jueves, junio 21, 2007

Ferrand, Sucesos catalanes

jueves 21 de junio de 2007
Sucesos catalanes

POR M. MARTÍN FERRAND
JOSEP Lluís Carod-Rovira, ¡responsable de las relaciones internacionales de Cataluña!, y Josep Bargalló, director del Instituto Ramón Llull, han vetado a Valentí Puig, grande en dos idiomas, como representante catalán en la Feria del Libro de Fráncfort. Mal estaba el supuesto previo que negaba la condición de «escritor catalán» a quien lo fuera en castellano; pero, como para demostrar que a la saña separatista se une la rabia ideológica, además de prohibirle la presencia en Alemania a catalanes tan notorios y brillantes como Marsé, Ruiz Zafón o Mendoza, escritores acostumbrados a la lengua castellana, se le impide también a Puig, en el que costaría trabajo discernir si su obra principal y de mayor mérito está escrita en uno u otro de esos dos idiomas españoles.
A Puig le quitan la teta del Presupuesto, pero, como el talento resulta inexpropiable, seguirá escribiendo con grandeza y ejerciendo el periodismo con garbo y oportunidad. El domingo, en estas mismas páginas, entrevistaba nuestro admirable compañero a Jordi Pujol y el ex president, con la precisión del entomólogo que examina con lupa el bichito que acaba de atravesar con un alfiler para ponerle en un corcho, le dijo: «La política actual es poco coherente y de bajo nivel». Ahí está el detalle que, por quedarnos sólo en Cataluña, sirve para explicar la marginación de Puig, la patología del Govern tripartito, la guerra interna de CiU y tantos cuantos episodios irregulares van debilitando la potencialidad de la que debiera ser, y ha dejado de serlo por el empecinamiento estéril de ser una nación, la primera entre todas las regiones del Estado.
Antes, dicho sea con palabras de Pujol, CiU representaba un nacionalismo en busca de profundizar en la autonomía; pero los desajustes generados por las alianzas que, contra la razón y la Historia, mantuvieron a Pasqual Maragall y sostienen a José Montilla han convertido a la coalición, a pesar de sus victoriosos réditos electorales, en oposición permanente y, sin las ligazones del poder, entra en lo posible que se pueda ser de la «C», convergentes, pero no resulta probable la permanencia en la «U», la unión.
Lo que hoy distancia a Converg_ncia de Unió no es una cuestión ideológica ni, si se apura, una disputa fundamental de liderazgo. Es la alarmante escenificación de la irrespirabilidad del ambiente político que, en su propio beneficio y para su mayor gloria, está forzando José Luis Rodríguez Zapatero. Nunca hay efectos sin causa y cuando se debilita el tronco del Estado -la gran tarea del último trienio monclovita- las ramas tienden a desgajarse. Es el destrozo total que mal se justifica con el daño para cuarenta y cinco millones de vecinos y la pretendida gloria de un abuelo. El clavo de la herradura de Zapatero nos puede costar la victoria en la batalla de España contra su propio futuro. Lo que acontece en Cataluña es un aviso diáfano.

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