lunes 18 de junio de 2007
Treinta añazos
IÑAKI EZKERRA i/i.ezkerra@diario-elcorreo.c
Con la democracia española pasa un poco como con esos gandules que han cumplido treinta años y siguen echándole a su madre la culpa de no haber encontrado novia o viendo en su padre al responsable de que todavía no sepan qué quieren ser en la vida. Por absorbente y posesiva que sea una madre, por intimidador, tiránico, bestial y fascista que sea un padre, treinta años son muchos para haberse podido librar de esas nefastas influencias y para superar esa traumática rémora. Uno se topa con la democracia española por la calle y lo que le sale, cuando ésta le empieza a contar sus complejos, sus traumas, sus inseguridades, sus limitaciones, sus miedos, su falta de libertad por culpa de Franco, es decirle lo que se les dice a esos enmadrados y empadrados chavalotes: «¿Y con treinta añazos cumplidos que tienes sigues todavía con ésas?».Suele decirse que a partir de cierta edad uno ya tiene el rostro que se merece. Los españoles, que tenemos la mayoría de edad política desde 1977, hoy tenemos la democracia que nos merecemos, o sea la que hemos sabido construir con la libertad que nos dimos o que nos dieron. Y es que después de treinta añazos da igual que fuera ésta una democracia corta, defectuosa, precaria e incluso infame, que la hiciéramos o nos la dieran hecha. Hemos tenido ya demasiado tiempo para cambiarla, para perfeccionarla, para modelarla a nuestro propio gusto, a nuestra imagen y semejanza. No sé si es éste momento para la celebración o para la nostalgia. Para lo que sí es momento es para que los responsables de cada partido político que ha gobernado durante estas tres largas décadas se pregunten qué hicieron con la libertad que tenían tanto si era mucha como si era poca. ¿Usaron esa libertad para hacer su pueblo, su territorio autonómico, su país más justo, más solidario, más hospitalario, más igualitario, más próspero, más rico en oportunidades, más cabal, más culto, más seguro, más libre y menos corrupto, menos sucio, menos podrido que como lo encontraron? ¿Ensancharon esa libertad que tenían o la hicieron aún más estrecha, más pequeña, más limitada, más dosificada, más exclusiva para unos pocos, más cutre? Es hora en realidad de que nos hagamos ese examen elemental todos los ciudadanos. Después de treinta años de muerto Franco no hay disculpas. Tenemos la democracia, los gobernantes, la corrupción, la libertad, el terrorismo que colectivamente nos merecemos. Seguir echándole la culpa a Franco es no asumir nuestra mayoría de edad ya vieja, no hacernos cargo de nuestra vida. Es como decir que hemos trabajado en lo que no nos gustaba y que nos hemos casado y que hemos tenido hijos sólo por pura imposición paterna. Treinta añitos son muchos para seguir con ese rollo
domingo, junio 17, 2007
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