jueves, junio 14, 2007

Carlos Luis Rodriguez, Piratas sin Caribe

viernes 15 de junio de 2007
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Piratas sin Caribe
Cuando aparece una candidatura independiente o una nueva sigla es difícil reprimir un sentimiento de simpatía. Hay alguien que rompe el aburrimiento y se libera de las estructuras anquilosadas de los partidos clásicos. Es como un explorador que sale en pos de lo desconocido, casi siempre con escasos pertrechos. Incluso esa inquietud que se percibe en los partidos de toda la vida tiene algo de reconfortante.
La novedad impide ver la parte menos positiva del fenómeno. Muchas veces la motivación es vindicativa. El candidato frustrado de una lista popular o socialista (en el BNG sucede menos) da un portazo y se instala por su cuenta. Apresuradamente se inventa un programa, convence a unos cuantos amigos y comparece en el supermercado político como si fuera una marca blanca, cuando en realidad no lo es.
Aún así, esa simpatía persiste porque puede darse el caso de que ese ex, convertido en autónomo, aporte frescura a la vida local. Quizá en varios como él esté el germen de una fuerza que sirva de bisagra entre las grandes. Vana esperanza, ya que enseguida queda en evidencia que, si este independentismo surge como remedio, al final es peor que la enfermedad.
Hay varios ejemplos estos días de que el esplendor de este tipo de proyectos es tan efímero como la vida de las mariposas. Salen del capullo, aletean un poco en estos días de negociaciones y después se desvanecen, o buscan su reacomodo en los partidos de siempre. Con las excepciones de rigor, acaban por ajustarse a dos grandes patrones: los que exigen urbanismo o algo similar para respaldar al candidato en apuros, o quienes ajustan cuentas pendientes, vetando a Fulano o Zutano.
Dentro de lo que cabe, los primeros son más respetables que los segundos. Al menos no esconden sus intenciones. Los otros están embarcados en una venganza personal, que hubiera sido más lógico dirimir con un duelo de los que se hacían antes en los sombríos cementerios.
El resultado es el descrédito de muchos independientes y algunas de las siglas que han sido utilizadas para cobijar a candidatos rebotados. Ahora que están de moda los Piratas del Caribe, tenemos entre nosotros a otro tipo de bucaneros que pilotan barcos de distinto nombre, pero con la misma bandera negra izada.
Sabido es que en los tiempos gloriosos de la piratería había una modalidad que gozaba de la protección oficial. Drake era mitad bandido y mitad almirante de la Royal Navy. Ahora sucede igual con alguno de estos políticos. Cuando a un partido serio le interesa contar con ellos para completar su mayoría, se les trata con la mayor consideración, sin tener en cuenta su historial.
Como siempre, habrá alguien dispuesto a contratarlos para repartir el botín, este tipo de corsarios seguirá existiendo. Habrá siempre un Sparrow dispuesto a zarpar en las elecciones. En definitiva, el riesgo de la apuesta es limitado y lo que se puede lograr, si D"Hondt ayuda, es cuantioso. Sin embargo, cada vez será más difícil ver en el independiente, en la sigla concebida como una carpa, algo novedoso, fresco o romántico, y no una estrategia comercial, o un sistema para vengarse del ex compañero.
Claro que en el pecado llevan la penitencia. Si ha resultado útil para que alguien se aúpe al poder, no tardarán en postergarlo. Si ni siquiera sirvieron para eso, serán unos ediles irrelevantes que al final llamarán a la puerta de algún partido. Desde dentro les dirán que no compran nada.

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