Olga Valeyá
Las íntimas renuncias
Uno también se escandaliza. Me valdré de sus expresiones. En su momento pudo acabar Derecho y obtener un prestigioso destino en una carrera marcada por el principio de legalidad, pero no tiene la altura ni la grandeza de una profesión tan importante.
Juan Carlos Girauta
Mira que era sencillo: "Aquí estamos para valorar la prueba, discutir las tesis jurídicas y concluir sobre ellas". El error de dar la rectitud por sentada lo ha resuelto el juez Gómez Bermúdez con claridad y concisión profesorales, devolviendo a la fiscal Sánchez al camino jurídico que, con toga y todo, y en plena lectura de sus conclusiones, empezaba a abandonar.
La abortada digresión ha dejado sin embargo su vertido en forma de reproche: "La dignidad de los afectados y la memoria de las víctimas no han sido merecedoras del tratamiento que se ha realizado en algunos medios de comunicación de los atentados, por personas que a lo mejor en su momento pudieron aprobar la carrera de periodismo, pero que no tienen la altura y la grandeza de una profesión tan importante."
Entiendo muy bien lo que siente la fiscal. Uno también se escandaliza. Me valdré de sus expresiones. En su momento pudo acabar Derecho y obtener un prestigioso destino en una carrera marcada por el principio de legalidad, pero no tiene la altura ni la grandeza de una profesión tan importante.
Atendiendo con cristiana conmiseración a las debilidades humanas, todo puede entenderse. Incluso lo injustificable: alguien comprende que la continuidad de su trayectoria depende, primero, de oponerse a ciertas pruebas y, después, de sostener una versión que las pruebas practicadas a su pesar no avalan.
Aunque hay formas y formas de capear con la íntima renuncia. Se puede llevar con circunspección, atemperando el discurso, hurtando prudentemente a la posteridad el ominoso rastro del deber no cumplido. O se puede renunciar del todo, disparatando, recurriendo desesperadamente a la numerología y otras paraciencias (¡luego hablaréis de paranoias conspirativas, queridos!), introduciendo las inadecuadas razones testiculares de una taberna: "¡Lo que estalló en los trenes fue Goma 2 ECO! ¡Vale ya!" Pues mira, no.
Como todo puede empeorarse, a la renuncia y a los malos modos cabe añadir la entrega apasionada del hooligan. Lo llaman, creo, "pasarse de frenada". Creyó que las imposiciones expresas o tácitas de sus zaragozas y de sus pumpidos incluían otra toma de partido: la que toca a los medios. No ha exhibido un emblema de Prisa de milagro.
miércoles, junio 13, 2007
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