jueves, junio 14, 2007

Marcello, Que viene Slim

viernes 15 de junio de 2007
Que viene Slim

Un rumor sobre el posible desembarco, luego desmentido, del empresario mexicano y amigo íntimo de Felipe González, Carlos Slim, en BBVA organizó ayer un intenso revuelo que hizo subir la cotización del banco —sobre el que se habían registrado algunos movimientos bursátiles la pasada semana— y encendió las alarmas sobre un nuevo intento de caza por parte de grupos financieros afines al Gobierno de Zapatero, de la entidad que preside Francisco González, una vez que la primera intentona de Sacyr —con la ayuda del ínclito Miguel Sebastián— resultó fallida. Si al rumor sumábamos la suspensión de las cotizaciones en Bolsa de Prisa y Sogecable, empresas sobre las que también planea la sombra de Slim —el segundo hombre más rico del mundo—, como el posible sustituto de Polanco al frente del citado imperio mediático, la cosa alcanzaba cotas de culebrón.
Y si aderezamos todo ello con la no menos alarmante información sobre la persecución que el CNI ha organizado contra el presidente de Endesa, Manuel Pizarro, entonces la sombra alargada del “antiguo régimen” político, mediático y financiero del felipismo se proyectaba como figuras chinescas sobre el gran tapete de la intriga nacional en vísperas de las elecciones generales que están al llegar. Pero por el momento la sangre no llegó al río y el susto permaneció en rumor, aunque ya se sabe que cuando el río suena agua lleva, y que Slim anda inquieto por ahí.
Como conocemos el exceso de confianza que se ha instalado en la madriguera del PP, donde los conejos del partido, con Rajoy a la cabeza, discuten sobre la raza y el pedigrí de sus perseguidores, galgos o podencos, la jauría política, mediática y financiera del felipismo de antes y del zapaterismo de hoy, que empeñada está dar a la caza alcance convencidos, con toda razón, de que la derecha española, desde su soberbia y escasez de liderazgo, se ha puesto demasiado pronto, tras la victoria de la elecciones municipales, la piel del oso del escudo de Madrid antes de haber capturado a una fiera que no sólo campa por la sierra madrileña sino a lo largo y ancho del territorio nacional. Allí donde las huestes del PSOE —que no se olvide— le quitaron al PP nueve ayuntamientos de las capitales de provincia, otros cinco en ciudades de más de 50.000 habitantes, y a punto están de alzarse con el control de Baleares y Navarra, para completar la plataforma de lanzamiento de las elecciones generales desde la que piensan renovar, por otros cuatro años, el Gobierno de la nación.
No cabe duda que tanto en Prisa como en el núcleo duro y oculto del PSOE que controla González, la persona de Zapatero no goza de simpatías, y si hubieran podido echarlo a los leones sin perder el poder y poner en su lugar a otro más capaz y preparado de los suyos —¿por qué no el propio Felipe?— ya lo habrían hecho. Pero la gran operación del impeachment que se debatió en la reunión secreta de El Paular incluía riesgos de importancia y la posibilidad de que, en medio del relevo, el PP se hiciera con el poder. De ahí que ahora el objetivo es apoyar a Zapatero pero colocándole un corsé de hierro que le impida meterse en más aventuras constitucionales y de alto riesgo —como las del Estatuto catalán o la negociación sin garantías con ETA—, sin la previa autorización del nuevo poder emergente que quiere unir el poder político del Gobierno al mediático y al económico y financiero, una vez que caigan en sus manos, como pretenden, Endesa y otras grandes empresas que había conquistado Aznar por medio de las privatizaciones, pero que fue incapaz de consolidar mediante las participaciones cruzadas o las fusiones, como ocurrió con la fallida de Endesa e Iberdrola, que Rato no dejó culminar.
A medida que pasa el tiempo son más evidentes y mayores los errores de Aznar en casi todos los campos, empezando por la ruptura de su relación con los nacionalistas de CiU y PNV —pensó que la mayoría absoluta del 2000 sería eterna para el PP—, siguiendo por la no consolidación del sector económico que había escapado del régimen felipista tras las derrota de González en 1996, continuando con su negativa de favorecer unos grupos de comunicación profesionales e independientes como alternativa a Prisa y entregando el control de los medios públicos a los obedientes funcionarios del PP —los Rodríguez, Ferrari, Buruaga y Urdaci—, como entregó el multimedia de Telefónica (Antena 3 TV y Onda Cero Radio) a Planeta de Lara, que acabó sometido al Gobierno de la Generalitat en Cataluña y al de Zapatero en Madrid.
Y como estrambote final de su soberbia despedida del poder, Aznar metió España en la guerra de Iraq, mintió sobre la autoría de los atentados del 11M y facilitó la derrota del PP, al tiempo que nos regalaba un presidente, como Zapatero, que afirma que la nación española “es discutida y discutible”. Y para completar el cuadro de sus habilidades, Aznar y su clan —FAES, Zaplana, Acebes, etcétera— siguen agitando la falsa teoría de la conspiración del 11M convertida, como ellos, en el lastre de plomo en las alas del PP que impide el vuelo hacia el centro y la oportunidad de recuperar el poder tras la clara oportunidad que les ha ofrecido Zapatero.
Y ahora suena un mariachi y cunde el pánico en el PP porque alguien dice que viene Slim al galope, montando un brioso corcel, cartujano como el que el Rey regaló a López Portillo —se llamaba “Dudoso” y el mexicano lo rebautizó “Seguro”— para apoyar con todo su poder financiero al felipismo gachupín, vengando, de paso, el desembarco de los bancos españoles en su país. ¡La venganza de Moctezuma!, se podría decir.
Y Rajoy con esos pelos, contando chismes sotto voce en la COPE y el Congreso de los Diputados, hablando mal de Zapatero y “la otra”, y confesando que no se le ocurre nada para preguntar al presidente en la sesión de control, que es tanto como reconocer que sólo el terrorismo era su fuente de inspiración para hacer oposición. Señor, ¡qué tropa! la del PP. Decía Aznar, con desprecio, que los periodistas independientes que se atrevieron a enfrentarse con el felipismo, eran ¡el ejército de Pancho Villa! Unos ilusos e idealistas descamisados, como si él hubiera sido el relamido general Santana. Pues ahí queda eso y el rumor de la cabalgada de Slim, como si fuera Pancho Villa, pero no sobre la ciudad de México sino sobre Madrid.

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