viernes 8 de junio de 2007
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Pacto ortopédico
No es difícil imaginar el malestar de muchos gallegos si las negociaciones para formar gobierno en la Xunta de Galicia se hubiesen celebrado en un hotel de Madrid, sin la presencia de Touriño y Quintana. La gente tendría razón al pensar que ese aperitivo era la preparación para una autonomía menos autónoma.
Por mucho que sus protagonistas insistiesen en que sólo se trataba de un acuerdo marco, cuyo desarrollo se dejaría en manos de los políticos autóctonos, casi todo el mundo lo vería como una injerencia. La propia idea del autogobierno quedaría en entredicho, al ver como personas ajenas a las instituciones autonómicas precocinaban un pacto en la capital de España que después iba a ser servido en Santiago.
No es muy diferente lo que está sucediendo estos días con los acuerdos municipales. El destino de muchos consistorios se prepara en conciliábulos que se desarrollan fuera, y en los que no participan los candidatos votados por los vecinos. La autonomía del poder local, un principio tan constitucional como la autonomía del poder gallego, se menosprecia de forma ostensible.
Tales reuniones por arriba no son una consecuencia de las que se celebran por abajo, sino un condicionante. Se trata de ponerle un corsé a los consistorios, de adelantarse a posibles indisciplinas, de evidenciar, en suma, quién manda y quién obedece. Debe quedar claro desde el principio que los nuevos regidores socialistas y nacionalistas disfrutarán de una libertad condicional. Bajémosles los humos por si acaso.
La imagen no puede ser más dañina para el municipalismo porque, además, la composición de las delegaciones negociadoras recalca la subordinación. Nadie ha explicado qué pinta la conselleira de Cultura o su colega de Medio Ambiente, ni cuál es la causa de que no estén presentes Lores, Abel, Losada o Irisarri. Aún admitiendo que hubiera un acuerdo previo de tipo autonómico, los interlocutores debieran haber sido políticos locales. Ni siquiera eso.
Estamos hablando de acuerdos para gobernar los municipios, cuando en realidad lo prioritario no es eso. Lo esencial para sus promotores es trasladar el pacto vigente a escala autonómica a los ayuntamientos, con independencia de lo que suceda en cada uno. Más que un acuerdo municipal, es una prolongación del acuerdo autonómico, un seguro adicional para unir los destinos de socialistas y nacionalistas.
Juan Fernández Ameneiro y José Fernández Barcia son dos de ellos. Están en Mugardos y allí, por las razones que sean, ambas familias de la izquierda no se llevan bien. Discrepancias políticas, rencillas personales, cuentas pendientes, falta de química, quién sabe. El caso es que los militantes del PSdeG decidieron en asamblea no participar en el próximo gobierno de la villa.
¿Tuvieron en cuenta éste y otros casos los negociadores que se reúnen en Compostela? A la vista de los problemas que han surgido, parece ser que no. El acuerdo ortopédico que pretenden se acepta a regañadientes, pidiendo excepciones y aportando matices. Para unos lo esencial es que cada uno de los consistorios implicados sea un reflejo de la Xunta; para otros lo principal es tener en cuenta la situación del municipio. Éstos creen en la autonomía municipal, pero aquéllos desconfían de ella.
Los socialistas mugardeses seguro que están encantados con que el presidente de Galicia sea uno de los suyos, pero a la hora de decidir, pensaron en Mugardos. Para eso se celebraron unas elecciones.
jueves, junio 07, 2007
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