miercoles 13 de junio de 2007
El futuro ya no es lo que era Lorenzo Contreras
Inevitablemente, la actualidad sigue polarizada por ETA, de un lado, y el supuesto entendimiento entre PP y Gobierno, por otro. De todas las actitudes visibles, la menos falsa es la de la banda terrorista, a la que, sin faltar a la verdad cuando le conviene, la mentira puede hacerle más daño que a sus enemigos de España. De ahí que suelte de vez en cuando una parte de los datos que acumula, reservándose, por supuesto, la revelación del ritmo de su estrategia y la administración de sus intenciones. Mientras tanto, Gobierno y PP obran de tapadillo: el primero afirmando que será “implacable” a partir de ahora en la lucha contraterrorista, pero sin compromiso ni pacto de procedimiento; el PP, proponiendo un armisticio verbal que le ayude a mostrarse ante la sociedad como una fuerza razonable capaz de criticar sin ofender al adversario, educadamente, tal como cree que desea una parte importante de su clientela electoral, la menos vociferante y la más centrada.
¿Qué es lo que late en el fondo del escenario político? Seguramente el miedo a las elecciones por una y otra parte. Zapatero sabe que, por bien que siga yendo la economía, esta bonanza se acaba; que, entre otros datos, sube el recibo de la luz, y que la autoridad económica de la UE denuncia nuestra baja productividad. Unir a esta expectativa un fracaso en materia antiterrorista, bajo la atenta mirada crítica del PP y de millones de electores, constituye algo demasiado indigesto para el festín de las urnas cercanas. Un dudoso horizonte económico y social, varios atentados y algunos probables entierros, cuando no un cierto nivel de extorsiones o incluso determinados secuestros siempre posibles, reducen el optimismo oficial. Para el PP resulta relativamente cómodo quedar en la postura del discreto observador que transfiere a la opinión pública el juicio definitivo y la nota que merece la asignatura pendiente. Pero con mucho cuidado, no vaya a excederse en la indulgencia y pierda así la oportunidad de sacar beneficio bajo la capa del buen samaritano.
Todo esto quiere decir que es la hora de la recíproca prudencia de los demócratas y de la estratégica pulsión de los etarras. Los primeros hacen como que se ponen de acuerdo para aplazar sus futuras agresiones dialécticas. El tema terrorista queda momentáneamente archivado en la agenda conservadora. ETA, por su parte, con un ojo puesto en la reacción de la sociedad vasca y el otro clavado en las gesticulaciones del PNV, tendrá también que calcular el nivel de sus horrores. Las elecciones del 2008 también afectan a los suyos.
La banda ha demostrado que el destino de De Juana y de Otegi le importa menos de lo que algunos creían. De Juana ha sido el primero en percatarse de ello. Repentinamente, otra vez en la cárcel, ha renunciado a su particular ramadán revolucionario en provecho de una luna de miel suficientemente abastecida, regalada y regada. Sin paseos esta vez, eso sí. ¿O no?
En cuanto al destino del encarcelado Arnaldo Otegi, le puede costar asumir su paso de personaje popular, festejado por los medios abertzales, a su nueva condición de personaje sustituido en la calle por otros productos políticos del marketing. Ya en su momento, en cuanto a chico de los recados, el inefable portavoz etarra fue sorprendido “en pelotas” por el atentado de Barajas. Probablemente también ‘Josu Ternera’, aspirante como Otegi a ser el Gerry Adams vasco, se encuentra hoy ante la desagradable realidad de que su papel de interlocutor de la banda ha sido interferido por la brutal irrupción de las nuevas promociones dirigidas por ‘Txeroki’. Le espera un espeso anonimato. En el PNV, sin embargo, sube la cotización de Imaz y de Erkoreka, mientras entra en fase gris el cada día más “descolgado” Ibarretxe. Como diría Felipe González, el futuro ya no es lo que era. Tampoco para él mismo.
miércoles, junio 13, 2007
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