jueves, junio 21, 2007

Menos union, menos convergencia

jueves 21 de junio de 2007
Menos unión, menos convergencia
Los dirigentes de Convergencia i Unió están prolongando con sus polémicas públicas las graves consecuencias que ha tenido la pérdida del poder autonómico y municipal para esta coalición nacionalista. La transición desde la Generalitat catalana a la oposición ha hecho aflorar diferencias de criterio entre Josep Antoni Durán Lleida y Artur Mas, que hasta 2003 estaban controladas por el liderazgo indiscutible de Jordi Pujol, cuya retirada parece estar emancipando a Unió y Convergencia del deber de anteponer las coincidencias sobre las diferencias. Durán y Mas representan algo más complejo que dos enfoques tácticos del nacionalismo catalán y de la relación que debe asumir con los partidos nacionales. Sus discrepancias afectan al rumbo que ha de tomar la coalición nacionalista que lideran para recuperar su posición en el escenario político catalán y, por derivación, en el nacional.
Su crisis actual, evidente e innegable, responde a errores estratégicos de fondo cometidos en los últimos años. CiU se embarcó en una subasta soberanista para evitar que Esquerra Republicana de Cataluña se aprovechara de la fuga de los votantes más radicales, lo que la obligó a abandonar las posiciones de pragmatismo y equilibrio que habían permitido a los convergentes ser un factor de estabilidad de los partidos nacionales. Apoyó un estatuto cuyo modelo social se configuró con los estereotipos y prejuicios más significativos de la izquierda, como el laicismo, el intervensionismo y el relativismo, en todo caso absolutamente alejado e incluso antagónico al tipo de sociedad que se corresponde con unas formaciones de carácter democristiano y liberal. Y, sobre todo, se fio de Rodríguez Zapatero cuando éste reclamó a Artur Mas para sacar al Gobierno socialista del atolladero estatutario. Errores que, de una forma u otra, denunció claramente Jordi Pujol en la reciente entrevista concedida a ABC, cuando reconoció que «Zapatero engañó a los catalanes» y que no era el momento para reformar el Estatuto.
Ahora ha quedado al descubierto la tendencia de Durán i Lleida de buscar el arropo del poder central para recuperar protagonismo política, y la de Artur Mas de asumir un papel opositor al PSOE que les permita restaurar un perfil propio sin riesgo de volver a ser absorbido por la política ilusionista de Rodríguez Zapatero. El problema para CiU es que Cataluña se acostumbre a vivir sin ella, algo que parecía improbable -cuando no imposible- en una comunidad aferrada al estatus quo que instauró el pujolismo, que decide su futuro con unas cuotas de abstención deslegitimadoras y que ha envejecido prematuramente su nueva etapa estatutaria. De hecho, su nuevo estatuto de autonomía sólo fue respaldado por un exiguo tercio de su censo electoral y está pendiente del hilo que el Tribunal Constitucional puede cortar con una sentencia que difícilmente podrá eludir las flagrantes inconstitucionalidades de la norma. Se trata de una comunidad en la que cuando algo cambiaba era para que todo siguiera igual.
La reunión que ayer mantuvo Durán con Zapatero se produce en un mal momento para la dirección convergente, propicio para equívocos sobre la continuidad de la coalición nacionalista y de la unidad de estrategia de los partidos que la integran. El futuro político inmediato emplaza a CiU a una recomposición de actitudes y programas. La sentencia constitucional sobre el Estatuto y la celebración de elecciones generales en 2008 -si no antes- serán hitos a corto plazo que pueden alterar el escenario actual en Cataluña y la correlación de fuerzas en las Cortes. Perseverar en el soberanismo radical, mantener reservas esencialistas hacia el Partido Popular -abandonadas incluso por el presidente del PNV, Josu Jon Imaz-, sobreponer el nacionalismo extremista a la defensa de un modelo social, cultural y familiar coherente y condicionar los pasos inmediatos al PSOE son errores que, si CiU los reitera, sólo ahondarán su crisis y prolongarán su desubicación en la política catalana y española.

No hay comentarios.: