lunes 4 de diciembre de 2006
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Deng Xiao Quin
Algo de maoísmo hubo en la pócima inicial que bebieron los fundadores de la UPG. Mao tenía mucho prestigio entonces, y su versión ruralista del marxismo lo hacía idóneo para un movimiento gallego de liberación, así que su doctrina se incorporó al nacionalismo, e incluso se copió la terminología del Timonel para designar inventos como la Asamblea Nacional-Popular.
De aquel maoísmo con grelos queda muy poco. Ni aquí, ni en Beijing. Podría decirse que la UPG siguió la evolución de su modelo original, que como se sabe, ha derivado en una versión sui generis del capitalismo. ¿Qué queda de Mao en China? Los carteles, la devoción a su persona, convertida en algo tan legendario como Confucio, algunos ritos, cierto mantras, y poco más.
El régimen chino se basa en una especie de hipocresía colectiva. Se hace todo lo contrario de lo que Mao quería, pero utilizando su partido y respetando escrupulosamente su doctrina. Las florecientes empresas chinas equivalen a las divisiones del Ejército Rojo y la Larga Marcha se convirtió en el Gran Negocio. Eso sí, todo dentro de la absoluta ortodoxia maoísta.
Si regresamos de Beijing a Santiago encontramos un modelo similar en el nacionalismo gallego. Entendiendo lo que pasa en China, se entenderá perfectamente lo que pinta la UPG, cómo son sus relaciones con Quintana, y qué futuro le espera a esta alianza entre lo viejo y lo nuevo, entre las esencias contenidas en la pócima primitiva, y las corrientes que llegan de la calle.
La UPG es la encargada de mantener los mitos sagrados. No pocos de sus dirigentes saben que la realidad los ha superado, que forman parte de un entrañable museo, junto al carro del país o la sella, pero quieren mantenerlos como sea, tenerlos lustrosos y exhibirlos de vez en cuando, como el santo Patrón que se saca de procesión, antes de devolverlo a la ermita.
Quintana equivale a los reformistas chinos como Deng Xiao Ping que convencen a la vieja guardia de que a loita continúa, aunque de otra forma, con diferentes aliados y distintos objetivos. Su relación con la UPG es también muy parecida a la de los jovenes cachorros chinos con el Partido Comunista; se necesitan mutuamente. Unos precisan que su doctrina no se oxide perdiendo contacto con la realidad; los otros requieren un aparato de poder que los respalde.
Hoy por hoy, don Anxo sin la UPG tendría su proyecto reformador a merced del maremagnum de tendencias y personalismos que se agitan en el BNG. La UPG sin Quintana, sería una congregación condenada a extinguirse mientras saca brillo a santos en los que el pueblo ha perdido la fe.
¿Será así hasta que la muerte los separe? Siguiendo con el maoísmo capitalista de los chinos, el experimento lleva bastante tiempo funcionando, con el resultado de que el Partido se hace poco a poco más flexible, aunque sin renunciar para nada a su predominio. Aquí pudiera suceder otro tanto. De hecho, la línea seguida por el semigobierno de Quintana, no ha sido rectificada por la UPG, que sólo alza la voz para salvar de la hoguera al conselleiro de Montes.
El tiempo juega a favor de los reformistas chinos y gallegos. Son el Partido Comunista de allá y la UPG indígena, los que tarde o temprano tendrán que reflexionar sobre su papel en el futuro. Vista la influencia de Mao, habrá que estar muy pendientes de lo que suceda en Beijing, para prever lo que vaya a ocurrir en Santiago. Por de pronto, la pócima de los pioneros se endulza, y el matrimonio supera la prueba.
Hola Carlos, desde luego que tengo la intencion de bajarme el librito de las 36 estrategias chinas, pero no se cuando lo podre leer, ya que tengo muchisimo trabajo, esto de internet me quita media vida, menos mal que la otra media se la dedico a mi familia no dudes que te contestaré en cuanto lo lea, saludos
ResponderEliminarrosa36negra