martes, junio 19, 2007

Juan Bas, Mentiras

miercoles 20 de junio de 2007
Mentiras
JUAN BAS j.bas@diario-elcorreo.com

Vivir es como ser una manzana. Creces en el árbol, maduras, te caes del manzano y si no te come un cerdo te pudres lentamente y vuelves a la tierra. Te caes del árbol cuando estás maduro, es decir, cuando pierdes la venda. El proceso de madurez es doloroso, desencantador. La verdad nos hace más dignos y libres, pero no menos infelices. Te das cuenta de que la inexistencia de los Reyes Magos era sólo la primera de una larga destrucción de creencias que eran también quimeras, de que la cara del amor conlleva la cruz del desamor, de que Dios tampoco existe y de que todo es mentira y tiene precio de compraventa.Creo que era Churchill el que decía aquello de que se puede engañar a unos pocos mucho tiempo y a muchos poco tiempo, pero que no se puede engañar a todos todo el tiempo. Sin embargo, sí hay una manera duradera y eficaz de que haya muchos engañados: se da cuando cada uno de ellos se engaña a sí mismo y sobre todo cuando comparte con sus homólogos una mentira colectiva.Así, el crédulo que se engaña a sí mismo y comulga con ruedas de molino permanece como manzana verde en el árbol y no sufre la dolorosa caída de la maduración. La base de esta eterna frescura de las ilusiones se basa en la buena fe sustentada en no escuchar más de lo imprescindible, no establecer hipótesis ni silogismos, huir de las comprobaciones empíricas, no hacerse demasiadas preguntas críticas y no darle la vuelta más que a la manga del jersey. He aquí los filtros del elixir que otorga el tipo de felicidad a que aspiran las manzanas verdes, las que no serán horadadas por el gusano del escepticismo.Son, por ejemplo, los benditos que mandan todavía novelas manuscritas a determinados premios literarios creyendo que es posible ganarlos. Son los que achacan todos los reveses a su mala suerte, nunca a la falta de talento. Son las personas con fe que necesitan creer en el Cielo eterno y en su resurrección después de muertos para no vivir angustiados. Son los que ponen el corazón en considerar que el nacionalismo vasco es un arrebatado sentimiento y no un próspero negocio. Son los que creen que el PP es de centro derecha. Son los que saben que las prostitutas fingen, menos algunas veces con ellos. Son los que habitan una tumba conyugal sobrellevada con abulia y consumismo. Son los que creen que, por la fuerza de su amor, quien no lo corresponde lo hará algún día. Son los que tienen muchos amigos pero no pueden contar algo importante a nadie. Son los que se toman los combates de lucha libre en serio. Son los que aseguran que en el boxeo no hay tongos. Y son los entregados convencidos de que ha sido su equipo el que ha sacado épicas fuerzas de flaqueza para ganar en buena lid el partido crucial.

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