lunes, junio 11, 2007

Deber de unidad

lunes 11 de junio de 2007
Deber de unidad

El presidente Rodríguez Zapatero y el líder popular Mariano Rajoy tienen hoy el deber de acercar posturas, reconocerse mutuamente las equivocaciones y los excesos en que han incurrido hasta la fecha y comprometerse a preservar el máximo entendimiento ante la ciudadanía. Más importante que la imagen que transmitan de su encuentro en la Moncloa será la actitud que mantengan, cada uno respecto al otro, a lo largo de los próximos días. Para ello es imprescindible que ambos clarifiquen el significado de sus palabras y el trasfondo de sus intenciones, desterrando tanto los pronunciamientos equívocos como la defensa fetichista de sus respectivas posiciones, en pos de un nuevo consenso. Conviene recordar que los dos principios más tangibles en que se basó la redacción del llamado Pacto Antiterrorista fueron la negativa a negociar, directa o indirectamente, con ETA y el propósito de situar el tema antiterrorista fuera de la pugna entre partidos. Sin estas dos premisas, ni el anuncio del presidente de que será «implacable» con ETA ni la exigencia popular de buscar la «derrota» de la banda adquieren carta de naturaleza.Durante los largos meses en los que la banda terrorista fue violentando su propio alto el fuego permanente, el Gobierno optó por eludir tan continuado desafío indicando que no era al Ejecutivo sino a ETA a quien correspondía declarar, eventualmente, el final del proceso. Tal actitud formal, que Rodríguez Zapatero mantuvo incluso tras el atentado de la T4, resultó totalmente inapropiada por el desconcierto que suscitaba en la ciudadanía y por el envalentonamiento al que invitaba a los terroristas. Tras el último comunicado de ETA, tanto desde el punto de vista del ánimo ciudadano como para situar a los terroristas ante las consecuencias de su fanático empecinamiento, es necesario que el presidente del Gobierno deje rotundamente claro que la decisión de la banda no le saldrá gratis ni a ella ni a la izquierda abertzale y que, desde luego, tendrán que pagar penal y políticamente por los atentados que pudieran perpetrar. Porque mientras Jone Goirizelaia se permita declarar que «no da por finiquitado ni enterrado el proceso», sin que nadie desde el Ejecutivo replique a semejante cinismo, o distintas voces del nacionalismo gobernante continúen refiriéndose al diálogo como si el anuncio de nuevos atentados fuese algo pasajero, ETA pensará que el tiempo corre a su favor haga lo que haga. Zapatero y Rajoy tienen hoy la oportunidad y la obligación de restablecer la unidad como la respuesta urgente y duradera que exige la amenaza terrorista. El presidente ha de comprometerse a contar siempre con el primer partido de la oposición; Rajoy en apoyar, a partir de esa condición, la actuación del Ejecutivo.

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