jueves, junio 07, 2007

Imanol Villa, El retorno de la Gran Rusia

viernes 8 de junio de 2007
El retorno de la Gran Rusia
IMANOL VILLA/HISTORIADOR

Evidentemente no hace falta ser comunista para resucitar el denostado lenguaje de la Guerra Fría. En realidad jamás ha sido una condición imprescindible. Los postulados ideológicos no guiaron nunca las políticas de expansión y mantenimiento de poderes establecidos. En el fondo de toda aquella tensión bipolar que mantuvo al mundo en vilo no había más que la conformación de poderes estatales y nacionales volcados en urgentes tareas de conservación y preservación de su propia hegemonía. Imperios al fin y al cabo. De ahí que no ha de extrañar que el presidente ruso, Vladímir Putin, mueva pieza y amenace con apuntar sus misiles sobre Europa. Es el cuento de siempre. ¿O es que alguien pensó en lo contrario?Con la caída del sistema soviético se generó la extraña concepción de un mundo polarizado en función de los intereses estadounidenses. En esta línea, la transición rusa a la democracia no sólo era garante de esa nueva configuración mundial sino que aseguraba la conversión de un enemigo en un aliado tranquilo y ajeno, pues el gigante ruso bastante tenía con sanear unas estructuras políticas, sociales y económicas sumidas en una ruina escandalosa. De forma paralela, la irrupción del terrorismo internacional desvió cualquier asunto competencial entre potencias para focalizar todos los esfuerzos hacia esa nueva amenaza, con lo que cada uno hizo lo que le vino en gana. Otro hecho que contribuyó a ese citado espejismo fue el paso de los antiguos aliados soviéticos a la órbita política de Occidente. Con todo se dio por hecho que Estados Unidos era el dueño del mundo. Las pruebas de esto son evidentes y escandalosas.Indudablemente uno de los errores más comunes en todo ese proceso conceptual es el de culpabilizar al sistema soviético de los vicios actuales cuando, en el fondo, aquél no fue más que el rehén de una secular concepción muy particular de poder y de su proyección sobre la propia consideración del Estado. Así se obvió que las estructuras estatales en Rusia no sólo forman una red de organización sino que son garantía de seguridad y supervivencia para una población que cede toda iniciativa al poder establecido. A cambio, todas las estructuras de poder ejecutan, de manera centralizada, políticas que poco o nada tienen que ver con las expresiones de la voluntad popular. Así es ahora, así fue en la etapa comunista y así era bajo el dominio de los zares. De ahí que su concepto actual de democracia poco o nada tenga que ver con el nuestro. Es la democracia rusa, sin más.Entonces, ¿extraña que el camarada Putin amenace? ¿Sorprende que insinúe que quiere alargar su permanencia en el poder? Simplemente, no. Es el zar de las Rusias y como tal ha de actuar. No admite un mundo regido por un solo poder y tampoco que le amenacen en los umbrales de su puerta. La Gran Rusia es orgullosa, como siempre lo ha sido. El resto fueron ilusiones sin sentido. Rusia es una democracia dictatorial sumida en la incapacidad para liberarse de conceptos anclados en un pasado muy lejano. Más allá del denostado comunismo.

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