jueves, junio 14, 2007

La ideacion

jueves 14 de junio de 2007
La «ideación»
El abogado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, don Emilio Murcia, dijo ayer en sus conclusiones, naturalmente entre otras muchas cosas (y puyazos al fiscal Zaragoza), dos asuntos que merecen interés. En primer lugar, que él y sus patrocinados han actuado, en contra de lo que se ha dicho, de verdadera acusación particular porque ni han actuado «en beneficio de los acusados ni han pedido la absolución». Tengo serias dudas sobre lo primero, pero bueno, parece que terminada la vista, para esta acusación, los que están en el banquillo deben estar en él y lo que se ha probado sobre ellos (desde la mina Conchita a los trenes) vale para solicitar su condena. Es una obviedad, pero merece la pena reseñarla.
En segundo lugar, el letrado Murcia plantea, con un lenguaje particular, que tenemos derecho a saber -es decir, que todavía no sabemos- «quiénes son realmente las personas que estaban detrás de la ideación». ¿Qué significa eso, no ya de la ideación, sino de estar detrás de la misma? Descarta los servicios del Estado, algo que no han hecho otros, pero reconocerá el abogado que su planteamiento no puede ser entendido por el observador sin tener en cuenta que el presidente de la AVT ha reiterado la hipótesis de una participación de ETA «más bien intelectual» añadiendo que necesitaba ese atentado para propiciar el cambio de Gobierno y el comienzo de la negociación. Así que, detrás de las dudas del letrado, hay un contexto en el que se han apuntado «ideaciones» sin ninguna prueba (o en contra de las pruebas) que van, ciertamente, más allá de los fallos que se quieran reprochar a la instrucción.
Ese caldo de cultivo abona la idea, también expresada, de que están los que son pero no todos los que son: «Hay grandes ausentes en este juicio y no sabemos quiénes son». No debe olvidarse que hay ausentes -los suicidas de Leganés- que sí sabemos quiénes son, pero el letrado, por lo dicho, y aunque lo haya evitado formalmente, no puede evitar que pensemos que su patrocinado plantea lo que no prueba e insiste en una «ideación» sin fundamento. Y a mí me parece, lo siento, que ese barullo sí va en beneficio de, al menos, algunos de los procesados.

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