Benedicto XVI, un hombre a quien se quiere juzgar con patrones viejos
José Javier Esparza
Para decenas de miles de peregrinos, y para los españoles en particular, surge el aliciente de descubrir un personaje muy diferente al que tan bien conocían: Juan Pablo II.
5 de julio de 2006. Todo está preparado para la primera visita a España de Benedicto XVI. Está preparada Valencia y lo están los cientos de miles de personas que van llegando para participar en unas ceremonias a las que no les queda grande el término de "históricas". Tras la intensa huella de movilización que dejó Juan Pablo II, el nuevo Papa ha proyectado un estilo sensiblemente distinto, como corresponde a una personalidad también distinta. Con todos los matices que se quiera, para el gran público es como si hubiéramos pasado de un hombre de acción a un hombre de reflexión. Donde el primero tenía algo de guerrero, de líder de multitudes en busca de una bandera, el segundo tiene algo –o, mas bien, mucho- de sabio, de guía íntima para espíritus que se hallan ante la pregunta final.Al hilo del encuentro de Valencia, el pontificado de Benedicto XVI está siendo evaluado en los medios de comunicación con un amplio abanico de perspectivas. En general, se subraya la diferencia entre la "imagen" que tenía Ratzinger como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuando su misión era velar por la ortodoxia, y la que transmite ahora como Papa de la encíclica Dios es amor. Es una diferencia que no tiene gran sentido para quienes conozcan la obra intelectual de Ratzinger, pero no cabe duda de que, a ojos de la opinión, la función se había impuesto sobre el hombre. Ahora parece que nuestros periódicos han descubierto al hombre; aún les queda –en España- descubrir al filósofo.Es verdad que tampoco han faltado las voces críticas en el ámbito de la cristiandad. Pero esas voces, en general, vienen siempre del mismo lado y hablan desde tribunas sistemáticamente hostiles a la Iglesia. Su discurso es el mismo desde los años sesenta: democratizar las parroquias, abrir el sacerdocio a las mujeres, acentuar la interpretación del cristianismo como proyecto social igualitario… Nada nuevo bajo el sol. Sin duda estas voces tienen su función en nuestra sociedad, pero todos sabemos que no sirven a los fieles, sino a quienes los desprecian. Están al otro lado de la raya porque ellos se han puesto allí. Verosímilmente, también lo estarían con cualquier otro Papa.De todas maneras, cuando uno pasea por la Feria de Valencia siente que este tipo de cosas queda muy, muy lejos de estas salas. Aquí, en el recinto ferial habilitado para albergar a toda esta gente, lo que uno encuentra es una legión de fieles en el sentido estricto del término: personas que guardan fe, que confían en la palabra de Dios. Por eso están aquí. No hay otro misterio. Y en los stands de los promotores tenemos la oportunidad de conversar con algunas personas que últimamente se han significado por su grado de compromiso. Vicky Paniagua, la incansable promotora de las veladas 11-V por la vida (www.veladas11.org). O José María Ferreira, el autor de la valiente novela Proyecto prohibido. Fieles.
miércoles, julio 05, 2006
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