viernes 15 de junio de 2007
Intriga policial sobre el lío legal en Endesa José Javaloyes
Otra hubiera sido la historia de Endesa desde el momento de la OPA de Gas Natural si Francisco Pizarro, presidente de la aún primera eléctrica española, hubiera respondido a la oferta de Ricardo Fornesa, entonces presidente de La Caixa, de la misma forma que lo hizo el también excelente gestor Alfonso Cortina, entonces presidente de Repsol. Pero los buenos gestores sólo son iguales entre sí cuando las comparaciones se establecen en términos cuantitativos. Hay otros metabaremos para el menester siempre odioso de la comparación. Se resumen en la clave del carácter.
Dijo don José Ortega que las diferencias entre los hombres no se miden en niveles de inteligencia, por lo general poco resaltables, sino por acepciones de carácter. Ahí está el muy significativo detalle. Ésa es la piedra angular de toda esta historia, crónica o culebrón de Endesa desde aquel 5 de septiembre del 2005. Y al relato sólo le faltaba el componente policial, el capítulo del espionaje.
En dos ocasiones, los escoltas de Manuel Pizarro han detectado seguimientos de su coche por las calles de Madrid. Las dos veces, quienes le seguían eran miembros de los servicios de seguridad del Estado: guardias civiles en un caso, miembros del Centro Nacional de Inteligencia en este último episodio. Tras la detección de ambos seguimientos se instruyeron las correspondientes diligencias. De la primera, la correspondiente a dos guardias civiles, aún no se sabe nada. Respecto de la segunda, todavía no hay base para la impaciencia.
Pero ocurre que la legítima presunción periodística de sendas anomalías que afectan al aparato de seguridad del Estado se acompaña de la evidencia de una intromisión política del Gobierno del presidente Rodríguez cuando la OPA de E.ON sobre Endesa cursaba conforme los términos —de exclusión de otras— establecidos por la correspondiente ley. Intromisión en dos planos o escenarios: el de Ibiza, cuando el pacto con Romano Prodi, presidente del Gobierno de Italia, y el de la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), con el sonado episodio de la dimisión de Manuel Conthe, su presidente ante la estimada infracción de ley que se cometía para validar la situación de hecho por la que Enel y Acciona cazaban en alta mar, echándola a pique, la OPA de la empresa energética alemana. El botín de los corsarios se lograba, simple y llanamente, con el hecho de que la OPA alemana no llegara a puerto.
La cuestión que se plantea ahora es la de si se puede armar también en corso a dos dependencias de la seguridad del Estado —que son las responsables de la actuación irregular de agentes suyos— violando la intimidad o la actuación profesional, tanto da, del presidente de Endesa. Y haciéndolo, además, cuando la situación de hecho establecida sobre la compañía, por acopio sin control de participaciones accionariales, no está, ni de lejos, jurídicamente consolidada.
Ese estado de no consolidación accionarial, mientras en Bruselas se habrá de decidir por la Comisión Europea si fueron observadas o trasgredidas las condiciones exigidas de libre competencia, y en tanto no cabe descartar que ante la SEC norteamericana se cuestione lo actuado hasta el presente por parte de los opantes y de las autoridades españolas, viene y sucede el episodio del dueto de agentes del CNI siguiéndole los pasos a Manuel Pizarro.
Los baremos del riesgo país respecto de España pueden estarse disparando de modo exponencial.
jose@javaloyes.net
jueves, junio 14, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario