miércoles, junio 20, 2007

Marcello, El frente de Zaplana

miercoles 20 de junio de 2007
El frente de Zaplana

A la primera oportunidad y sin seguir los pasos de Rajoy, de apoyo sin fisuras y condiciones a Zapatero en la lucha contra ETA, el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, ha vuelto donde solía y ha desenterrado otra vez el debate terrorista planteando nuevas quejas y dudas al Gobierno de Zapatero sobre la posible participación del número dos de Exteriores, Bernardino León, en las negociaciones con ETA, cosa que ha sido desmentido por el Gobierno y por el PSOE (recordemos que en la negociación de Aznar sí participó un miembro del Gobierno, Fluxá).
El asunto no tiene una mayor importancia, aunque revela que la salida a pista de Zaplana, después de su desaparición de la primera línea de la campaña electoral, no es del todo casual sino que responde a su habitual comportamiento más como el representante del diario El Mundo que del PP. Y a su empeño en liderar al sector más conservador y frentista del Partido Popular que, sin duda, está en contra de la última decisión de Rajoy de dar un cheque en blanco al presidente Zapatero en los asuntos sobre el terrorismo, como discrepa de la aparente imparcialidad —con sus dudas— que el líder del PP parece mantener ante el juicio del 11M, mientras el frente de Zaplana está de una manera clara y decidida a favor de las teorías conspirativas que también apoyan Aznar, Acebes, El Mundo y la COPE.
Los duros del PP creen que Rajoy se equivocó en su visita a Moncloa y, si hay pacto de los socialistas con Nafarroa Bai, puede que al final los hechos le den la razón. En realidad creen que Rajoy se equivoca mucho por acción u omisión y no dan la impresión de confiar en las posibilidades de que el líder del PP gane las próximas elecciones generales frente a Zapatero —si eso es así será, entre otras cosas, por haber mantenido a Acebes y Zaplana en altos cargos de la dirección del PP—, y por ello el frente zaplanista ya estudia y apoya operaciones de recambio al frente del PP apostando por Esperanza Aguirre, y denostando y atacando las posibles aspiraciones de otros como Rodrigo Rato y Alberto Ruiz-Gallardón.
Eso lo sabe todo el mundo en el PP, y también lo sabe Rajoy, que le paró los pies a Zaplana en Valencia y que más de una vez le ha obligado a frenar o rectificar sus impulsos y maniobras, con que las que este político, que se dice liberal, intenta controlar el rumbo y la dirección del PP con la ayuda de El Mundo, la COPE y también de FAES y Aznar (sobre todo con Agag), con los que mantiene una permanente y buena sintonía política y personal.
Aunque en estos momentos la principal preocupación del clan de Zaplana no está en Madrid, sino en Baleares, donde su amigo y miembro de clan Jaume Matas intenta a la desesperada un acuerdo de Gobierno con Unión Mallorquina, después de haber perdido la ciudad de Palma una vez que los socialistas consiguieron el apoyo de UM y de su líder, Munar. Y defiende Zaplana la necesidad de un pacto de Matas con Munar en Baleares no sólo en el interés del PP, sino también porque esas islas y el Gobierno de Matas se han convertido, tras su exilio valenciano, en el cuartel de invierno del clan zaplanista —que allí se llama clan de Pula o de la piscina—, y además se temen que un nuevo presidente balear podría levantar las alfombras de Matas y descubrir ciertos manejos del clan, en cuyas inmediaciones figuran pintorescos personales como Paco el Pocero de Seseña —condecorado por Zaplana— y otros aventureros del negocio rápido y político.
No en vano fue en Baleares donde el clan de Zaplana urdió su plan de apoyo a Rajoy contra Rato en la sucesión de Aznar al frente del PP, aunque los intentos de controlar al líder de los populares no les salieron, al final, como ellos esperaban. Y puede que sea allí, en torno a la famosa piscina de Pedro J., donde se está hablando de dar un golpe de mano en la dirección del PP si Zapatero renueva el poder. Algo que no es para mañana, pero que pronto se va a ver cuando se convoquen las elecciones generales; aunque, mientras tanto, los activistas del clan de Zaplana, que estaban escondidos, vuelven a dejarse ver con su jefe a la cabeza y el terrorismo a flor de piel.

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