viernes 22 de junio de 2007
Irse a tiempo
MANUEL ALCÁNTARA
No se sabe quién inventó esa tontería de que una retirada oportuna es una victoria. Una retirada es simplemente eso, una retirada. Quienes mejor la practican son los asistentes a los cócteles: se suelen ausentar cuando empiezan los discursos. Los que más se retiran son los toreros, ya que despedirse de su arriesgado oficio es una condición imprescindible para retornar a él. Y los que menos anuncian su retirada son los concejales, ya que en la mayoría de los casos no tienen dónde ir. Los que se apuntan a vivir del tinglado, por muy brutos que sean, se convierten en centauros que en vez de formar un conjunto con el caballo están fundidos con el sillón. Cuando el emperador Carlos decidió irse a Yuste dio a la vez el más sublime de los ejemplos y el que ha tenido un más exiguo número de seguidores. Lo normal es que quienes se apartan de su profesión estén agazapados, esperando el momento propicio para volver. El torero Morante de la Puebla, que dicho sea de paso es uno de los cuatro que no me aburren mortalmente cuando desarrollan su mortal tarea, ha anunciado por segunda vez su retirada de los ruedos. No será la última. Parece que es un muchacho raro, cosa que suele decirse de todo el que tiene algo en la cabeza, aunque sea un cable suelto. Ha roto con su apoderado, el gran Rafael de Paula, que tampoco es un ejemplo de equilibrio mental, quizá debido al estado de sus rodillas, y ha pedido perdón por cortar la temporada. El chico ha dicho que ha perdido la ilusión, pero ahora va a perder dinero. Quizá haya influido la vuelta de José Tomás, que se fue a destiempo. ¿Quién sabe? Hay quien se aburre de ser siempre el que es y desea ser otro: su otro yo o su complementario. «Sucede que me canso de ser hombre», que dijo Pablo Neruda. Hasta pronto, torero.
jueves, junio 21, 2007
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