miércoles, junio 20, 2007

German Yanke, Tiempo de pactos

jueves 21 de junio de 2007
Tiempo de pactos Germán Yanke

Está todo pendiente de un hilo, al parecer. Un hilo que sostiene, en lo alto, un PSOE que se debate entre lo que ha sido su programa hasta el momento (incluido el entendimiento y las zalamerías con los nacionalistas) y el razonable efecto que, en las actuales circunstancias, puede tener mantener ese tipo de acuerdos, sobre todo en el País Vasco y Navarra.
Todo está tan pendiente de un hilo que se mezclan los principios (que son más bien límites —lo que uno no está dispuesto a hacer— que convicciones) con la estrategia. Y cumple tanto al PSOE (asustado) como al PP (que da muestras de desconcierto en el nuevo escenario tras la ruptura formal del ya inexistente “alto el fuego” de ETA). Un escenario en el que se mezclan apoyos mutuos y negociaciones con terceros. UPN ha apoyado a la candidata socialista a la presidencia del Parlamento navarro, el PSOE al candidato popular para presidir las Juntas Generales de Álava. Y, por otro lado, los socialistas navarros siguen hablando con Nafarroa Bai para una posible coalición y los populares con Coalición Canaria. Ahí sigue también el vodevil de Baleares.
Si el PP puede, en este tráfago, perder parte del poder con el que contaba antes de las elecciones del 27 de mayo (lo que José Blanco llama la imagen de quién ha ganado las elecciones), el que de verdad asume más riesgo político es el PSOE. Porque, en contra de lo que diga su secretario de Organización, los socialistas han perdido las municipales porque su alianza de izquierdas no ha movilizado al electorado como pretendían (para dejar al PP fuera, etc.). Así que si optan por restar poder a la derecha, como anestesia para pensar que las cosas les van bien, no tienen más remedio que pactar con los nacionalistas, lo que es difícilmente explicable a buena parte del electorado que mantienen.
Todo ello, además, debe enmarcarse en una estrategia general. Nacionalismo no es igual a terrorismo, pero la actitud que se tome ante el terrorismo afecta a las relaciones del poder con los nacionalistas a la vista de las posiciones que éstos han venido tomando sobre la negociación, el final dialogado y la reforma del Estado como “pista de aterrizaje”. Esta evidencia trata de camuflarse en la estrategia pero acaba siempre haciéndose presente.
Ayer, el lehendakari Ibarretxe mezcló la lucha contra el terrorismo con la abolición de la Ley de Partidos, el fin de lo que esperpénticamente llama “la exclusión”, su Plan (al que se refirió como “Estatuto político”) y la existencia de un “conflicto” desde, al menos, 1839. Las relaciones y los pactos no pueden entenderse sin este planteamiento político y el Gobierno difícilmente puede jugar, al mismo tiempo, a dos bandas. Si de verdad piensa el Ejecutivo lo que dijo en Barcelona el ministro del Interior (“el futuro de ETA es la cárcel”), se imponen dos consideraciones. Una, que no es lo mismo esta afirmación que la habitual del presidente sobre un futuro dibujado vagamente como el abandono de las armas. La cárcel si es una derrota de la banda. Pero, segunda consideración, no es compatible, se mire como se mire, con los planes de Ibarretxe.
Se puede, durante un tiempo, navegar en las dos aguas. Pero poco tiempo. Luego vienen las consecuencias, como el trágico final de las esperanzas del “proceso” y el triunfo electoral del PP en las elecciones locales.

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