Un lustro del fallecimiento de Gonzalo Fernández de la Mora
José Luis Barceló
SUS MEMORIAS
"Río arriba", el libro de memorias de Gonzalo Fernández de la Mora, fue Premio España.
ENTREGADO AL SERVICIO
Fernández de la Mora fue diplomático y político y el 14 de abril de 1970 fue nombrado ministro de Obras Públicas del gobierno presidido por el almirante Luis Carrero Blanco, asesinado por ETA.
16 de febrero de 2007. Han pasado ya cinco años desde que, un ya lejano 10 de febrero del 2002, falleciera uno de los más importantes pensadores y políticos españoles de la segunda mitad del siglo XX, Gonzalo Fernández de la Mora.Resulta curioso comprobar cómo cuanto más se distancia uno en el tiempo, más se van depositando en el fondo del vaso sus juicios y razonamientos, en el caso de Fernández de la Mora, profundos, filosóficos, y políticos. Fernández de la Mora pasará a la historia del conservadurismo español como uno de sus más coherentes y destacados personajes, pocas veces discutido y muchas menos rebatido.A Fernández de la Mora se le considera el fundador de la derecha moderna actual: no en balde fue, junto con el resto de aquellos llamados los "siete magníficos" junto a Manuel Fraga, fundador de la entonces Alianza Popular, que se ha transmutado en el Partido Popular de hoy. En la página del PP, Pp.es, figura aún como uno de sus más insignes fundadores.No obstante, podrían discutirse matices de filosofía política que no hace al caso, pues si hoy Don Gonzalo es considerado por muchos como el representante de la derecha española más tradicional, lo cierto es que en sus tiempos, los de los últimos gobiernos del general Franco en que fue ministro de Obras públicas, o los primeros años de la Transición, lo cierto es que Fernández de la Mora era considerado un ultraliberal católico, incluso democrático, con el que se podía discutir de todo. Incluso un monárquico moderno, acorde a los tiempos que corrían. Luego Gonzalo se desengañó de la "política práctica" y abandonó "filas", limitándose a su revista Razón Española, escritos, libros y conferencias, que daba muy a gusto.La derecha de hoy debería beber de las fuentes si no quiere enfrentarse al reto de una "refundación". Los hechos y los resultados así lo constatan. Mientras la izquierda europea se renueva del desastre del "socialismo real", recomponiendo sus eslabones intelectuales, la derecha se aferra al capital y a los intereses, dando poco juego al mundo de las ideas, que es el que nos permite perfilar los objetivos y las ilusiones más constructivas, que son las que precisan el país y los españoles.Hoy Gonzalo es una persona que, cuanto más leída, más deseada es en sus construcciones teóricas. Sus vaticinios cada vez se acercan, por desgracia, más a la realidad, y nos damos cuenta de que, como en el mundo de la empresa, no hay nadie imprescindible, pero el presidente de la compañía, como decía Fernández Tapias en la entrevista que le hizo "el Loco", "tiene que estar ahí todos los días".Recuerdo una anécdota con Gonzalo que aún no ha pasado a la historia pero que ya es hora de que vaya pasando. Cuando Mario Conde decidió presentarse a las elecciones generales del 12 de marzo de 2000, encabezando las listas del CDS, se propició un almuerzo en su casa de la calle Triana. El objetivo era que una parte de la derecha más tradicional trasvasara su voto al CDS que él encabezaba ahora. "Vota Fuerte", decía el lema de campaña de Don Mario.Al magnífico almuerzo, servido por unos filipinos con librea en el salón-comedor de la casa de Don Mario, acudieron sólo cinco personas: el anfitrión Mario Conde, Gonzalo Fernández de la Mora, los secretarios de ambos, y un servidor, que hizo de "hombre bueno" en aquella reunión de caballeros por ser familiar de Don Gonzalo.Don Mario le pidió el voto y el apoyo político a Don Gonzalo. La comida fue algo tensa porque Mario estaba muy nervioso. Era lógico, todo el mundo pensaba que quería "aforarse" como diputado para librarse de juicios y condenas. Todo se produjo bien, aunque no se adoptaron compromisos. Al salir de la casa de Mario, Gonzalo, que estaba esperando el taxi que habíamos pedido, me dijo premonitoriamente: "No es éste el hombre, José Luis, no es éste el hombre".Y ahí acabó todo, en un relato de los acontecimientos que no aparece ni en el último libro de Javier Bleda, Mario Conde: la reclusión del éxito.Mario solo obtuvo poco más de 23.000 votos, 3.500 en Madrid, y Gonzalo falleció justo dos años después con esta y otras muchísimas anécdotas que quedaron por desvelar.
Silva Muñoz, Mr. Eficacia
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