viernes, junio 22, 2007

Alberto Miguez, Sahara, la imposible solucion

viernes 22 de junio de 2007
Sahara: la imposible solución Alberto Míguez

Cerca de Nueva York y auspiciados por Naciones Unidas, diplomáticos marroquíes y saharauis se acaban de reunir en busca de un acuerdo, solución o salida a un conflicto que dura más de un cuarto de siglo.
Hacía una década que no se veían cara a cara, y para evitar susceptibilidades asistieron a la reunión en calidad de observadores representantes de Argelia y Mauritania, países vecinos al conflicto y obviamente interesados. También España y Francia enviaron representantes que no abrieron la boca ni tenían por qué.
Como era de esperar, la reunión concluyó con buenas palabras y con un acuerdo de volver a reunirse en agosto con los mismos delegados y el mismo formato. Los optimistas —que en este asunto son muy pocos— esperan que alguno de los problemas evocados estos días esté ya maduro y pueda avanzarse. Bendita ilusión, porque avances no hubo en este primer encuentro ni es probable que los haya en el próximo.
La distancia que separa a marroquíes y “polisarios” es enorme e imposible de reducir, al menos por ahora.
Lo que los saharauis quieren es simple y llanamente un referéndum de autodeterminación que conduzca a la independencia del territorio.
Lo que los marroquíes ofrecen es una amplia autonomía semejante a la que gozan las regiones autónomas españolas.
Se trata, simplemente, de un objetivo disparatado, según los independentistas saharauis, entre otras razones —nadie puede discutirlo— porque el Sahara occidental nada tiene que ver con la península ibérica y el régimen marroquí —una monarquía de ribetes feudales y usos autocráticos— está a muchas millas de distancia del régimen y la monarquía de España.
La creación una “entidad nacional saharaui” no interesa a nadie: ni a los marroquíes, lógicamente, ni a España, ni a Francia ni a los países árabes, aunque algunos de ellos digan lo contrario. En cuanto a una autonomía saharaui según el modelo español, conviene ser realista: el difunto Hassan II les dijo hace algunos años a los “polisarios” que todo sería posible —incluida la independencia— con tal que de el nuevo país respetara y asumiera “la bandera y la moneda” de Marruecos. Casi nada.
Hoy el sucesor de Hassan, el joven e inexperto Mohamed VI, no podría siquiera hacer una oferta semejante al Frente Polisario.
Los independentistas saharauis suelen echar mano de Timor como ejemplo de que la independencia de los pueblos sin Estado es posible. Olvidan que el caso de Timor fue el producto de una guerra civil y de una presión internacional además de una cesión de Indonesia en un momento especialmente delicado, cuando el país estaba a punto de estallar por los cuatro costados.
Timor vive su independencia con todo tipo de dificultades. Recientemente hubo nuevos enfrentamientos entre diversas etnias y clanes, algo que puede suceder de nuevo en cualquier momento. Como ejemplo no es precisamente muy atractivo.
A España obviamente no le interesaría la creación de un semillero de discordias a unos cuantos kilómetros de las Canarias. Y a la potencia neocolonial —Francia— tampoco le gustaría. El nuevo presidente francés probablemente siga en el terreno exterior la misma política de su antecesor, Chirac, con respecto a Marruecos, país con el que Francia mantiene relaciones pasionales y estrechísimas.
Es verdad que España y los españoles tienen ciertas responsabilidades, aunque solamente sean morales, en el conflicto de Sahara occidental, un territorio que mientras Franco agonizaba se entregó a Marruecos y Mauritania en un ejemplo de mal estilo e irresponsabilidad.
Pero no lo es menos que en las actuales circunstancias este Gobierno —ni los anteriores— poco puede hacer para mejorar la situación y promover un entendimiento entre las dos partes en conflicto. En realidad nadie puede hacer nada: sólo saharauis y marroquíes, si quieren. Por ahora no quieren y punto final.

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