viernes 8 de junio de 2007
La niebla
IGNACIO CAMACHO
AL fallecido profesor Fuentes Quintana, como a Adolfo Suárez, la bruma neuronal del alzheimer le había corroído la memoria de aquellos años de hierro en que ambos forjaron las bases de la nueva democracia española a partir de un compromiso histórico que se conoce como los Pactos de la Moncloa. La mirada intensa y azul de Suárez aún aletea borrosa en su casa de Madrid cuando reconoce a algún ser querido, pero su dueño ya no se acuerda de que fue el presidente del Gobierno que sacó al país de la dictadura a través de los escarpados desfiladeros de una quebradiza libertad. Como en una triste metáfora de estos tiempos de encono y ruptura, la memoria personal de los protagonistas de la Transición se va apagando en una niebla cenicienta y gris mientras la sociedad que construyeron trata de agarrarse a las efemérides para salvar siquiera las amenazadas ascuas de aquel brillante fuego de esperanza colectiva.
Hace treinta años, cuando cada amanecer era en España una aventura, Suárez, Fuentes y otros convocaron a los demonios de una Historia de fracasos para sentarse a negociar sobre una única premisa de partida: había que llegar a un acuerdo para salvar el futuro. Izquierdas, derechas y nacionalismos se agruparon en torno a un pacto de generosidad y renuncia del que salió el primer gran consenso nacional, que poco después cerraría a través de la Constitución del 78 las grandes heridas de un siglo desgarrado. La única receta fue unirse para hablar y ceder cada cual lo necesario. ETA mataba cien personas al año, la economía era una ruina y la democracia zozobraba entre bombas y ruidos de sables, pero aquellos tipos tenían el culo di ferro y la mente flexible y abierta; se sabían situados ante un desafío crucial y conocían el significado de la palabra diálogo. El compromiso que sacaron adelante no fue fácil ni perfecto, y a muchos de sus componedores los acabó devorando el vértigo de la política, pero todo aquel esfuerzo sirvió para demostrar que los españoles no estábamos condenados a la derrota histórica y podíamos sobreponernos al estigma de Caín.
Ahora unos iluminados posmodernos han decidido que aquello fue una suerte de vergonzante claudicación y con suicida determinación de aprendices de brujo se han puesto a desatornillar las tuercas del mecano de la convivencia. En tres años han desmontado el consenso nacional, el equilibrio territorial y la unidad antiterrorista, han abierto la caja de Pandora de una memoria de sangre y han expandido la cizaña tóxica del rencor ideológico. Presos de un adanismo irresponsable, tratan de liquidar la Transición para reinventar un orden cuyos detalles no han proyectado. Error tras error, fracaso tras fracaso, continúan empeñados en reconstruir la herencia de unos mayores que no sólo eran más generosos, sino que respaldaban su audacia con un talento mucho más fecundo.
Envueltos en el velo nebuloso de la desmemoria, los titanes de aquel tiempo indeciso pero victorioso se van marchando poco a poco hacia una posteridad que no sólo les convierte en inmortales, sino que piadosamente les impide contemplar este sórdido desguace de su decisivo legado.
viernes, junio 08, 2007
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1 comentario:
Excelente, excelente...Le escribo desde Venezuela, yo, español, muy español, desde el país que me (nos) acogió en aquel terrible entonces...
Hoy, Chavez y sus huestes pseudo-comunistas, pretenden dividir este bello y hospitalario país en rojos-rojitos y todos los demás (escuálidos, nos llaman). Llegue a su blog, buscando la imagen (terrible) de los fusilamientos de la Moncloa, que será la portada de una publicación de la universidad donde he transitado mi vida activa y desde la altura de mis 71 años, veo como los demonios se han desatado y como Venezuela necesita, con urgencia, de un Pacto de la Moncloa...
Nuestra reciente historia (de España) nos puede servir un tanto de guía y brújula, tal vez.
Veremos que nos depara el futuro
M Megias
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