jueves 21 de junio de 2007
Ibarretxe insulta en la Moncloa Pablo Sebastián
Después del estrepitoso fracaso del Plan Ibarretxe y de su permanente desautorización por los dirigentes del PNV, desde Josu Jon Imaz a Egibar, el fantasma del lehendakari, Juan José Ibarretxe, ha recalado en Madrid para decir que en España no se respetan los Derechos Humanos, exigir la retirada de la Ley de Partidos, la negociación con ETA bajo el bombardeo, la unión de Navarra con Euskadi, sobre la que, según él, no se puede opinar desde Madrid y sí desde Vitoria o desde la dirección de la banda terrorista, y un montón de despropósitos más lanzados en la sede de la presidencia del Gobierno español, ante los oídos complacientes de su anfitrión, Zapatero, sin que nadie sepa con qué objetivo ni por qué han traído a la Moncloa a semejante, y políticamente amortizado, personaje.
A este caradura que no respeta los verdaderos Derechos Humanos, que son violados todos los días en el País Vasco por los terroristas y sus secuaces de Batasuna y de ANV, que tienen bajo amenaza de muerte, de chantajes económicos o de presión social a miles de ciudadanos vascos, políticos, escritores, periodistas y empresarios, sin que se inmute o se le caiga la cara de vergüenza, el peor lehendakari de la historia del País Vasco. Ibarretxe debió marcharse cuando fracasó su funesto plan, y ahora viene a Madrid a dar amparo político a los criminales y a dar lecciones sobre los Derecho Humanos y la democracia, siendo el único presidente de la Unión Europea que consiente precisamente eso, la violación de las libertades, los Derechos Humanos y la democracia como ocurre en Euskadi bajo su docto mandato.
Basta con asomarse a ese pueblo dominado por el terror que es Ondarroa, donde nadie se ha atrevido a recoger —salvo el valiente concejal del PP— las credenciales para constituir el Consistorio por miedo a ser liquidados por la mafia local o del entorno. Basta darse una vuelta por Ondarroa para saber quién gobierna en Euskadi. Cuando lo que tenía que haber hecho el lehendakari, en vez de venir a Madrid a darse pote ante las narices de Zapatero, es trasladarse él y todo su Gobierno a Ondarroa, para garantizar la legalidad, las libertades, la democracia y los más elementales Derechos Humanos de los ciudadanos, que empiezan por el derecho a la vida. ¿Cómo se atreve este fantoche, que ampara a los presos de ETA, a venir a Madrid con la misma chulería con la que habla ante los jueces después de mofarse de la legalidad? Y ¿cómo ha consentido el presidente Zapatero que se pronuncie semejante e insultante discurso en la presidencia del Gobierno español, sin suspender de manera inmediata la entrevista y darle un portazo en las narices a quien no hace mucho pedía perdón a las víctimas de ETA, para justificar luego el amparo que le quiere dar a sus verdugos? Y ¿Cómo consiente el PNV que un lehendakari hable así, para bailarle el agua a ETA a ver si le dejan tocar pelota en la negociación? En democracia se puede ser independentista, pero no insultar a los demócratas, a ciudadanos de bien, a la dignidad de las víctimas y al sentido común.
Pero esto sólo pasa en la España donde gobierna Zapatero. Ni con Suárez, ni con Calvo Sotelo, ni con González, ni con Aznar, nadie podía imaginar un espectáculo antidemocrático como el que Ibarretxe ha dado en Madrid, ante nuestro sonriente, complaciente y cómplice presidente del Gobierno. El que al término de la infamante rueda de prensa de Ibarretxe debió dar la cara para poner las cosas en su sitio y lamentar haber invitado a Ibarretxe al palacio presidencial. Pero, por lo que se ve, el talante está reñido con la democracia y la libertad.
miércoles, junio 20, 2007
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