miércoles, junio 13, 2007

Luis Pousa, Politica de inmigracion

miercoles 13 de junio de 2007
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
Política de inmigración
Galicia sigue a la cola de España en crecimiento demográfico, y Touriño espera que haya pleno empleo en un bienio. Dos cuestiones que EL CORREO GALLEGO aborda en su edición de ayer, martes, 12 de junio. Dos cuestiones que guardan entre sí un grado de interrelación bastante alto, en la medida que la disminución del desempleo a tasas por debajo del 5 por ciento de la población activa, consideradas por los economistas como pleno empleo, será un buen reclamo para que personas de otros países dirijan sus pasos hacia el noroeste peninsular.
Días atrás esta interrelación entre los dos factores ya fue abordada con motivo de un informe del Instituto Galego de Estatística, a propósito de la Encuesta de Condiciones de Vida de las Familias, que pone el acento en los problemas que están creando la bajas tasas de natalidad y fecundidad registradas en Galicia en los dos últimos decenios, así como las consecuencias negativas que eso conlleva en el mantenimiento de los niveles de bienestar y protección en una población envejecida y altamente dependiente.
Los datos hablan por sí solos: uno de cada diez hogares gallegos cuenta entre sus habitantes con niños menores de seis años; el 75 por ciento de las familias vive sin jóvenes menores de 17 años; en el 42 por ciento de los hogares reside una persona mayor de 65 años. Estos porcentajes son más acusados en las provincias de Lugo y Ourense, que son las que, a su vez, sufren una fuerte desertización demográfica en gran parte de sus territorios, y los ingresos de las familias dependen en mayor medida de las pensiones de jubilación y de las prestaciones sociales.
Dado el tiempo que necesitan las políticas demográficas activas, como la de favorecer a las familias que tengan hijos, en cristalizar y dar resultado, la opción más clara y rentable en estos momentos es incentivar, sin menoscabo de aquellas otras, la entrada de inmigrantes, a poder ser mediante políticas dirigidas a captar aquellos que posean una mayor formación y ayuden a fortalecer las dotaciones de capital humano en los sectores y actividades considerados más estratégicos para Galicia.
Por tanto, las autoridades autonómicas deberían tener ya diseñadas o a punto de aplicar unas políticas de inmigración pensadas en términos de política económica, con modelos de integración y afincamiento de esas personas. Medidas que, por otra parte, deben impulsar una buena acogida a éstas en la sociedad gallega, a fin de evitar brotes de xenofobia, contra los que, por desgracia, no está totalmente vacunada pese a ser durante muchos lustros una comunidad que exportaba mano de obra e inteligencia a todo el mundo. Pues eso es lo que fue la emigración gallega a lo largo de los siglos XIX y XX.
No hace falta más que agudizar el oído para percibir en ciertos grupos de jóvenes de clase media, aún muy minoritarios pero que ahí están, comentarios despectivos contra los inmigrantes, no muy diferentes de los que se pueden escuchar en Francia, Austria o Dinamarca, y que son más producto de una reinterpretación de ciertas informaciones externas (globalizadas) que de una realidad por ellos no vivida en Galicia.
Para seguir creciendo, la economía gallega precisa aumentar la población activa y ésta, hoy por hoy, sólo puede venir de la inmigración y del buen criterio político.

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