últimos meses y que tiene visos de mantenerse a medio plazo. Una de las derivaciones de ese dinamismo económico es la sólida expansión del empleo y, con ella, el riesgo de subidas salariales más allá de lo razonable, que en el caso de la zona euro debería situarse claramente por debajo del 2% para preservar al mismo tiempo la estabilidad de precios y la continuidad en el crecimiento.
Pero los bancos centrales están viendo con inquietud los últimos aumentos salariales, que están conduciendo a incrementos de los salarios entre el 2,2% en la zona mínima y el 3,7% en la máxima. Y son estas subidas las que están causando inquietud a los responsables de la política monetaria ya que la demanda de mayores aumentos salariales tiene visos de acelerarse en los próximos meses, a medida que la economía vaya adquiriendo solidez y fortaleza y a medida, sobre todo, que el empleo se vaya acercando a niveles parecidos alo que en Europa llamamos pleno empleo, es decir, unas condiciones en las que existe una escasez relativa de mano de obra que acaba por repercutir en la presión alcista de los salarios. No estaría de más que los sindicatos europeos, que han jugado un papel poco relevante en los últimos años, tomaran cartas en el asunto y orientaran sus esfuerzos hacia la búsqueda de un consenso con los Gobiernos y las patronales en el que se contemplaran acuerdos marco sobre los aumentos salariales, la productividad y los compromisos con la estabilidad de precios que permitan darle continuidad al crecimiento económico.

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