jueves, junio 07, 2007

CiU, en retroceso y si liderazgo

viernes 8 de junio de 2007
CiU, en retroceso y sin liderazgo
PASAN los años y es indudable que Convergencia y Unión no encuentra la manera de sobreponerse a la salida de Jordi Pujol y al varapalo de haber perdido la Generalitat en dos ocasiones pese a ser la formación con más escaños. Tras una fructífera etapa de más de dos décadas en el poder, los nacionalistas catalanes han sido víctimas de su propia prepotencia al infravalorar la capacidad de entendimiento entre PSC, ERC e IC-V para reeditar su problemático tripartito. CiU no sólo ha perdido el poder en Cataluña y ha calculado torpemente que su tránsito por la oposición iba a ser algo circunstancial o pasajero, sino que su capacidad de influencia en la política nacional -que Pujol siempre utilizó con astucia y, salvo en contadas ocasiones, con sentido de la responsabilidad-, decrece al mismo ritmo que el liderazgo de Artur Mas. A ello, CiU añade ahora la pérdida de casi 70.000 votos en estas elecciones locales y su salida de relevantes ayuntamientos y diputaciones, lo que ha hecho que salten las alarmas.
Nunca desde que sustituyó a Pujol al frente de la federación, Artur Mas ha dado una impresión de solvencia. Su liderazgo nunca ha sido lo suficientemente aceptado como para arraigar con solidez en una sociedad que ha dado evidentes muestras de hartazgo del tripartito. Y ahí radica el drama de la CiU post-pujolista: está perdiendo su identidad, defrauda a una parte de su electorado tradicional y es incapaz de enganchar al más joven con un mensaje reciclado. La oscura negociación que Mas mantuvo con Zapatero para salvar in extremis el Estatuto catalán, lejos de ofrecer una imagen triunfadora de CiU, se reveló de inmediato como una torpeza estratégica de magnitud. Fuera engañado por Zapatero, o éste a su vez por José Montilla, lo cierto es que en cinco años Mas no ha pasado de ser el líder de la oposición en Cataluña, y ni siquiera es atribuible a él la jubilación de Pasqual Maragall. Es natural, pues, que ante esta etapa de indefinición política y de ansiedad por la progresiva pérdida de poder, se esté produciendo en CiU una seria contestación interna para corregir la deriva.
Además Convergencia no es Unión, y viceversa. Hasta ahora, la diplomacia interna ha impedido noches de cuchillos largos, pero ya surgen voces que apelan sin reservas al relevo de Mas. La cercanía de las elecciones generales y el temor a un golpe más severo aún en las urnas están ejerciendo una fuerte presión interna para cambiar caras y mensajes. A CiU le sobran imposturas soberanistas, excesos identitarios y buenas dosis de imprudencia. En torno a esas lindes, perderá más votos. Por eso, con Mas o sin él como líder, CiU está llamada a rectificar y retornar al camino de los pactos razonables. Ahora que se sienten despreciados por los socialistas, en CiU deben demostrar, por ejemplo, que están arrepentidos de haber dicho que no pactarán con el PP «en varias generaciones». Reconocerlo sin complejos sería un primer paso porque hasta ahora lo único que han hecho es dilapidar la mejor herencia del pujolismo.

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