lunes 18 de junio de 2007
Espectáculo de terror
El Real Madrid, campeón, ha ganado la Liga a base de coraje, sufrimiento y de pasión frente a un Barça que se durmió en los laureles de la soberbia y, como en la fábula de la liebre y la tortuga, se dejó superar en la meta de la carrera por el implacable quelonio blanco que, pasito a paso, cabalgaba ese genio de la estrategia y del balón que se llama Fabio Capello y que, tras sacrificar el espectáculo y el buen fútbol, ha convertido los últimos partidos del club blanco en puro espectáculo de terror. Hasta el punto que el miedo escénico que se le atribuye al Bernabéu frente a los visitantes en esta Liga se ha trasladado de las tribunas al césped, siendo el público el que más sufrió con las trágicas remontadas de partidos que parecían perdidos, como ocurrió también ayer con el primer gol del Mallorca, en la jornada final.
La victoria del Real Madrid es un acontecimiento deportivo de primer nivel por lo apretado del final del campeonato, pero también porque para muchos ciudadanos españoles el Madrid ha representando en el deporte el sentir de los españoles frente al desafío del nacionalismo y el deterioro de la imagen de España y de la convivencia en los años de mandato de Zapatero. El que, para colmo, ha presumido y enarbolado los colores del Barça, haciendo que la Liga del deporte rey de España se convirtiera en campo de batalla política y lugar de expansión de los sentimientos políticos y posiciones ideológicas de muchos.
Por eso y, además del triunfo deportivo del Madrid, ayer fue un gran día para los aficionados blancos y los españoles en general. Y un mal día, por doble partida, para el zapaterismo bobo de la nación española discutida y discutible y para el nacionalismo catalán. Y decimos lo de doble partida porque el Madrid derrotó al Barça y porque José Tomás, también ayer, abrió la puerta grande de la plaza Monumental de Toros de Barcelona, en su triunfante y muy esperada reaparición en los ruedos de España, que él quiso que fuera precisamente en Barcelona para reivindicar el prestigio de la fiesta nacional que el nacionalismo catalán pretendió prohibir.
La victoria del Madrid ha sido, sobre todo, obra de sus jugadores, que han puesto en el campo el coraje que ha suplido la marrullería e incapacidad de una presidencia ilegítima como la de Calderón, que ahora se colgará las medallas conquistadas por los héroes blancos, pero que ha sido culpable del enorme sufrimiento de los seguidores blancos y de la incapacidad a la hora de hacer un equipo de prestigio, espectáculo y netamente campeón. Y, al día de hoy, todavía no se ve en el horizonte cuál será el nuevo Madrid que ha de sustituir al que ahora jubila, con merecida victoria, a muchos de sus más emblemáticos jugadores, Beckham, Roberto Carlos, Helguera, Raúl, etc. Hasta en esto se parece el fútbol a la política porque el PP, que querrá festejar la victoria del Madrid como el equipo del partido y de España, ha ganado las elecciones municipales, como el Madrid, por los pelos y en los últimos minutos, haciendo alarde de su particular espectáculo de suspense. Y, además, su presidente, Rajoy, se muestra incapaz de hacer la renovación del equipo y de dominar el centro del campo político con vistas a la gran final de las elecciones generales que están al llegar.
Ayer fue un día de gloria y épica, con arte y valor en la Monumental de la mano de José Tomás, y con la furia española a flor de piel en el Bernabéu de la mano del Madrid, mientras en la Moncloa el derrotado Zapatero debió de pasar un mal día deshojando la margarita de lo que ETA hará, o no hará, si le entrega Navarra —como pretende— al nacionalismo separatista y radical.
lunes, junio 18, 2007
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