jueves, junio 14, 2007

15 de junio, el dia que volvió la democracia

15 de junio: el día que volvió la democracia
Antonio Martín Beaumont - Pascual Tamburri

15 de junio de 2007. Desde los años cuarenta era inevitable; desde los años sesenta era evidente para los mismos políticos jóvenes del franquismo; desde 1976, con la Ley para la Reforma Política, era un objetivo común de todo el país. Sin embargo, el día que realmente volvió la democracia fue el 15 de junio de 1977.Desde diciembre de 1976 el proyecto tenía nombre y tenía fecha de aplicación. Torcuato Fernández Miranda había concebido una Transición pacífica, "de la Ley a la Ley", desde un régimen autoritario hasta una democracia moderna, sin ruptura del Estado, sin revolución y con unos tiempos meditados y garantizados por la Corona. La Transición tenía así un proyecto, el de la reforma de las instituciones, y un aval, el de la Jefatura del Estado, a la vez agente de democratización y heredera de Francisco Franco. Hasta la llegada de Adolfo Suárez había faltado un ejecutor. Después faltaba sólo un impulso.Las Cortes del régimen de Franco aprobaron la elección democrática de un Parlamento bicameral, con partidos políticos. Adolfo Suárez apostó fuerte el Sábado Santo de 1977, con las elecciones ya decididas, y legalizó el Partido Comunista de España. Una brillante jugada táctica, que situó al PCE dentro de las instituciones, dejó la oposición a la transición limitada a grupúsculos marginales y dividió la izquierda, para descontento del PSOE de Felipe González.La derecha, por su parte, también estaba dividida, pero más por una cuestión personal y conceptual que por problemas ideológicos. Manuel Fraga había ideado una gran derecha conservadora, una "mayoría natural", pero la torpeza de sus socios lo relegó de momento a un pequeño grupo en AP; desde el Gobierno, en cambio, y con la confluencia de muchas "familias" muy heterogéneas, se creó a toda prisa en aquella primavera la Unión de Centro Democrático, y Suárez, con su atractivo personal, se convirtió en la mejor baza electoral. Pero aquel Centro era "el nombre que recibe la Derecha moderna", como Suárez se cuidaba muy bien de advertir.Hace treinta años terminó la primera campaña electoral de la monarquía instaurada y la democracia restaurada. Por primera vez se emplearon todas las técnicas modernas de propaganda, y los partidos recibieron asesoramiento (y, como luego se supo, financiación) de sus respectivos socios europeos, básicamente franceses y sobre todo alemanes. Tras cuarenta años de dictadura los españoles votaron; y el primer milagro fue que lo hiciesen, con muy pocas excepciones: sólo quedaron fuera del sistema, y de la participación, los grupos terroristas como ETA y GRAPO.Lo más notable, después del hecho en sí mismo singular de que no hubiese incidentes, es que los vencedores en las urnas fueron los herederos del régimen franquista. La oposición antifranquista, que no había pilotado la primera parte de la Transición, entró en las instituciones por la puerta grande, pero los herederos del Frente Popular, vencido por el golpe de 1936 y por la Guerra Civil, perdieron sin paliativos. Suárez logró lo que el Rey, las Cortes y el pueblo le habían pedido: un Parlamento democrático, soberano, capaz de consensuar una Constitución, regido todo desde la moderación de un centroderecha que había aprendido la lección de la historia. Y había democracia, además, porque el PSOE encarnaba una alternativa en pleno proceso de moderación y el PCE no dejaba de ser un resto del pasado.Ya entonces, la única sombra la ponían los crímenes terroristas, multiplicados por una amnistía seguramente necesaria pero excesivamente generosa con los delitos de sangre, y en cualquier caso de funestas consecuencias en los años inmediatamente sucesivos. Con sus virtudes y con sus defectos, el hombre del 15-J fue Adolfo Suárez, y el Toisón de Oro que acaba de serle otorgado no parece excesivo para sus méritos.

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