jueves 21 de junio de 2007
Las nuevas dos Españas
POR IRENE LOZANO
EXISTEN dos Españas, sí. Una está ya en la ducha cuando aún es de noche y sabe que el mundo se ha vuelto interdependiente. Los hijos de esa España conectada tienen perros obesos y leen en inglés o en rumano. La otra España sigue viviendo en la península y cree que nada de lo que suceda más allá de los Pirineos puede ser más importante que un hecho diferencial, una clase de religión o las declaraciones de un tal Bermejo. El artilugio de última generación con que juguetean se llama Na-Bai.
La España de la muchedumbre habita el mundo de hoy, y la España del poder -el de los partidos, la Iglesia o los medios de comunicación- vive en el siglo XIX. Por eso nos tienen secuestrados los debates. Cuando quisiéramos abordar las carencias de nuestro sistema educativo, la discusión se precipita hacia la clase de religión o la hora adicional de castellano. Cuando quisiéramos hablar de una televisión que nos condena a 24 horas de aldeanismo con tomate, se enfangan en si tal o cual grupo obtuvo más licencias. Cuando quisiéramos discutir sobre el escaso arraigo de los valores ciudadanos, tuercen la polémica hacia las objeciones episcopales. Dicen que hay que organizar el Estado, pero nos enredan en preámbulos para luego despacharnos con referendos solitarios.
Padecemos un debate público que asfixia de forma sistemática el fondo de las cuestiones para centrarse en las pugnas de poder de los grupos dirigentes y la agitación de sus parroquias. El cambio climático, la globalización y las migraciones masivas están en marcha; el mundo se ha mudado a nuestro barrio, y nos siguen hablando de dos Españas. Existen dos Españas, sí, pero todos ellos pertenecen a la misma.
jueves, junio 21, 2007
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