martes 19 de junio de 2007
LUIS POUSA
celtas sin filtro
La modernización urbana
El nuevo mapa político municipal gallego refleja una redistribución del poder local en la que los populares, pese a seguir siendo la opción con mayor número de alcaldías (154 de los 315 de municipios, lo que representa el 49 por ciento del total) pierden 62 respecto a 2003, y pasan a ser oposición en todas las ciudades grandes y medianas, con la única excepción de Ribeira. Aspecto cualitativo importante, por el coste político que le supone al PPde G esa pérdida de poder y el hecho de no ser actor del proceso de modernización y desarrollo que afrontará el tejido urbano gallego en el período 2007-2011.
Porque la acción política municipal en esos cuatro años tiene que plasmarse interactivamente en un escenario de cambio socioeconómico y mejora de la calidad de vida, en el que los usos del territorio incorporen criterios de valor medioambiental, tanto en la cantidad como en la calidad de los recursos naturales y las dotaciones medioambientales, pero también darán acogida a una serie de nuevas infraestructuras, cuya puesta en funcionamiento alterará significativamente el diseño y la morfología de la práctica totalidad de las ciudades gallegas.
Pensemos, por ejemplo, en la transformación interna que debe afrontar Ourense como consecuencia de la llegada del tren de alta velocidad procedente de la meseta, y su doble conexión con Santiago y Vigo. Es obvio que la nueva estación, presumiblemente intermodal, será aprovechada para rediseñar una parte de la ciudad. Algo parecido puede pasar en Lugo.
En Santiago, la reforma de la estación del ferrocarril unida a la puesta en marcha de la Cidade da Cultura obligará a una de las mayores metamorfosis de la ciudad, ayudándole a integrar zonas hasta ahora fragmentadas por la discontinuidad que generan vías de comunicación concebidas más como carreteras que como calles.
El AVE también afectará a Pontevedra, Vigo, A Coruña y Ferrol. En las tres últimas hay otra serie de proyectos en ciernes que, unidos a los de sus respectivos puertos, darán lugar a nuevas perspectivas urbanas y a nuevas formas de vivir dichas ciudades. Sin olvidar la incidencia, en la concepción misma del uso del tiempo en los espacios urbanos, que tendrán las tecnologías inherentes a la sociedad de la información, en cuyo umbral todavía nos encontramos.
La responsabilidad de los socialistas (121 alcaldías) y de los nacionalistas (29 alcaldías) en toda esa transformación es muy grande, toda vez que cuentan, además, con la Xunta y el Gobierno central para sacar adelante ese proceso modernizador del tejido urbano gallego. Probablemente, el mayor que haya afrontado Galicia en su historia reciente, por cuanto debe constituir la base estructural sobre la que la sociedad gallega tome el impulso necesario para dar el salto a una sociedad avanzada. De ahí que el período 2007-2011 adquiera una dimensión y un protagonismo muy especiales, casi determinantes, para materializar el cambio en un sentido mucho más amplio y pleno que el político.
Es decir, la propia sociedad civil gallega tiene que ser protagonista activa del cambio a través de sus ciudadanos, en lugar de ser éstos meros sujetos pasivos del mismo. Porque de lo contrario, el cambio o no será tal o no pasará de ser una ficción: lo que pudo ser y no fue porque se quedó en virtual.
martes, junio 19, 2007
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