viernes 15 de junio de 2007
Protagonismo perdido
XABIER GURRUTXAGA
La clave de mayor calado estratégico del Acuerdo para la Normalización y Pacificación de Euskadi no residía en la ratificación que se hacía sobre la falta de legitimidad de los violentos para expresar la voluntad del pueblo, ni tampoco en el rechazo expreso a su pretensión de negociar cuestiones políticas. Sino en la asunción de la violencia de ETA como la expresión de un grave problema interno de la sociedad vasca, más que como manifestación de la confrontación con el Estado. En coherencia con dicho diagnóstico, la violencia de ETA era caracterizada como la expresión más dramática de la intolerancia y del exclusivismo, que se manifestaba en el desprecio total y absoluto a la voluntad popular y también en su determinación de utilizar la violencia como medio de imponer modelos políticos alternativos. Asumir el problema de ETA como un problema propio e interno significaba empezar a interiorizar que la responsabilidad y el compromiso principal correspondía también a la sociedad vasca y a sus instituciones. Esa manera de entender y abordar el problema representaba, como bien decía Kepa Aulestia, un verdadero compromiso de autogobierno. Es decir, se asumía para sí, como una especie de competencia exclusiva, la dirección política de la lucha contra la violencia que incluía lógicamente el compromiso de establecer de manera consensuada las estrategias para la resolución del problema. El Pacto de Ajuria Enea representaba, en este sentido, un modelo de pacificación en el que la sociedad vasca se erigía en el protagonismo principal de la lucha contra el terrorismo. La dirección política de la lucha contra ETA se residenciaba más en Ajuria Enea que en La Moncloa. Es decir, como si en un alarde de confianza y cooperación el Estado hubiese delegado su competencia jurídica en favor de las fuerzas democráticas vascas.Mientras funcionó, a pesar de sus limitaciones y errores, la sociedad y las instituciones asumieron ese protagonismo y la responsabilidad encomendada. El mundo de la violencia encajó muy mal el golpe, pues frente a la dinámica vascos versus españoles que trataban de alimentar para su justificación, el acuerdo buscó en su estrategia de pacificación extender la dinámica democracia contra violencia. Desde su fracaso allá por el año 97, el protagonismo y la dirección política de la lucha contra ETA pasaron directamente a las instituciones del Estado y particularmente al Gobierno. El acuerdo por las libertades y contra el terrorismo suscrito en el año 2000 por el PP y el PSOE articula un modelo alternativo al diseñado en Ajuria Enea. En el primer punto de este acuerdo se establece que el terrorismo es un problema de Estado y que al Gobierno de España le corresponde dirigir la lucha antiterrorista. Frente al modelo anterior que permitía fácilmente situar a la sociedad vasca como oponente mayor de ETA, en la nueva dinámica es el Estado, en cuanto representación pero particularmente en cuanto poder, a quien se le asigna ese papel. Una referencia que ETA siempre ha pretendido para su interlocución. Ahora que se trata nuevamente de estar unidos para combatir la violencia, sería bueno que las instituciones vascas y las formaciones políticas reflexionasen sobre su lugar y sobre su cometido en la búsqueda del fin del terrorismo y la consolidación de una convivencia en paz.x.gurrutxaga@diario-elcorreo.com
jueves, junio 14, 2007
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