miercoles 20 de junio de 2007
Política de ocultación
ABC se ratifica en la información publicada ayer sobre la participación del secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, en las últimas reuniones celebradas con ETA en mayo. Tanto León como el titular de su departamento, Miguel Ángel Moratinos, desmintieron esta información, que tacharon de «falsa». Sin embargo, a estas alturas de mandato socialista, los desmentidos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sobre el proceso de «paz» y de diálogo con ETA carecen de valor, porque han quedado al descubierto por los hechos en unas ocasiones, y por el silencio sumiso en otras, cuando han aparecido informaciones similares en medios de comunicación a los que el Ejecutivo no osa contradecir.
El PSOE viene faltando a la verdad desde 2002, año en que empezaron los contactos del presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, con el líder batasuno, Arnaldo Otegi. Dichas conversaciones tenían carácter político, buscaban un acuerdo básico para propiciar un alto el fuego de ETA y comprometían negociaciones sobre el futuro institucional del País Vasco. Luego han faltado a la verdad el Gobierno socialista y su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, negando los encuentros directos con ETA desde junio de 2005, bajo los auspicios de un centro internacional -el Henri Dunant, en Ginebra- y de diversos gobiernos europeos. Y han faltado todos a la verdad -el PSOE, el Gobierno y Rodríguez Zapatero- al negar nuevamente los encuentros con ETA y Batasuna celebrados después del atentado terrorista contra la T-4 de Barajas, en donde fueron asesinados dos ciudadanos ecuatorianos y tras el cual, el ministro del Interior anunció que el proceso «quedaba roto».
El tal proceso de diálogo se ha asentado, por tanto, sobre una política de ocultación de la realidad y de discursos falsos a la opinión pública. Se ha hurtado a los ciudadanos el derecho a un verdadero control democrático de la acción del Gobierno, pero también se ha cercenado su derecho a ser informados verazmente acerca de la dirección política del país. Y lo peor es que estas prácticas de desinformación han recaído en la lucha antiterrorista, mientras el PSOE y Rodríguez Zapatero decían ser leales al pacto contra el terrorismo suscrito con el PP en 2000. Los socialistas han frivolizado con las ansias de paz de los españoles, tratando a los ciudadanos como menores inmaduros, ocultándoles una política subterránea de contactos clandestinos con Batasuna, incluso cuando ya estaba ilegalizada, y con ETA, mientras seguía atentando.
Pocas veces una democracia ha sido tan ninguneada por un Gobierno. En pocas ocasiones se ha constatado tan claramente la responsabilidad política a la que se debe un Gobierno por faltar a la verdad a los ciudadanos, confundir a la Prensa y defraudar la lealtad al principal partido político de la oposición. En un sistema democrático con recursos eficaces, un cúmulo tal de falseamientos y desmentidos mendaces habría dado lugar, como mínimo, a una comisión parlamentaria de investigación, como la que se constituyó para investigar las «mentiras» del 11-M. Ni Richard Nixon dimitió por espiar al Partido Demócrata, ni Bill Clinton fue investigado por su relación con Mónica Lewinski. Uno y otro se enfrentaron a las consecuencias de sus mentiras.
La mentira reiterada se convierte en una espiral que no es fácil abandonar cuando resulta rentable o nadie se encarga de pedir cuentas por ella. Pero no por esto deja de ser una manifestación de falta de ética, personal y política. Desde su comienzo en 2002, el proceso de contactos del PSOE y del Gobierno socialista con ETAy Batasuna, se ha nutrido de la doble moral socialista, tan carente de freno alguno que les ha permitido jugar a dos barajas, cuando la sociedad confiaba en que sólo se atenían a una, la de la derrota de ETA y la cooperación con el PP. Es lamentable la situación en la que un Gobierno no tiene crédito para desmentir informaciones. Peor es aún cuando se muestra contumaz en negar la verdad conocida. Por lo que respecta al derecho a la información, ABC siempre tendrá muy claro que la derrota del terrorismo no exige, en absoluto, silenciar los errores del Gobierno ni su estrategia de ocultación a la opinión pública.Y sus fuentes son sagradas y, a la vez, certeras. La trayectoria de ABC, antes y ahora, así lo acredita.
miércoles, junio 20, 2007
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