jueves, junio 14, 2007

Miguel Martinez, El Mundo no es la prensa

jueves 14 de junio de 2007
El Mundo no es la prensa
Miguel Martínez
A NDAN estos días en un diario muy dado a desvelar tramas secretas y a elucubrar sobre sorprendentes contubernios y asombrosas fórmulas explosivas, muy cabreados con los fiscales del 11-M porque el ministerio público, en sus conclusiones, arremete –siempre según el citado periódico- contra la prensa. “El Ministerio Fiscal tiene que poner de manifiesto que la dignidad de los afectados y la memoria de las víctimas no han sido merecedoras del tratamiento que se ha realizado, en algunos medios de comunicación, de los atentados; por personas que, a lo mejor, en su momento, pudieron aprobar la carrera de periodismo, pero que no tienen la altura y la grandeza de una profesión tan importante en una sociedad democrática”. Ésas son las palabras con las que la fiscal Olga Sánchez concluía sus argumentaciones y son las que, según parece, no han sentado nada bien a algún director de algún periódico. Si bien es cierto que desde el ámbito estrictamente procesal dichas alusiones pudieran exceder de lo que debiera ser un informe jurídico del ministerio fiscal –como así lo expresara el presidente del tribunal, Javier Bermúdez -pues la finalidad del proceso no ha de ser otra “que la de valorar las pruebas, discutir las tesis jurídicas y concluir sobre ellas”- no es menos cierto que el proceder de ciertos medios de comunicación, especialmente de El Mundo, –que no la prensa- en todo lo relativo al 11-M ha sido, como poco, esperpéntico. ¿O no es esperpéntico lanzar en primera plana, en su portada del 13 de Septiembre de 2006, al delincuente Trashorras (sobre el que recae, no lo olvidemos, una petición de 38.976 años de cárcel) intentando atribuirle credibilidad a su titular “El 11-M, un golpe de estado”? Posteriormente se supo la verdad sobre aquella entrevista, y en qué términos se pactó, ya saben: “Mientras El Mundo pague, yo les cuento hasta la guerra civil” Trashorras dixit. ¿O no es esperpéntico tratar de implicar en la trama con absurdas componendas a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Estado y a los servicios de inteligencia? El juicio, nuevamente, ha desvirtuado cuantas teorías defendían dichos extremos. ¿O no es esperpéntico el impresentable intento de manipulación informativa relativa al tema del ácido bórico en el que nos quisieron presentar el socorrido “anti-cante de pinreles” como un explosivo? (Más datos sobre este particular en el artículo “Químicos de redacción o técnicos en manipulación”. Edición 329 de esta misma publicación y de este mismo autor). Podría citarles, mis queridos reincidentes, bastantes esperpénticos despropósitos más, pero un servidor quiere reservárselos para cuando la sentencia del juicio por el 11-M determine, de forma definitiva, los hechos probados y El Mundo vuelva a salir por peteneras. Por lo pronto ya le están dando bola y páginas a una acusación particular en el proceso que reclama seguir investigando una “cuarta trama desconocida”. Quizás El Mundo debiera de haber fichado para sus investigaciones relativas al 11-M a Iker Jiménez, el de Cuarto Milenio: ¿Te gusta lo desconocido? ¿Te atraen los fenómenos sin explicación? ¿Eres de los que disfruta con el universo de lo misterioso? (Cuña publicitaria del sitio web de Cuarto Milenio) Expresar –como lo hace El Mundo en diversos titulares de distintas ediciones- que el informe (brillantísimo, a juicio de un servidor) del fiscal jefe, Javier Zaragoza; o que esas alusiones de la fiscal Olga Sánchez anteriormente transcritas arremeten contra la prensa, no es que no sea de recibo, es que ni siquiera es de tique de compra de Carrefour. La prensa, es –según mi amado y socorrido diccionario- el conjunto o generalidad de publicaciones periódicas, y especialmente las diarias, y el conjunto de personas dedicadas al periodismo. Y, por tanto, la prensa no va a sentirse aludida con las palabras de los fiscales del 11-M porque la prensa es muchísimo más que El Mundo, y la prensa, en general, no se ha involucrado en fantasiosas e increíbles teorías sobre inverosímiles conspiraciones y alucinantes conjuras, y las meteduras de pata –o de pestilentes pies no tratados con ácido bórico- de cada cual, son responsabilidad, única y exclusiva, de quien la mete, no de la prensa. Que cada palo aguante su vela. Además, quien se pica, ajos come. El Mundo es un gran periódico, y, aunque la verdad les haya fastidiado alguna que otra noticia, entre sus columnistas y colaboradores se encuentran algunas de las mejores y más brillantes plumas del país, seguro que en su plantilla abundan estupendos profesionales que llevan a cabo su labor informativa con solvencia y dignidad; incluso regalan un magnífico DVD en la edición de los sábados con las mejores imágenes del GP de Motociclismo, pero, con todo y con eso, El Mundo no es la prensa. Gracias a Dios.

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