jueves 21 de junio de 2007
Europa se construye de crisis en crisis
DESDE sus orígenes hace ahora cincuenta años, la Unión Europea ha demostrado que las sucesivas crisis políticas no la debilitan, sino todo lo contrario, y que no hay razones para suponer que en este caso el tropezón del «no» francés en el referéndum sobre el tratado constitucional tenga efectos insalubres para el futuro del proyecto comunitario. Evidentemente, no se puede negar que habría sido mejor mantener la Constitución original, porque significaba la racionalización y clasificación ordenada del Derecho europeo -precisamente en la línea de lo que pedían muchos de los que votaron «no» en los referendos francés y holandés- y contenía los mecanismos para convertir la maquinaria de Bruselas en un instrumento más eficaz para funcionar en un mundo cambiante e imprevisible. Pero, hasta ahora, a un tratado le ha seguido otro y la experiencia nos dicta que no hay nada más perecedero que el entusiasmo de los líderes europeos cuando llegan a un acuerdo, porque ese es siempre el momento en el que empieza el inevitable camino hacia la reforma o la sustitución de lo que se acaba de aprobar. En Europa, lo que hoy es un avance histórico se suele convertir muy pronto en un instrumento caduco.
La presidencia alemana ha conseguido elaborar un mecanismo que se servirá precisamente de esta práctica para convertir los puntos más importantes de la Constitución en reformas concretas de los tratados existentes. Aquel ilusionante proyecto quedará diluido en la maraña del Derecho comunitario general y perderá toda la visibilidad que tenía, pero puede preservarse todavía en sus esencias -en puntos concretos y necesarios, como la personalidad jurídica de la UE o la creación de la figura de un presidente permanente-. Hay otros elementos que deberán ser negociados porque siguen provocando reacciones hostiles: Gran Bretaña no ve con buenos ojos que la Carta de Derechos Fundamentales tenga validez jurídica y considera que la institucionalización de la política internacional europea en la figura de un ministro de Asuntos Exteriores puede tener consecuencias sobre aspectos de soberanía, tales como el puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU; Holanda busca ampliar los poderes de los parlamentos nacionales y Polonia quiere que se revise el cálculo del peso de cada país en el sistema de toma de decisiones, lo que hasta ahora parece ser el atasco más áspero de la discusión. Con todo esto, Angela Merkel pretende dejar cerrado un paquete que será aprobado en una futura conferencia intergubernamental y que entraría en vigor a partir de las elecciones europeas de 2009. Europa se construye en un proceso dinámico y, aunque en estos momentos parezca que estemos en plena «indigestión» de la última ampliación, nadie pone en duda la idea europea. La UE sigue siendo el proyecto más ilusionante que tenemos y, con todas sus crisis, lo único cierto es que nadie ha pedido salir de ella.
jueves, junio 21, 2007
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