lunes 18 de junio de 2007
Francia: Segunda vuelta de las elecciones legislativasNi sorpresa ni euforia Alberto Míguez
Los resultados de la segunda vuelta de las elecciones legislativas francesas fueron más o menos los esperados, aunque no las tendencias que reflejan estos resultados. La derecha de Sarkozy (UMP) ganó por mayoría absoluta y manejará la Asamblea de la República a su gusto, la izquierda socialdemócrata y socialista aumentó considerablemente sus elegidos en comparación con la primera vuelta y con el número de diputados que tenía en la actualidad, resultado de las anteriores legislativas del 2002.
La abstención fue considerable y parecida a de la primera vuelta, un 40%, lo que constituye una cifra sorprendente y preocupante: ni la derecha ni la izquierda fueron capaces de movilizar a los votantes para que participaran. El resto, más o menos igual: la extrema derecha comunista baja y no podrá tener grupo parlamentario; la extrema derecha de Jean Maria Le Pen (Frente Nacional) no pudo colocar un solo diputado, su candidata más conocida, Marina Le Pen (hija y probablemente heredera de Jean Marie Le Pen), sin pena ni gloria. El resto de los tenores políticos del país pudo superar el ballotage.
Todos los ministros del Gobierno lograron la diputación con una excepción significativa: la derrota de Alain Juppé, vicepresidente del Gobierno, ex primer ministro y alcalde de Burdeos. Juppé deberá dimitir en el Ejecutivo porque así lo exigió el presidente del Gobierno, Fillon: quien pierda en las legislativas debe despedirse, y eso es lo que hará Juppé en las próximas horas. La más significativa derrota socialista fue la del ex ministro y alcalde de Belfort, Jean Pierre Chevenement. un icono de la extrema izquierda en los años sesenta y setenta. El “centrista” François Bayrou, fundador reciente del Movimiento Democrático, más conocido como Modem, logró tres diputados a duras penas, y lo mismo sucedió con los ecologistas.
Nada ha cambiado, pues en relación con la primera vuelta de las elecciones. La izquierda logró mejorar sus resultados pero sigue teniendo un número insuficiente para dar la batalla parlamentaria al partido del Gobierno, que lo dominará todo (comisiones, debates, presupuestos), pero los optimistas quieren ver en estas cifras relativamente favorables el inicio de la reconstrucción del partido, literalmente hecho migas tras la derrota de Ségolène Royal por Nicolas Sarkozy. Creer que el aumento de diputados —y por tanto de votos— constituye un triunfo en toda la línea constituye un sueño de verano que el tiempo se encargará de verificar, porque esa reconstrucción en la que anda metido el matrimonio Ségolène-Hollande (secretario general del PS) exigirá tiempo, habilidad y cierta autoridad que ninguno de ellos tiene por ahora.
En cuanto a Sarkozy, ya tiene en sus manos el instrumento parlamentario preciso para ir colando las reformas que anunció y que deberán ser fiscalizadas por el Parlamento. No hubo ayer euforia en las filas del presidente de la República ni tampoco sorpresa por la subida esperada y modesta de la oposición socialistas. Las cosas siguen como están. Durante todo el verano el presidente y el Gobierno deberán poner en marcha el paquete de reformas que anunciaron y cuya simple enumeración empieza ya a provocar malhumor y crítica en los socialistas, como sucede con la llamada “tva social”, concebida para salvar la seguridad social, que está arruinada como otros sectores en Francia. La carrera electoral —tres elecciones seguidas— ha concluido, ahora ha sonado la hora de la verdad.
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