sabado 23 de junio de 2007
Políticos y jaurías salvajes
Miguel Ángel García Brera
H AGO un alto en la declaración sobre la renta para seguir presente una semana más en este foro de firmas invitadas que nos hemos ido conociendo a base de leernos unos a otros y resulta ya que somos como una amplia unión de hecho en el gozo por pensar, en el gusto por transmitir nuestros pensamientos y, muchas veces, en la extroversión de que hacemos gala al abrir en nuestras colaboraciones los recuerdos más personales. Una unión de hecho sobre la que habrá de meditarse, pues, como entre los aquí escribientes, hay bastantes mayores, tal vez podrían mejorarse nuestras pensiones con alguna ayuda oficial, por parte de una Administración tan espléndida que no puede uno ni creérselo cuando se leen las relaciones de pintorescas ONG y parecidos inventos a los que se destinan una parte de lo que pagamos por el impuesto de la renta. Por lo demás, confieso que he sentido bastante coincidencia con por las declaraciones de Tony Blair, en las que acusa a los periodistas de actuar a veces como “una jauría salvaje, haciendo trizas a gente y reputaciones”, aunque no sea él quien más pueda hablar de nosotros, pues con un cinismo insuperable ha reconocido en su discurso que el partido laborista, tras asumir el poder en 1999, puso “una atención fuera de lo común en cortejar, suavizar y persuadir a los medios de comunicación” y ya se sabe que ese cortejo exige dinero y prebendas y, lo que es peor, fomenta todo tipo de extorsiones. Por cierto que no hacía muchos días que Fermín Bocos comentaba unas reflexiones de Rafael Sánchez Ferlosio, aceptando con él que “una parte del periodismo se ha convertido en industria de la comunicación y otra en el negocio (los favores se pagan) que se deriva de la ocultación de los hechos incómodos para determinados poderes. Llevarse bien con el Gobierno exonera de dolores de cabeza.”. Con todo ello, confirmo mis viejas conclusiones, ya escritas varias veces, sobre lo sucedido en España con una prensa que empezó a ser tratada por el poder como si los periodistas hubieran sido el auténtico motor del cambio y de ahí se siguió hasta el actual momento en que, en cualquier tertulia mediática, las opiniones “ personales “ se ofrecen dogmáticas e inseparables de la línea ideológica y partidista del medio al que cada interviniente sirve, un aficionado venezolano puede sentar cátedra de moral y convivencia en los medios o una amateur puede dirigir programas denigratorios, incluso post mortem, para una Grande de España o para una artista famosísima, aunque de baja cama, y así etc.etc. Pero no sólo ha sido Blair quien en estos días ha hecho objeto de sus diatribas a los periodistas. La fiscal del caso 11M , con menos fundamento y palabrería populachera más que grandeza oratoria, ha asegurado en su informe oral ante la Sala que “ la dignidad de los afectados y la memoria de las victimas nos han sido merecedoras del tratamiento que se ha realizado en algunos medios de comunicación de los atentados por personas que a lo mejor en su momento pudieron aprobar la carrera de periodismo, pero que no tienen la altura y la grandeza de una profesión tan importante en una sociedad democrática” Al parecer Olga Sánchez ha querido expresar su resentimiento por elevación, acusando, innominadamente, de menospreciar a las víctimas a algunos periodistas que lo que han venido enjuiciando negativamente ha sido la intervención de la “fiscala” durante la instrucción. Claro que en este caso, el presidente del Tribunal, Gómez Bermúdez, cortó de raíz el informe del Ministerio Público por entender que “se han excedido los límites de los que es un informe jurídico” y añadiendo: “entenderá que no podemos dedicar en esta Sala tiempo a los reproches a los que no son partes procesales”. A quien los medios recuerdan estos días y los políticos también, a juzgar por la encomiástica dedicatoria de la Vicepresidente de la Vega, -bien distante de aquel “piropo” de su antecesor Alfonso Guerra que le llamó “Tahúr del Misisipi”- es a Adolfo Suárez, con motivo de haberle concedido el Rey, el Toisón de Oro. Como el expresidente padece una enfermedad que le impide dar su parecer sobre el asunto, esta vez de ningún modo habrá lugar a un romance como el titulado “Un castellano leal”, del Duque Rivas, que pudiera presentarnos, llegado el caso, al Duque de Suárez, como al Conde de Benavente cuando Carlos V, el primer Maestre español de la Orden, fundada en 1429 por el Duque de Borgoña, le pidió que acogiera al muy bandido Condestable de Borbón, en su palacio toledano. Al hacer la descripción del noble castellano, -que tras acatar la orden regia, no sin antes implorar sin éxito, en estos términos: “no profane mi palacio/ un fementido traidor/ que contra su rey combate/ y que a su patria vendió”, cuando el francés se fue, quemó su propio palacio-, el poeta destaca: “Tan sólo de Calatrava/ la insignia española lleva/ que el Toisón ha despreciado/ por ser Orden extranjera”. Por cierto, ¿no sería mejor que la asignatura para la convivencia, la lectura de nuestros clásicos que tanto ayudan a formar en los valores que conducen a convivir honradamente?
viernes, junio 22, 2007
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