martes, junio 19, 2007

Luis Pousa, Renovacion y cambio

miercoles 20 de junio de 2007
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
Renovación y cambio
Cuando el 19 de junio del año 2005 las urnas no revalidaron la mayoría absoluta que Manuel Fraga venía obteniendo desde finales de 1989, nadie dudó en admitir que el cambio se había producido porque era i­nevitable y necesario. No pocos de lo que, pese a la situación, votaron pepé admitían haberlo hecho más por fidelidad a una figura y a unas siglas que por convicción en que la continuidad tenía futuro.
Los episodios ocurridos en los últimos cuatro años en la Xunta y en el PPdeG, particularmente los protagonizados por José Luis Baltar y José Cuiña meses antes de la cita electoral del 19-J, anunciaron que ese ciclo largo de los populares en el poder autonómico gallego tocaba a su fin y también estaba vinculado al deterioro biológico de su veterano líder. La crisis liberaba energía desde hacía tiempo y se manifestaría de muy distintas maneras en diferentes momentos, alcanzando su punto crítico con la fractura que se produjo en el Gobierno gallego a raíz de los acontecimientos provocados por el desastre del Prestige.
Ese final de ciclo, que conllevaba el relevo en la cúpula del PPdeG, reavivó los fuegos, siempre encendidos, de la lucha por la sucesión por quienes siendo hasta 1996 los que mayores opciones parecían reunir para hacerse con el control del partido se encontraban ya en clara desventaja y con muy pocas posibilidades de conseguirlo. José María Aznar se había encargado personalmente de que la dirección nacional del PP tuviese el control del aparato de poder en Galicia.
La inesperada derrota de Mariano Rajoy en marzo de 2004 dio a los de la boina un hilo de esperanza de que era posible recuperar posiciones y abrir un debate interno, sin embargo, el proceso de sucesión y sustitución de las élites populares en Galicia ya estaba diseñado por Génova 13 desde el mismo momento en que Alberto Núñez Feijóo retornó a su tierra para hacerse cargo de la Consellería de Política Territorial.
Sirva todo lo anterior para señalar que el cambio no se reduce a lo que pasó hace dos años, si bien nada mejor que lo que dijeron las urnas ese día expresa el momento clave en el que el cambio se materializa.
Que Emilio Pérez Touriño haya sido el protagonista de ese largo proceso, al que todavía le queda mucho recorrido, no es fruto del azar. Cuatro años antes, en las elecciones de 2001, el empate a 17 diputados del PSdeG con el BNG, después de haber hecho la travesía del desierto con un partido hecho trizas de cuya secretaría general había dimitido Paco Vázquez, impulsó a Touriño como opción con posibilidades de ser el próximo presidente de la Xunta. La edad era una de las bazas que jugaba a su favor.
En ese contexto de cambio hay que situar la sustitución de Xosé Manuel Beiras por Anxo Quintana el frente del Bloque.
Por lo sucedido, se aprecia una clara empatía entre renovación y cambio. De manera que quienes antes hicieron los deberes de renovarse, socialistas y nacionalistas, son los que posteriormente se convirtieron en los primeros actores del cambio político. Sin embargo, el cambio no se quedó ahí y se extendió al PPdeG, donde Feijóo sucedió a Fraga con un amplísimo apoyo de las bases.
A día de hoy, el triunfo del cambio en términos políticos es perfectamente reconocible y está consolidado.

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