miercoles 20 de junio de 2007
Hipercor, veinte años después Lorenzo Contreras
Atravesamos una etapa de recuerdos dolorosos. Ahora mismo, uno esencial: el vigésimo aniversario del atentado etarra contra las instalaciones de Hipercor, en Barcelona, con una veintena de muertos y numerosos heridos. Fue el atentado más cruel de la banda hasta el momento, al menos que se sepa y exista constancia indubitable de ello. Se cumplen, pues, veinte años de aquella atrocidad y la Generalitat de Cataluña se dispone a rendir un homenaje a la memoria de las víctimas.
Todo normal en el repertorio de detalles y actos previstos. La sorpresa sólo se ha producido en un aspecto: la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la AVT que preside Alcaraz, ha decidido no personarse en este memorial indispensable. Y ello porque en el marco de la organización del homenaje entra necesariamente ERC, en cuanto integrante, con otras entidades políticas de signo nacionalista, del complejo de la Generalitat. La AVT, su dirección oficial, ha valorado negativamente ese concurso, por otra parte inevitable e indispensable dada la actual composición del poder político en Cataluña.
Se trata de un lamentable y monumental error. Los muertos de Hipercor y sus familiares son acreedores al homenaje y ningún factor de tipo político puede ni debe perturbar la prestación de un necesario recuerdo. La AVT del señor Alcaraz y sus acólitos en la dirección no tienen derecho a arrogarse la propiedad de los sentimientos de todas las víctimas que desde la AVT, a escala de familiares y simpatizantes, sin duda se considerarán solidarios con quienes padecieron, hace veinte años, una tragedia perfectamente comparable con tantas otras, de las que la AVT “oficial” pretende ostentar la representación exclusiva.
En este sentido, el error de Alcaraz y compañía pasará la correspondiente factura sentimental y política. Y esa factura dejará recuerdo en perjuicio de quienes, aduciendo diferencias ideológicas, han pretendido practicar el absurdo arte de la memoria políticamente impoluta. Cuando se trata de sentimientos no valen alegatos capaces de perturbarlos ni ofenderlos.
Por otra parte, la AVT, como colectividad, tendrá alguna palabra que pronunciar, alguna queja que formular, algún reproche o crítica que expresar. La presidencia de cualquier organización que proteja o pretenda proteger los intereses de víctimas y perjudicados del terrorismo, sea cual sea su origen o su autoría, debe estar por definición al margen de toda actitud ideológica cuando de terrorismo en su más estricto sentido se trate. En cuanto colectividad de afectados, debería explorar el sentido de sus normas rectoras o estatutarias y deducir de ellas las pertinentes consecuencias sancionadoras para su dirección. Y si hace falta depurar responsabilidades antes de que el tiempo borre las huellas de este mal gesto, hágase con inmediatez y ejemplaridad. La AVT, a fin de cuentas, está generosamente financiada y no puede ni debe considerarse autónoma en la administración de sentimientos globales.
El Gobierno, en este caso, ha sabido estar a la altura de las circunstancias. El duelo por los veinte años de Hipercor no podía quedar, en cuanto tragedia, bajo la representación exclusiva de la Generalitat o, como dicen los dirigentes de la AVT, del tripartito. Y en este sentido ha sido acertada la designación de Pérez Rubalcaba, en cuanto ministro español del Interior, para ostentar principalmente la imagen del duelo oficial general de todos los españoles. No vale ahora hacer referencia al hecho de que Carod-Rovira se entendiera con los etarras en Perpiñán para que la banda terrorista no atente en Cataluña aunque sí lo haga o pueda hacerlo en Madrid o en Aragón. Ése es otro asunto. Ésa es estrictamente la vergüenza, o la desvergüenza, del dirigente republicano catalán.
miércoles, junio 20, 2007
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