viernes 22 de junio de 2007
Descerebrados
Óscar Molina
S EGÚN nuestro Apóstol del Talante la ruptura del proceso por parte de ETA ha sido responsabilidad de los elementos “más descerebrados” de la banda. El tema es preocupante, por la nula asunción de errores de nuestro Príncipe Carpetovetónico de la Paz, que demuestra seguir embelesado consigo mismo y tan pleno en su propia virtud que no cabe en sí. Pero resulta más doloroso, si cabe, llegar a la inmediata conclusión de que para el Mensajero de la Armonía Interplanetaria existen miembros de la banda asesina que guardan algo de cerebro en sus cráneos. Mal asunto, porque con esas palabras el Gran Hacedor de la España Plural en Paz manifiesta un grado de conocimiento sobre ETA alarmantemente inferior al que puede tener el ciudadano menos informado, y sobre todo revela su voluntad de reanudar el “proceso” en el momento que la “parte cerebrada” de ETA se muestre dispuesta a ello. Cualquiera que haya leído un poco conoce a grandes rasgos la fábula de Aitor y las vomitonas intelectuales de Sabino Arana. Y cualquiera que ande mínimamente versado en estas dos cosas, y alguna otra que tiene que ver con la Historia y la Teoría Política, es capaz de llegar a la conclusión de que existe poco cerebro en quienes se muestran dispuestos a matar por semejantes cuentos. Claro que para eso hace falta haber leído a alguien más que a Suso de Toro y estar capacitado para encuadrar las vicisitudes y problemas de España fuera de un marco ideológico que no esté formado por cuatro simplezas alimentadas por otros tantos esquemas baratos y facilones. Zapatero sería incapaz de una afirmación así si su edificio intelectual y cultural rozase por la parte baja el ras de la altura mínima exigible a un Presidente del Gobierno. El problema no es que haya descerebrados en ETA, el problema es que están en algún sitio más, y lo absolutamente nefasto es que en determinados lugares incluso lleguen al poder. Descerebrados los hay en la totalidad de agrupaciones y colectividades humanas, incluidos todos los partidos políticos, pero por suerte es raro que ocupen puestos de responsabilidad. Aunque no imposible, como demuestra el Partido Socialista. La negociación ETA-Gobierno ha sido un caso palmario de descerebrados jugando al Monopoly con España, su Historia, su dignidad y su convivencia en torno a una mesa. Es ciertamente extraño que un Estado democrático se siente a negociar en pie de igualdad con una banda terrorista, pero es más raro si cabe, que posen sus manos una pandilla de descerebrados a uno y otro lado del ignominioso tapete. Porque en los últimos tiempos se ha producido el llamativo y extremadamente peligroso fenómeno de que en una misma habitación se encierren los descerebrados por definición de ETA con los descerebrados que circunstancialmente rigen los destinos de España. Y se han encerrado para llegar a un acuerdo. Existe una derecha cerril, es cierto, pero no manda. Y existe una izquierda moderada, leal a España y comprometida con su proyecto común que tampoco manda. La que manda hoy es la versión de la izquierda que decidió romper con media nación y estigmatizarla política y socialmente, haciéndola responsable histórica y secular de todos los males del país. Es la izquierda que tiene la base de su proyecto político en la revancha de la nada, la de Pepiño, que se atreve a señalar a la gente de manera despectiva por llevar abrigos de piel. La izquierda que pone a los delegados políticos del terrorismo a la misma altura moral que a los representantes de diez millones de votantes, señalándolos a ambos como extremos que se tocan. La que no tiene reparo alguno en aplaudir a los grupos antisistema que desean minar por la base el mismísimo entramado del Poder que ejerce y servirse de ellos para protestar contra una guerra o el hundimiento de un petrolero. La izquierda descerebrada que nos gobierna no se sonroja ni haciendo cortes de manga a la democracia más antigua y poderosa del Mundo ni abrazándose con dictadores que ciegan el futuro de sus pueblos, tan sólo porque sus trasnochadas revoluciones les traen míticos aires de Sierra Maestra y huelen al sobaco del Che. Descerebrada izquierda ésta, que hace énfasis en los valores y dogmas de los que quieren acabar con nosotros y nuestra civilización, que justifica la sangre y hasta la jalea según quien la derrame, que balbucea demenciales vaguedades para calificar al derribo de dos edificios llenos de personas con aviones de pasajeros. Porque hay que ser descerebrado profundo para proclamarse heredero de un circo de hace setenta años que sólo trajo enfrentamiento, exclusión, violencia y acabó en un baño de sangre. Y más descerebrado aún para tratar de imponer el mismo proyecto en el siglo siguiente, aplicando un modelo de legitimación tan absurdo que tan pronto se basa en aquello como en un abuelo muerto para repartir certificados de buenos y malos, de justos e injustos, de progreso e involución. Para tratar de apestar al de enfrente asumiendo por decisión propia el monopolio de la ética, negando al adversario político su capacidad para siquiera acercarse a ella, por ser la encarnación de todo lo negativo. Y hablando de ética, hay que ser descerebrado para no admitir que exista quien se niegue a recibir lecciones en la materia por parte del Estado, y sectario hasta el extremo para cegar a los objetores de la moral por decreto un derecho básico, como es la titulación académica, poniendo a sus padres en el papel de espectadores de la formación de sus hijos. Es el cerebro en su más mínima expresión el que provoca que algunos se crean tan tocados por la justicia histórica como para mentir todos los días acerca de los pormenores de la negociación con una panda de asesinos, habiendo llamado a los españoles a expulsar a un Gobierno que no se merecían, porque les mentía. Hay otra izquierda, claro que sí, otra que no insulta a los creyentes en una muy concreta religión, que no llama “hijos de puta” a quienes votan al Partido Popular, que no ríe las mentecateces de Carod Rovira. Otra izquierda a la que le produce vergüenza echar en cara a nadie que use el terrorismo como arma electoral mientras se ha pactado con los terroristas estando en la oposición. Otra que no pretende que sus frases hechas, vacías y de todo a cien sean dogmas con los que uno traga, o se convierte automáticamente en fascista, insulto de guardia de esta izquierda descerebrada. Otra izquierda que sí cree en los valores que nos unen, que no acapara para sí los conceptos loables ni embadurna de sambenitos a los demás, que admite que el bien y el mal pueden encontrarse en todas partes. Existe esta izquierda, pero no manda. Manda la que escupe todos los días en la comida y luego cree hacer bueno el gargajo poniéndole un nombre ostentoso, cursi y original. La que está tan pagada de sí misma que se cree custodia por decisión divina de los conceptos, a los que retuerce haciendo que las palabras no designen lo que significan, y pretendiendo ser tan divina y estupenda como para hacer que las cosas aparezcan con tan sólo invocarlas. Manda la descerebrada. Estamos apañados.
jueves, junio 21, 2007
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