martes 12 de junio de 2007
Te pillan, tío
Edurne Uri
arte
Si la ocurrencia fuera mía, no osaría con un título como el que preside más arriba, que una cosa es tratar con cierta familiaridad a los lectores, y otra, hacerlo con una desfachatez rayana en la grosería. La audaz camaradería es de la DGT que le ha cogido gusto a invadir el salón de nuestras casas con consejos y hasta charlas de buen comportamiento, cual amiga íntima de toda la vida. O cual padre gruñón, madre pesada, o enrollado profe de adolescentes, lo último del Estado entrometido que llama eh, tío, a los conductores.
El entusiasmo y las indudables buenas intenciones de la DGT o de los minusválidos que colaboran en su nueva campaña les han llevado a tomarse unas libertades y una confianza que nadie les había concedido. Ni la responsabilidad del Estado. El Estado es responsable, pero no nuestro padre, y se ha hecho un lío con los roles.
No le corresponde al Estado hacer de psicólogo o de confesor, y menos con los ciudadanos responsables. Que lo haga con los infractores, si es que la ley se lo permite. Para los demás, lo propio de sus funciones podría ser tomar medidas drásticas como limitar la velocidad de los coches o ampliar el número de vigilantes, si es que puede o se atreve. Pero no incordiarnos como a inmaduros y peligrosos jovencitos. Cuesta imaginar que Sanidad situara a grupos de hipertensos con problemas coronarios a hacer campaña al lado de los paquetes de sal de los supermercados o a ex-alcohólicos a la puerta de los bares, o que Medio Ambiente enviara a víctimas de incendios a los merenderos. O cualquier otra extravagancia que a la DGT se le ha ocurrido, sin embargo
martes, junio 12, 2007
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